Francesco Petrarca y el amor de Laura

Sus ojos que canté amorosamente,
su cuerpo hermoso que adoré constante,               
y que vivir me hiciera tan distante
de mí mismo, y huyendo de la gente,
              
Su cabellera de oro reluciente,
la risa de su angélico semblante
que hizo la tierra al cielo semejante,
¡poco polvo son ya que nada siente!
              
¡Y sin embargo vivo todavía!
A ciegas, sin la lumbre que amé tanto,
surca mi nave la extensión vacía...
              
Aquí termine mi amoroso canto:
seca la fuente está de mi alegría,
mi lira yace convertida en llanto.

Petrarca, “En la muerte de Laura”.

   
Petrarca

Mi loco afán está tan extraviado
de seguir a la que huye tan resuelta,
y de lazos de Amor ligera y suelta               
vuela ante mi correr desalentado,

que menos me oye cuanto más airado               
busco hacia el buen camino la revuelta:
no me vale espolearlo, o darle vuelta,               
que, por su índole, Amor le hace obstinado.

Y cuando ya el bocado ha sacudido,
yo quedo a su merced y, a mi pesar,               
hacia un trance de muerte me transporta:

por llegar al laurel donde es cogido               
fruto amargo que, dándolo a probar,
la llama ajena aflige y no conforta.

Petrarca, “Mi loco afán está tan extraviado...”

 
Brisa marina, por Dante Gabriel Rosetti

Francesco Petrarca nace en Arezzo, 20 de julio de 1304. Cuando tenía ocho años, su familia se trasladó de Toscana a Avignon (Francia). En 1326, tras la muerte de su padre, Petrarca, que había estado estudiando Leyes en la Universidad de Bolonia, regresó a Avignon, donde pronunció los votos eclesiásticos menores, hacia 1330.

 
El poeta y Laura

Conoce a Laura de Noves y se constituye en el objeto idealizado de su amor. Escribe el célebre "Cancionero", en cuyos versos Laura es el paradigma del amor que nunca puedo ser; eterna pena del corazón del melancólico poeta que fallece en 1374 y que es uno de los padres de la lengua italiana.

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