Conversando con Frida Kahlo

(Pintora Mexicana 1907-1954)

"Autorretrato con mono" - Frida Kahlo - 1945AS: Admirada Frida, alguna vez has dicho: “¡El espejo! ¡Verdugo de mis días!”...

FK: es verdad... porque de pronto, allí abajo ese espejo omnipresente, se hizo imperioso el deseo de dibujar. Tenía tiempo no sólo para trazar líneas sino para infundirles un sentido, una forma, un contenido. Comprender algo de ellas, concebirlas, forjarlas, retorcerlas, desligarlas, reunirlas, llenarlas.

AS: ¿te sabes bonita y por eso siempre te pintas?

FK: no, es que estoy sola casi siempre y me parezco a mucha gente y a muchas cosas. Al modo clásico, para aprender utilicé un modelo: yo misma. No fue fácil: por más que una misma sea el tema más evidente, también es el más difícil. Uno cree conocer cada fracción de su cara, cada rasgo, cada expresión, pero ahora todo se burla. Una es una misma y otro: una cree conocerse hasta las puntas de los dedos, y de pronto siente que su propia envoltura se escapa, se vuelve completamente extraña a lo que la llena. En el momento en que uno siente que no soporta más verse, comprende que la imagen que tiene delante no es una misma. Del modo más académico hice de mí misma mi modelo, mi tema de estudio. Y me apliqué.

AS: ¿qué rol tuvo tu padre?

FK: mi padre me trajo tubos de pintura y poco a poco pasé del dibujo al color. El color se me volvió indispensable. Quizás era simbólico, en esa sombra en que mi vida, luciérnaga palpitante, trataba todavía de abrirse camino. El color fue un descubrimiento, una alegría absoluta.

AS: ¿fue como una iluminación?

FK: ¡el mundo se iluminaba! Mi tiempo adquiría otra dimensión. Nadie podrá negarlo: el arte necesita tiempo. Para reflexionar, para obrar, para profundizar. Disponía pues -¡regalo del accidente!- de ese factor, si no indispensable, al menos precioso: la libertad de trabajar a mi manera, a mi ritmo.

AS: ¿habías pensado antes en dedicarte a la pintura?

FK: hasta ese momento no recuerdo haber pensado nunca en pintar. Yo quería, como tú, estudiar Medicina... Pero, querido Adrián, ya me estoy despidiendo.

AS: me gustaría que, antes de irte, nos regalaras una de esas bonitas y emotivas frases que supiste colocar en alguno de tus cuadros.

FK: ¡Árbol de la esperanza, mantente en pie! Antes de ir a descansar, lo necesito tanto, quiero decirte que me gusta mucho ese cuadro mío, “Autorretrato con Chango y loro”, que pinté en 1942 y que ustedes tienen en Bs. As., en el Museo de Arte Latinoamericano (Malba). Hasta siempre, nos estamos viendo.

 

Nota del Editor: el Museo de Arte Latinoamericano (Malba) se encuentra ubicado en la Avenida Figueroa Alcorta 3415 (Bs. As., Argentina),  info@malba.org.ar

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