Ansiedad y disfunciones sexuales (Parte I)

"El anciano de los días" - William Blake - 1794Actualmente los profesionales que trabajan en el campo de la Sexología están de acuerdo en que factores psiquiátricos, psicológicos y situacionales dan origen a disfunciones sexuales (impotencias, eyaculación  precoz, aversión o fobia sexual, aneyaculación y eyaculación retardada, deseo sexual hipoactivo o inhibido, vaginismo, anorgasmias femeninas). Claro que en el campo psicológico y psiquiátrico hay múltiples teorías que, si no nos encerramos en dogmatismos, se entrelazan y complementan. Por ejemplo, desde el psicoanálisis, que tiene el mérito de haber producido una revolución en el estudio de la sexualidad, se afirma que son los ­factores inconscientes derivados de experiencias traumáticas infantiles los que incidirán en la pro­ducción de los síntomas sexuales.

Freud, en sus series complementarias, hablaba que siempre se conjugan factores disposicionales y genéticos, con experiencias infantiles y luego con los hechos desencadenantes de la vida, y en su confluencia es que se producen las distintas patologías o síntomas. No obstante, algunos psicoanalistas piensan que la impotencia o la eyaculación precoz siem­pre están causadas por factores profundos que re­miten a situaciones del pasado vividas de manera conflictiva, rechazando la posibilidad de tratamientos sexológicos específicos, como también rechazan, en otros cuadros, incluidos la depresión, las fobias o los ataques de pánico, la medicación y otros tipos de terapias más resolutivas. Pero como los pacientes han salido del oscurantismo médico y sexológico gracias a la divulgación científica, a los medios de comunicación masiva e Internet, ya no aceptan a los profesionales fundamentalistas (por suerte cada vez son menos los que se abroquelan en ghettos intelectuales) y se autoderivan.

Se ha observado y estu­diado que hay factores inmediatos, tales como la ansiedad por el rendimiento y ante la ejecución del acto, temor al desempeño, inadecuación a los distintos momentos vitales, exigencias desmesuradas, falta de estimulación adecuada, desconocimiento sobre la respuesta sexual —fortalecida por una educación religiosa y familiar represiva— o conflictos con la pareja. Estas causas inmediatas, si son removidas, incluso sin rastrear las supuestas causas lejanas de las que habla el psicoanálisis, resuelven las disfunciones de los pacientes. Quizás sea cierto en estos casos aquello que decía E. Berne: "cúrese primero y analízese después".

Madame X, por Jhon Singer Sargent (1856-1925)No podemos pensar en causas úni­cas sino en una interrelación de distintos factores (psicogénicos, culturales, orgánicos) en la im­potencia. Para el psicoanálisis un factor importante estaría generado en los conflictos edípicos, a los que Freud llamó el complejo de Edipo.

En la inmortal obra de Sófocles, Edipo, sin saberlo en forma consciente al menos, mata a su padre Layo en un camino y, luego de vencer a la esfinge de Tebas, es coronado rey casándose con la que era su madre, Yocasta. Cuando se devela la tragedia, el desdichado Edipo, "figura que cae bajo el peso de una maldición que, finalmente, hace de él la marioneta de un destino que ignora"- al decir de Colette Soler - se arranca los ojos y su madre se suicida.

Analizando a sus pacientes y estudiando la sexualidad infantil, Freud descubre que cerca de los 5 años el niño ve aumentar su deseo amoroso hacia el progenitor del sexo opuesto y, a la vez, rechaza y quiere despla­zar al del mismo sexo. Así, en el caso del niño se siente atraído por su madre y desea la desaparición o alejamiento de su padre, hecho que acarrea una situa­ción ambivalente, dado que, por otro lado, ama a su progenitor. A su vez, el niño temería ser castigado, que en su mayor expresión estaría simbolizado por un daño corporal infligido en los genitales. El psicoanálisis habla de la angustia de castración, en la cual el niño teme que esto le vaya a ocurrir y de esa manera se va separando de la madre a quien desea. Este paso le permite resolver la etapa edípica y posteriormente des­plazar su amor hacia otras mujeres que no sean su madre. En la niña se daría el proceso inverso y en ella es algo más complejo pues debe hacer un doble pasaje.

Así un adulto que no resolvió favorablemente su etapa edípica y en quien los conflictos siguen vigentes, ante cual­quier contingencia que le rememore algún senti­miento incestuoso sentirá una carga de angustia cuya causa el paciente no puede explicar y que le haría padecer alguna disfunción sexual.

