Diálogos desasosegados con Fernando Pessoa (1888-1935) (Parte I)

AS: Fernando Antonio Nogueira Pessoa, nacido en 1888 en Lisboa, tu padre falleció cuando tenías 5 años, comenzaste a trabajar como empleado de oficina, publicaste sólo un libro en tu vida, Mensagem, y siempre te gustó presentarte como un fracasado...

FP: fracasé de antemano en la vida porque ni soñándola me pareció deleitable. Soy algo incierto que fui. No me encuentro donde me siento y si me busco, no sé quién es el que me busca. Me siento expulsado de mi alma. No aspiro a nada, me duele la vida...¿qué tengo yo con la vida?

AS: ¡no seas tan pesimista, has escrito una obra maravillosa...

FP: no acuerdo contigo, que eres un adulador. Me quedo pasmado y desolado cuando termino algo. Mi instinto de perfección debería impedirme acabar, impedirme incluso empezar. Pero me distraigo y obro. Empiezo porque no tengo fuerza para pensar; termino porque no tengo alma para interrumpir...

AS: pero, y tu Libro del desasosiego, ¿qué es, sino una obra maestra?

FP: este libro es mi cobardía. Mejor pondera estos versos que escribió mi heterónimo, Álvaro de Campos:

"¿Haces falta?, ¡sombra fútil llamada persona!

Nadie hace falta; no haces falta a nadie...

Sin ti correrá todo sin ti.

...tal vez peses más durando, que dejando de durar...

¿El dolor de los otros?...¿Tienes remordimiento adelantado

de que te lloren?

Descansa: poco te llorarán...

Dame más vino, porque la vida es nada.”

AS: no te daré más vino. A pesar de esas mágoas (Nota del  editor: dolores, tristezas, penas) que te embargan, siempre fuiste un soñador.

FP: como todo soñador, soñé siempre que mi destino era crear. Como nunca supe hacer un esfuerzo o activar una intención, crear fue algo que, en mí, coincidió siempre con soñar, querer o desear, y hacer gestos con el hecho de soñar los gestos que desearía poder hacer.

AS: hablas como alguien con una cierta incapacidad de vivir.

FP: a esa incapacidad de vivir la coroné de genialidad, a mi cobardía la desfiguré llamándola refinamiento. Me situé a mí mismo, como un dios barnizado de oro falso, en un altar de cartón pintado...pero no pude engañarme, ni a mí ni a la conciencia de que me engañaba.

AS:¿te has sentido amado por alguien?

FP: sólo una vez fui verdaderamente amado. Desperté simpatías, siempre. Algunas simpatías yo mismo sentí y hubiera podido, con mi auxilio, al menos me parece, haberlas convertido en amor y afecto. Nunca tuve paciencia o concentración de espíritu como para desear, por lo menos, consagrarme a ese esfuerzo.

AS: siempre pareces estar viviendo en otro tiempo, en otro espacio...

FP: vivo siempre en el presente, no conozco el futuro, al pasado ya no lo tengo. No tengo esperanzas ni nostalgias. ¿Qué puedo presumir de mi vida venidera, sino que será lo que no presumo, lo que no quiero, lo que desde afuera vendrá a sucederme y someterá, incluso, mi propia voluntad?

AS:¿ni un recuerdo que añores?

FP: no hay nada en mi pasado, que recuerde, con el deseo inútil de repetirlo; nunca fui más que un vestigio y un simulacro de mí. Mi pasado es todo lo que no supe ser. Son ustedes, en este momento, el universo para mí, porque son el contenido pleno de mi sensación consciente.

AS: da la impresión de que nada quieres de la vida.

FP: no quiero de la vida otra cosa, sino sentirla perderse en esas tardes imprevistas, en el bullicio de los niños ajenos que juegan en las plazas, más allá de las altas copas de los árboles, por el viejo cielo donde las estrellas vuelven a brillar. Nada queda de nada. Nada somos...Leyes hechas, estatuas vistas, odas acabadas...Somos cuentos contando cuentos, nada.

AS:¿elegirías volver a ser, a vivir?

FP: es una pregunta vulgar.Tengo que elegir entre lo que desprecio, o el sueño, que mi inteligencia odia, o la acción, que a mi sensibilidad repugna: o la acción para la que no nací o el sueño para el que no nació nadie. Resulta que, como desprecio uno y otro, no elijo ninguno; pero como, llegada la hora, he de soñar u obrar, mezclo una cosa con la otra.

AS: Fernando, ¡qué mala impresión das de tu vida! Piensa en el legado literario que has dejado.

FP: nada sabes de nada, ¡qué cosa tan despreciable y baja es la vida! Date cuenta qué vulgar y baja es que aunque no la quieras se te entregará, que tu voluntad nada le importa, ni de ella depende, como tampoco depende de la ilusión de tu voluntad. Morir es pasar a ser otro por entero. Por eso el suicidio es una cobardía: es entregarse totalmente a la vida.

Nota del Dr. Adrián Sapetti: estos diálogos, cuyos textos puestos en boca de Pessoa fueron tomados de su obra, continuarán en una próxima entrega.

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