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Albrecht
Dürer (1471-1528), conocido en España como Alberto Durero, nació en Alemania,
en Nüremberg, hijo de un orfebre húngaro que se había establecido en esta ciudad.
Cuando él vivió, en los años finales del siglo XV y los primeros del XVI, el
Renacimiento estaba en pleno apogeo en Italia. Viajó en dos ocasiones a ese
país, sobre todo a Venecia, y supo asimilar las nuevas tendencias de la pintura,
el nuevo estilo, sin olvidar sin embargo la tradición alemana y nórdica que
caracteriza el estilo de sus pinturas con una gran fuerza, un enorme interés
por el dibujo y un gran recuerdo del anterior período gótico, que en Alemania
y en todo el centro y norte de Europa había tenido un gran desarrollo.
Durero
fue también matemático, y escribió trabajos sobre la perspectiva y las proporciones
del cuerpo humano, libros que tuvieron un gran éxito en toda Europa. Precisamente
estas dos tablas reflejan sus estudios y conocimientos sobre el cuerpo humano.
El tema, que hace referencia al pecado de Adán y Eva, ha sido desarrollado en
dos tablas independientes; pero tanto por su tema como por su diseño y técnica
forman una unidad.
Estas
pinturas son de las obras más importantes de la producción de Durero, pues presentan
los dos primeros desnudos de tamaño natural que se hicieron en la pintura del
Norte de Europa. Como estas dos tablas fueron pintadas después de su viaje a
Italia, el tema bíblico de Adán y Eva fue un mero pretexto para poner en práctica
las enseñanzas que había aprendido en Venecia, entre ellas la práctica del desnudo.
Y existe
un perfecto equilibrio entre lo típicamente germánico de su origen y lo italiano
de su influencia. Así, mientras el estudio de las proporciones y de la anatomía
de los cuerpos es perfectamente italiano, el dibujo cuidadoso -sobre todo en
la línea de los perfiles-, el espíritu observador y realista que se aprecia
en la serpiente y en los motivos vegetales, y la expresividad del gesto de deseo
de Adán, recuerdan su formación alemana. Durero firmó ambas obras: en la de
Adán puso el anagrama de su nombre en el suelo, y en la de Eva puso su firma
en un cartel en la que también aparece la fecha (1507).
Ambas
tablas fueron regaladas por la reina Cristina de Suecia al rey Felipe IV. Estuvieron
en la Academia de San Fernando desde 1777 hasta 1827, junto con otros cuadros
de desnudo que Carlos III mandó tener recogidos y escondidos allí. Hoy esta
magnífica obra se encuentra en Madrid, en el Museo del Prado.
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