Diálogos con Walt Whitman (EE. UU., 1819-1892)

"San Juan Bautista" - Caravaggio - 1601“Y tú bello Walt, duerme a orillas del Hudson -con la barba hacia el Polo y las manos abiertas- arcilla blanca o nieve, tu lengua está llamando camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.”
Federico García Lorca (“Poeta en Nueva York”)

“En su país de hierro vive el gran viejo, bello como un patriarca, sereno y santo...”
Rubén Darío (“Azul”)

“No viene a juzgar, ni a premiar, ni a castigar. Viene sencillamente a cantar una canción. Cantará una canción y se irá. Mañana, de madrugada, se irá. Abridle la puerta, los brazos, los oídos y el corazón, de par en par. Porque es vuestra la canción que van a escuchar”
León Felipe (“Cantará su canción y se irá”)

“Walt Whitman: levanta tu barba de hierba, mira conmigo desde el bosque, desde estas magnitudes perfumadas.....canta en las estaciones suburbanas tu voz, en los desembarcaderos vespertinos chapotea como un agua oscura tu palabra, tu pueblo blanco y negro, pueblo de pobres, pueblo simple como todos los pueblos-, no olvida tu campana: se congrega cantando bajo la magnitud de tu espaciosa vida; entre los pueblos con tu amor camina acariciando el desarrollo puro de la fraternidad sobre la tierra”.
Pablo Neruda (“Oda a Walt Whitman”)


AS: siempre se habla de ti como el viejo con la barba blanca pero alguna vez fuiste niño y joven, obviamente.

WW: yo nací en Long Island en 1819, fui el tercero de 8 hermanos, mi padre era un constructor sin éxito por lo cual tuve que ir a una escuela pública y muy joven empecé a trabajar como impresor y periodista. A los 17 enseñaba inglés en una escuela y edité un pequeño diario.

AS: sí, pero se decía que eras muy haragán, que no durabas en ningún trabajo, querido Walt.

WW: durante 10 años fui cambiando de trabajos y viajando por mi país pero tuve que volver a Brooklyn para ayudar a mi padre en la construcción de edificios hasta su muerte.

AS: por ese entonces publicas “Hojas de hierba”, ¡qué maravilla eso que escribiste!

WW: mis contemporáneos no pensaron lo mismo y los puritanos me injuriaron, alguien dijo de mis poemas que eran “impiedad libidinosa y audacia fálica”. Yo mismo los vendía o regalaba, creía en mi obra y tenía la necesidad de que fuera leído, porque hermano Adrián, camarada, este no es un libro: quien vuelve sus hojas toca a un hombre.

AS: siempre hubo retrógrados, pero tu obra al final se impuso. Déjame que cambie de tema: además de periodista sé que fuiste al frente de batalla en la Guerra de Secesión, allá por 1860, para encontrar a tu hermano herido y allá trabajaste como enfermero de los soldados y les escribías las cartas que mandaban a sus familias.

WW: tan cierto es que, en el “Canto a mí mismo”, les dedico estos poemas:

Tomo entre mis manos al moribundo
lo levanto con mi voluntad irresistible.
Aquí está mi cuello, no desesperes.
Por Dios te digo que no morirás;
cuélgate de mí, cuelga todo tu cuerpo de mí.
Yo te infundo mi aliento terrible,
yo te sostengo
y te saco a flote como a un náufrago,
no te ahogarás.
.................................
¡Duerme! Te velaremos hasta el alba.
La enfermedad y el miedo no osarán poner un dedo sobre ti.
Te he abrazado y te he hecho mío...
Cuando mañana despiertes, verás que todo cuanto
he dicho es verdad.

AS: viejo Walt, otros poetas como Lorca y Allen Ginsberg sugirieron que te fascinaban los jovencitos ...

WW: lo dices como si amar a todos los hombres, mujeres y varones, fuera un pecado. Y ¿qué es tocar, qué es sentir otro cuerpo? Es entrar tembloroso en una nueva identidad. Te voy a leer unos versos para que saques tus propias conclusiones:

Veintiocho muchachos en cordial camaradería, se bañan en el río
y una mujer de 28 años, virgen y hermosa, vive solitaria.
Suya es la suntuosa mansión que se alza en la ribera
y espléndida y ricamente vestida, espía oculta tras
los cortinajes del balcón.
¿Cuál de aquellos muchachos le gusta más?
¡Todos le parecen hermosos!
¿Adónde vas, señora?
Aunque estás fija en tu atalaya
yo te veo ahora chapotear en el agua.
Danzando y riendo ha entrado en el río una hermosa bañista.
Ellos no la ven, pero ella los ve y los siente henchida de amor.
Brilla el agua en las barbas mojadas de los hombres,
corre por los cabellos largos
y como pequeños arroyos pasa acariciando los cuerpos.
Una mano invisible pasa también
acariciando temblorosa las sienes y los lomos.
Los muchachos flotan boca arriba con el vientre
blanco combado bajo el sol,
sin saber quién los abraza y los aprieta,
quien resopla y se inclina sobre ellos,
suspensa y encorvada como un arco,
ni a quién salpican al golpear el agua con los brazos.

