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(un aporte de Santiago
Marín Arrieta, Historiador - Comunicador Audiovisual)
Venecia
ha sido cuna y refugio de gran cantidad de artistas y hombres
ilustres, de seres que han marcado, en forma profunda, su
pensamiento en este mundo. Desde que en el siglo VI los vénetos,
escapando de las hordas de Atila,
se refugian en los islotes y fundan la magnífica ciudad, ha
sido ésta refugio de diferentes hombres, especialmente artistas:
Tiziano, Canaletto y Tintoretto, Vivaldi, Wagner, Liszt, Lord Byron, etc., figuran
como nombres ilustres que hicieron de Venecia una segunda
patria.
Pero entre todos
hay uno que destaca en forma singular por su visión tan descarnada,
tan especial de la vida, tan brutalmente natural. Ese hombre
es Pietro Aretino (1492-1556), nacido en Arezzo, considerado
el "padre del periodismo", aunque debería más bien
nombrársele fundador del “panfletismo",
arte y oficio que manejó con maestría inigualable. Pero, quizás
en lo que más destaca o, por lo menos, su legado más profundo
al arte, la literatura y la historia, está en sus comedias
y poemas, todos ellos plenos de un erotismo a veces fino,
a veces brutal, en momentos de una perfecta sutilidad sensual
y, en otros, descarnadamente pornográficos.
Entre
sus principales obras destacan, sin duda, los "Raggionamentti"
o "Diálogos Amenos" que relata las aventuras de
la Enana, una prostituta que se iniciara como tal en un convento,
donde descubre la vida oculta de monjas y frailes, y presencia
las más descabelladas y aberrantes escenas de sexo, en las
que participan desde el obispo y la abadesa, hasta el último
de los sirvientes, donde se practican toda clase de perversiones
y se inventan algunas hasta entonces impensadas. En ese ambiente
se desarrolla esta obra que diera a su autor una fama inmortal,
no tanto por las descripciones explícitas, sino por el estilo
y la filosofía que la ampara y que resulta, finalmente, bastante
más moralista de lo que pudiera creerse. Y a pesar de haber
sido el propio Aretino un hombre de poco respeto para con
las normas de su tiempo, en especial en materia sexual, pues
mantenía un harén de muchachitas que recogía de la calle,
su actitud con éstas y con sus amigos en general siempre fue
de gran corrección.
A ninguna de sus
"mujeres" las abandonó y les dio, por lo general,
una vida que jamás hubieran tenido de no haber sido recogidas
por él. Fue también leal con sus amigos, a pesar de que muchos
le abandonaron en los momentos difíciles y en especial, en
aquellas épocas de escasez de moneda. En toda su obra y su
vida, a pesar de ser un deslenguado, un descarado de franqueza
brutal, estaba pleno de nobles sentimientos y de las más altas
pasiones. Cuando obtuvo su prestigio, no olvidó sus padeceres
iniciales y siempre tuvo una mano generosa para quienes le
requerían.
Su obra poética
fue, durante el siglo pasado y parte del actual, lectura exclusiva
de algunos entendidos. Estaba vedada para el público lego,
en consideración a las expresiones utilizadas y a las descripciones
explícitas que allí se señalan. Sin embargo, vista con ojos
actuales, no podemos negarle el valor intrínseco que posee
como obra poética y, especialmente, por expresar emociones
y sentimientos de la naturaleza sexual del ser humano que
le es propia y natural.
Los "Sonetos
Lujuriosos" fueron compuestos para interpretar los famosísimos
grabados denominados "Posturas", del pintor Marco
Antonio Raimondi, copiados de los
célebres dibujos de Julio Romano.

SONETO I
(Un poeta recita a su amada bellos versos,
hasta que ésta, furiosa, reclama menos palabras y más hechos)
-Amémonos sin tasa ni medida
puesto que para amar hemos nacido
adora mi gorrión cual yo tu nido
pues sin ellos ¿valdría algo la vida?
Y si aún luego de ésta extinguida
fuese posible amar, bien querido,
a gritos pediría el bien perdido
para seguir gozándote todavía.
Gocemos cual lo hizo regiamente
la primera pareja de mortales
bien aconsejados por la serpiente.
Que nos perdieron por amar, se dice
blasfemia son dichos tales
que sólo a quién no ama satisface.
-Pues calla y ama y también, ¡castigo!
Calla y méteme hasta los pendones
jueces de amor y del amor testigo.
SONETO XI
(Una pareja dialoga sobre
sus deseos)
-Separa bien los muslos, alma mía
que quiero bien de cerca ver tu rosa
¡Oh, suavísimo vello! ¡Oh, rica cosa!
¡puerta de mi ilusión! ¡Miel! ¡Ambrosía!
Un capricho me llena de alegría;
voy a comerme fruta tan golosa;
me volveré y seré treta graciosa
pues a tu boca irá mi mercancía.
-¡Que me aplasta! ¡Aguarda! ¡Ay, mi pecho!
Jamás tan cerca vi verga tan tiesa
Mas juro que he de dejarte satisfecho.
-¡Hola al cabrón! ¡Miren la permuta!
El lame en el panal como en barbecho
y ella cree que la verga es una
fruta
-¿Vieja, quieres aquí poner tu morro?
-Hijo no me pongáis los dientes largos
que tan sólo de veros ya me corro.
SONETO XVI
(Una pareja, ardiendo
de deseo, rodeada de hijos; el marido medita sobre la posibilidad
de embarazar a su mujer)
-No llores, nene mío, tenla quieta,
tu métemela toda sin cuidado,
dame también la lengua, bien amado,
y avívame el hornillo con tu teta.
-Puesto que así lo quieres loca, sea,
anda, vuélvete del otro lado.
-Cuando me digas qué hacer de grado
pero, duérmete niño. Que más sea.
Mecer, cantar, coger, que maravilla
son tres cosas que a un tiempo ejecuto
cual si fuese la cosa más sencilla.
Esto es aprovechar las ocasiones
una mano en mi pipa, el pie en la cuna,
la otra acariciando los cojones.
¡Pero no te retires que me viene!
-Es que te haré otra tripa de seguro.
-Aunque me hagas cuarenta, ¡reviene!
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