THE GLOBE *
La sala de teatro de William Shakespeare en Londres

“Soñé que era Rey mientras dormía y, al despertar, no quedaba nada”.
               Sonetos, William Shakespeare (1564-1616)

Este año, 2016, fui invitado a un CONGRESO DE SEXOLOGÍA que tuvo lugar en Madrid, luego del cual fuimos a Londres con unos colegas. La primera vez que fui a Londres yo tenía 25 años, el teatro creado por William Shakespeare -THE GLOBE- ya no existía, pues se había destruido. Caminando por la vera del río Támesis, yendo del Big Ben hacia la Torre de Londres, al lado de la Tate Modern -la galería de arte moderno-, apareció el nuevo THE GLOBE: de allí imaginé que se acercaban, con gestos ampulosos, los fantasmas de Otelo, el Rey Lear, Romeo y Julieta, Macbeth, Hamlet y Ofelia, Falstaff, Leontes, Shylock, Próspero… incitándome a entrar.

Entonces convencí al grupo de ir a visitar THE GLOBE. Cuando entramos nos recibió un guía, un joven actor, que hizo la visita muy amena. Pasando por un patio se sube a las galerías donde están los vestidos, joyas, objetos y armas de los actores de aquella época (del reinado de Isabel I), luego entras al teatro, un espacio tubular y circular con balcones y, al verlo abruptamente, se devela en todo su esplendor.

 

En los comienzos de la época de Elizabeth (Isabel I) –siglo XVI- las obras se representaban en los patios interiores de las posadas y tabernas. Se jugaba a los naipes por dinero, se comía y bebía en exceso, las representaciones muchas veces terminaban en medio de peleas y desmanes, lo que sumado a las pésimas condiciones de higiene por las “malvadas prácticas de incontinencias” (por emplear un eufemismo) llevaban a que las autoridades comenzaran a suspenderlas o a impedirlas. En los comienzos, los actores, en cuanto a su condición social, no se diferenciaban mucho de los mendigos o de los vagabundos. Con la apertura de teatros como The Globe, The Rose o The Swan, los actores alcanzaron mayor consideración en la época isabelina. Estos teatros fueron construidos de acuerdo al modelo de los patios de las tabernas, eran circulares, una sección era al aire libre, en el centro había un arenal circundado por dos o tres pisos de galerías.

William hizo construir “The Globe” -en 1599 para su compañía “Chamberlain´s Men”-, en Bankside, cerca de su casa, en las afueras de Londres, para no tener problemas con las autoridades. Era un teatro que daba cabida a unos 1200 espectadores. Durante 14 años fue uno de los teatros más exitosos. Era también de estructura circular, con palcos y balcones, y en el piso, frente al escenario se ubicaba la gente pobre del pueblo, y en ese espacio repetían las prácticas antihigiénicas que llevaban a cabo en las posadas. Algunos borrachos increpaban a los actores que, en la época del teatro isabelino, también representaban los personajes femeninos pues estos sólo podían ser interpretados por varones. ¡Imaginemos al “cisne de Avon” (que así se lo llamó a William) actuando como Ofelia, Julieta o Desdémona! El espectáculo terminaba, cuando los actores debían arrodillarse y rezar por la Reina Elizabeth (llamada “La Reina virgen”).
En 1613, durante una representación, un cañón del teatro, generó  fuego en la paja del tejado del GLOBE y lo destruyó por completo. El segundo GLOBE se reconstruyó en el mismo lugar hasta que en 1642 –ya fallecido Shakespeare-, la Corte Inglesa, con su puritanismo, clausuraron (¿o tal vez los demolieron?) los teatros argumentando que traían la peste.

El teatro actual, fue reconstruido a orillas del Támesis a instancias del actor, productor y director norteamericano Sam Wanamaker, a unos 200 mts de donde estaba el original -del cual ya no queda nada-.


 

 

El diseño de reconstrucción se basó en algunos dibujos panorámicos de la zona, de unas excavaciones arqueológicas del cercano teatro                                                             Rose y por algunas referencias hechas en las mismas piezas  teatrales de la época. Para construirlo se cortó y modeló roble “verde” de acuerdo con la práctica del siglo XVI; los listones y travesaños soportan una amalgama de cal y yeso, cuya mezcla se ajusta a una receta de la época y el tejado está hecho de juncos, basado en muestras halladas en las excavaciones del solar primigenio.

La reconstrucción es tan fiel al original como lo permiten los conocimientos modernos  y la  artesanía tradicional. Luego de más de 20 años de recolectar fondos, cuando la construcción estaba avanzada, falleció Sam Wanamaker y en 1997, unos 4 años después,  quedaron terminados el teatro y edificios auxiliares. Hoy funciona una compañía teatral: a la sazón, este año, cuando tuve la ocasión de visitarlo estaban representando “El Mercader de Venecia” con el actor Jonathan Pryce, pero no se conseguían entradas en tres meses.
Actualmente, cada año concurren al Globe unas 250.000 personas, a experimentar un espacio único y la extraordinaria relación que se entabla entre el público y los actores.

En el patio (yard) es posible que en tiempos de William hubiera unos mil espectadores de pie a quienes, en los días de calor les daban el mote de “apestosos de un peso” (ya que pagaban una moneda para entrar y eran un poco olorosos). Como el patio (yard) era al descubierto si llovía mucho se suspendía la función.


 


Sobre el escenario se despliega un toldo que representa “el cielo” (“The Heaven”), decorado con los signos del zodíaco, y soporta un espacio donde por una rampa se bajan a los actores cuando hacen papeles de ángeles o dioses. Las dos columnas de Hércules, que sostienen el techo del escenario (el cielo) son de mármol simulado pues en realidad son de roble pintado.
En la parte de atrás del escenario podemos ver el lugar de moda del teatro (“The Lords´ Rooms”) de aquel momento, reservado para nobles y ladys, a quienes probablemente les importaba más ser vistos que ver la obra.
En una galería del primer piso está “The Musicians´Gallery”, donde se ubican los músicos o se usa como parte del escenario, p. ej. para representar las murallas del castillo de Kronborg (Elsinor, Dinamarca) o el balcón de Julieta en Verona.
Hay un cuarto debajo del escenario que da “al infierno” (“The Trapdoor”) por la que pueden entrar toda clase de fantasmas, brujas y diversos demonios (entre otros el “ghost” del padre de Hamlet, quien fuera asesinado, las brujas de Macbeth o el Calibán de La tempestad).




Si amas a Shakespeare, si amas el teatro, si pasas por Londres, no dejes de visitar THE GLOBE ¡SERÁ UNA EXPERIENCIA SIN PAR!
*Dr. Adrián Sapetti, 2016