ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL AMOR EN SHAKESPEARE

EL AMOR EN SHAKESPEARE: UNA SENSATA LOCURA
(Breve extracto de los diálogos sobre el amor con el Cisne de Avon, de la obra, próxima a editarse, “Diálogos con celebridades II”)


Adrián Sapetti: siempre pensé que el paradigma del amor en la literatura, ya hoy una pareja mítica -Romeo y Julieta-, que escribiste a los 28 años, es una cadena de muertes y destrucción…

WS: hijo, saltas de un tema a otro de una manera caótica… ¿Qué decías del amor de Romeo y Julieta?

 


                                            El beso, Francesco Hayez (1859)


AS: yo veo a Romeo como un ángel exterminador: por donde pasa siembra la muerte. Directa o indirectamente: Mercucio, Tibaldo, Paris, Julieta y él mismo.

WS: muchas veces tenemos por amor lo que es una verdadera desgracia. A mí me parecía injusto que el cielo practicara estratagemas en un ser tan débil y suave como Julieta. En algún momento pensé en terminar la obra con un final feliz…

AS: no me los imagino a esos chicos quinceañeros convirtiéndose en dos abuelitos. ¿Se hubiera mantenido ese amor?

WS: no quiero jugar a las adivinanzas. El amor corre hacia el amor, como los escolares huyen de los libros; pero el amor se aleja del amor, como los niños se dirigen a la escuela, con ojos entristecidos.

AS: ¿acaso no estuviste enamorado?

WS: ¡Cómo! ¡Yo! ¡Enamorado! ¡De una mujer, que semejante a un reloj alemán, necesitará continuamente composturas, siempre desarreglado, por cuidados que se tengan en su marcha!... ¡Y yo suspiro por ella! ¡Velo por ella! ¡Ruego por ella! ¡Vamos, es un tormento que me impone Cupido por haber ignorado el poder formidable de su débil poder! ¡Sea! ¡Amaré, escribiré, suspiraré, rogaré, cortejaré y exhalaré gemidos!

AS: mas le haces decir a Julieta: “Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de mi amor por ti”.

WS: también decía Romeo: “Tengo que irme y vivir o quedarme y morir”.

AS: pero hace la inversa y ambos “mueren por amor en lugar de vivir por ingenio”, como planteaba Harold Bloom en su obra “Shakespeare: la invención de lo humano”. Ahora se me impone la idea que muchos de los amores tienen en tus obras un triste destino o trágico final: léase Romeo y Julieta, el suicidio de Ofelia ante el maltrato de Hamlet, Otelo que asesina a Desdémona al igual que el celotípico Laertes destruye a su familia. Cordelia que muere por amor a su padre, el demente Rey Lear. Macbeth y su mujer que llegan al regicidio y a su posterior autodestrucción, lo mismo que la madre y el tío de Hamlet hacen matar al padre de éste. El odio exasperado de Timón, el amor y posterior desprecio del príncipe Hal a Falstaff, el amor velado de Yago hacia Otelo o el de Horacio a Hamlet o el de Mercucio hacia Romeo…. Y podría seguir.

                                          El último beso, Ford Madox Brown

WS: El amor es una nube que sale del vaho de los suspiros; al disiparse, un fuego que chispea en los ojos de los que aman; al ser sofocado, un mar nutrido por las lágrimas de los amantes; ¿qué más es?: una locura muy sensata, una amargura que ahoga, una dulzura que da consuelo. Observemos que se refleja, en “La tragedia de Romeo y Julieta” esa consumación del amor en la muerte: después de escuchar el canto de la alondra y de yacer ambos en el último lecho de amor, deberán inmolarse para inmortalizar su pasión. Algo parecido vemos en Antonio y Cleopatra.