AS: cuando visité la casa de Valparaíso, de otro gran poeta -Pablo Neruda-, que además te dedicó una de sus Odas, escuché una bella anécdota: cuando construían la casa éste hizo poner en una puerta una foto tuya de cuerpo entero. Uno de los obreros, al verla, preguntó: “Poeta, ¿es su padre?” y don Pablo Neruda respondió: “Sí, mi padre... en la poesía”.

WW: jamás he oído hablar de ese camarada poeta que pareciera admirarme. Pero yo no soy más que un hombre que riega las raíces de todo lo que crece.

AS: ¿de todo, absolutamente?

WW: tú también me haces preguntas y yo te escucho. Y te digo que no tengo respuesta, que la tendrás que encontrar tú solo. Siéntate un momento, hijo mío. Aquí tienes pan, come, y leche, bebe. Pero después que hayas dormido y renovado tus vestidos, te besaré, te diré adiós y te abriré la puerta para que salgas de nuevo.

AS: ¿qué consejos me podrías dar para la vida?

WW: largo tiempo has soñado sueños despreciables, ven que te limpie los ojos... y acostúmbrate ya al resplandor de la luz. Largo tiempo has chapoteado, agarrado a un madero. Hijo mío, ahora tienes que ser un nadador intrépido. Aventúrate en alta mar, flota, mírame confiado y arremete contra la ola. A ti, quienquiera que seas, te perseguiré desde ahora, y mis palabras te sonarán en los oídos sin descanso, hasta que las entiendas. Mi mano izquierda te tomará por la cintura, con la derecha te mostraré paisajes del continente y del camino abierto. Nadie, ni yo, ni nadie, puede andar este camino por ti, tú mismo has de recorrerlo. No está lejos, está a tu alcance. Y el sexo siempre, siempre una malla de identidades y diferencias...

AS: gracias por tus bellos consejos. ¿Cómo podrías definirte, camarada Walt?

WW: Yo soy un cosmos, el hijo de Manhattan; turbulento, fuerte y sensual; como, bebo y engendro...no soy sentimental. Ni por encima ni separado de nadie, ni orgulloso ni humilde. De mí surge la inspiración y lo corriente y lo vulgar. De mi garganta salen voces largo tiempo calladas, voces de largas generaciones de prisioneros y de esclavos, de desesperados y de enfermos, voces de ladrones y de enanos, voces de cuerdas que conectan las estrellas, voces de odio, la voz del deformado, del trivial, del loco, del resentido; la voz de la niebla en el aire; voces de sexo y de lujuria. Creo en la carne y sus apetitos: la vista, el oído, el tacto... son milagros. Soy divino por dentro y por fuera: el olor de mis axilas es tan fino como el de una plegaria; y esta cabeza mía vale más que las iglesias, las biblias y los credos.

AS: Walt, hoy eres un poeta venerado, tu casa de New Jersey -donde viviste tus últimos años limitado por una parálisis- es objeto de culto y peregrinación. En “Hojas de hierba” y especialmente en “Canto a mí mismo” nos revelaste una nueva poética, un nuevo ritmo, un pansexualismo y un enaltecedor erotismo; la exaltación de los cuerpos tanto como la libertad y las aspiraciones democráticas, la defensa del trabajo y la alegría de vivir. El culto al amor por los otros...

WW: es que, aquel que camina una sola legua sin amor, camina amortajado hacia su propio funeral.

AS: Yo no fui el mismo después de haberte leído. Por ello unos versos tuyos nos reciben en la portada de sexovida.com, “no tengas miedo de mi cuerpo, tócame cuando yo pase, sostengo que las cuestiones del cuerpo son también las del alma, sostengo que son el alma”. Amado y admirado, inolvidable Walt Whitman, nuestro homenaje...

WW: querido Adrián, apenas sabrás quien soy ni qué significo. Soy la salud de tu cuerpo y me filtro en tu sangre y la restauro. Si no me encuentras enseguida no te descorazones, si no estoy en aquel sitio, búscame en otro, te espero... en algún lugar te espero.

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