AS:
un claro ejemplo de la decepción amorosa lo tenemos en Emilia, en tu obra “Otelo, el moro de Venecia”, cuando habla…

WS: ella dice: “son un año o dos los que nos muestran a un hombre. No son nada más que estómago, y nosotras nada más que comida. Nos comen con apetito, y cuando están llenos nos vomitan”.
Es que amar es comprar desprecios con lamentos, miradas de desdén con suspiros de dolor, es cambiar por un instante de placer, veinte noches de ansiedades y desvelos. Si se triunfa, la victoria es costosa. Si se nos engaña, sólo desastres conservaremos. ¿Qué queda, pues del amor? Una tontería conseguida a fuerza de ingenio, o un ingenio vencido por la tontería o la locura.

AS: ¡cuando uno te lee dan ganas de casarse! Buscando el paraíso de la pareja te encuentras con el infierno cotidiano. Por ejemplo Otelo, que a mí me parece una personalidad infantil: actúa como un ser irreflexivo, inmaduro y Yago lo enrosca fácilmente.

WS: já, já, algo de eso hay.

AS: incluso das a entender que no pudo consumar el matrimonio, ni desflorar a su mujer y menos darse cuenta que Yago sentía atracción sexual por él.

WS: no acuerdo con lo segundo, te estás pasando de la raya. En cuanto a lo primero algo de eso pensé cuando Otelo se dirige a Desdémona tratándola de descarriada, de ser pálida como su camisa y continúa diciendo que barrerá su alma del cielo. La acusa de fría, fría igual que su castidad.

AS: o sea que el militar triunfante ha naufragado en la cama y no pudo consumar la penetración vaginal. Encima la mata. Y se lamenta compungido suplicando que cuando se narren esos desgraciados hechos, hablen de él como era, sin atenuar nada y agrega: “trazarás el retrato de un hombre que no amó con cordura, de uno que no fue fácilmente celoso, pero que una vez inquieto se dejó llevar hasta sus últimas consecuencias; de un hombre cuyos ojos vencidos poco habituados a la moda de lágrimas, vertieron luego tanto llanto. Y llego al fin de mi viaje, de mi postrera etapa... ¡Desdémona!, te besé antes de matarte, no me queda más que este recurso: darme muerte para morir con un beso”.

Siente horror frente a la sexualidad femenina y un odio hacia la mujer, negando sus aspectos homosexuales. Si hasta en la propia obra, Yago –que es un verdadero psicópata- le copa la parada y Otelo pierde protagonismo.

Otelo y Desdémona, Alexandre-Marie Colin (1829)

Como si esto fuera poco tiene un cierto tufillo antisemita cuando dice: “... como el vil judío, arrojó una perla…”. Ni la mandrágora ni todos los jarabes narcóticos del mundo lo curarán devolviéndole aquel dulce sueño que poseía ayer.

WS: un poco más de respeto hacia mi Otelo, tú no tienes autoridad para denigrarlo. ¡Lo mismo digo de Yago, que es un grande!...

AS: no puede ser un grande alguien que dice: “vamos, vamos, mujeres. Son pinturas fuera de casa, cascabeles en sus estrados, gatos monteses en sus cocinas, santas en sus injurias, demonios cuando se las ofende, haraganas en la economía doméstica y muy activas en la cama”.

WS: ¡sí señor!, además proclama que vive en paz y feliz el cornudo que, sabedor de su destino, detesta al ofensor, pero, cuenta los minutos quien adora pero duda, ¡sospecha pero ama intensamente! Yo quise jugar otra vez con la sexualidad y la muerte.

AS: para Bataille la sexualidad y la muerte no serían más que momentos agudos de una fiesta que la naturaleza celebra y ambas tienen el sentido del despilfarro ilimitado en contra del deseo de durar que es lo propio de cada ser y afirma que el sentido último del erotismo es la muerte. Hecho que también planteó Freud, si bien de otra manera -muy discutida y discutible por cierto- cuando hablaba del instinto de muerte como fin último de la materia viva.


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