En muchas fantasías y sueños aparecen situaciones temi­das de castración por parte de otro varón o por la misma mujer. Un paciente te­nía la fantasía de que si introducía su pene en una vagina unas cuchillas se lo cortarían. Otros sueñan que pierden una pierna, o que un hombre les saca una muela sin anestesia o que la vagina tiene dientes (Melanie Klein hablaba de “la vagina dentada”). Una tradición vulgar refiere que mientras la mujer realiza una succión oral del pene po­dría cerrar bruscamente su boca, produciendo así la sección del pene. Recordemos el impacto que tienen los casos donde la crónica policial (p.ej.: Lorena Bobbit o "El imperio de los sentidos", film del japonés Oshima) narra actos de emasculación.

Hay quienes sostienen que las disfunciones sexuales sólo podrían ser resueltas por largos tratamientos psicoterapéuticos que hicieran conscientes los conflictos que anidan en el inconsciente. Esto es desvirtuado por la clínica y los mo­dernos tratamientos sexológicos, ya que por un lado hay pacientes con muchos años de trata­miento analítico que no resuelven su impotencia. Por otro, con las llamadas Terapias Sexuales que logran éxitos en tiempos breves, o con el uso de los inhibidores de la V-fosfodiesterasa, lo que no excluye que luego de recuperar su capacidad erectiva (y consecuentemente su autoestima) los pacientes quieran realizar tratamientos psicoló­gicos que les permitan resolver otros conflictos.

Freud veía que una de las causas de impotencia sería que hay varones que no pueden unir un sentimiento tierno y amoroso hacia una mujer con el deseo sexual y la pasión, diso­ciando así, por un lado a las mujeres a quienes respe­tan y a las cuales eligen como parejas, pero con quienes no pueden dar rienda suelta al placer y al sexo, y, por otro lado, a las mujeres a quienes consideran prostitutas o a quienes denigran, con las que mantienen una sexualidad placentera y pasional. Esto, para Freud, estaría relacionado con la fijación sexual in­fantil a la figura materna: cuando posteriormente algu­na mujer a quien aman les recuerda inconsciente­mente a su madre o hermanas, presentarán episo­dios de evitación, disminución del deseo o impotencia. Como decía Freud en su trabajo "Sobre una generalizada degradación de la vida erótica": "Cuando aman no de­sean y cuando desean no pueden amar".

Estas pautas son modificables ya que, al salir a la luz en las sesiones de tratamiento, son elabora­das con el terapeuta para que el paciente pueda juntar ambas vertientes (la amorosa y la sexual) y no disociarlas en personas distintas.

Experiencias infantiles negativas

Ya desde Freud se estudió que tempranas experiencias negativas en el área sexual jugaban un papel significativo en la génesis de síntomas psicológicos y sexuales de la edad adulta. Son los casos de aquellos varones cuyos primeros contactos sexuales tuvieron una connotación humillante, frustrante o vejatoria: iniciación en grupos con prostitutas, contagio de enfermedades venéreas, una seducción incestuosa, haber sido precozmente víctimas de un abuso sexual (los norteamericanos llaman a los abusadores, con justa razón: soul killers = asesinos del alma) o quienes se vieron sexualmente traumatizados en su temprana infancia por situaciones que no estaban preparados para manejar y en algunos casos desarrollan un Trastorno de estrés postraumático.

Denominamos "la escena primaria" a la situación de ver el acto sexual de los padres y que muchos recuerdan como un hecho traumático. Era un observable (aún hoy lo es) que muchos durmieron hasta entrada la pubertad en la pieza de sus progenitores. Claro que esta situación ha variado mucho, pues algunos niños ya saben que los padres tienen encuentros corporales: ellos se besan y miman en su presencia, o han visto sus cuerpos desnudos. Diferente era en los tiempos donde el chico nunca veía nada y si, abruptamente un día, lo veía todo, lo recibía como algo agresivo, chocante e intimidante.

Jorge, 54: "yo dormía, hasta los 11 años,  en una cama al lado de mis padres y de noche escuchaba ruidos y gritos contenidos. Eso me daba miedo, pensaba que mi padre le pegaba a mi madre y le rezaba a Dios para que aquello terminara. Luego supe qué era eso que hacían, pero siempre relaciono el acto sexual con algo violento, desagradable."

No deberíamos pensar que las experiencias traumáticas reales sean causa lineal de las disfunciones sexuales adultas. Evitemos pensar que a tal situación corresponde tal síntoma ya que en su génesis concurren múltiples factores: siguiendo el concepto de las series complementarias freudianas, vemos que en general hay una relación compleja entre la dotación gené­tica de un individuo, las expe­riencias infantiles, y los hechos desencadenantes de la vida con la producción de un síntoma. La teoría del aprendizaje remarca los efectos de las experiencias nega­tivas en el área sexual: un mucha­cho que fracasó en su erección o eyaculó precozmente en el día de su debut (en una situación vivida como agresiva, violenta o humillante) o padeció ansiedad por el rendimiento ante el acto, podrá repetir esos episodios al aso­ciar encuentros sexuales posteriores con aquellas escenas traumáticas.

Enfermedades psiquiátricas

Es un hecho que muchas disfunciones sexuales pueden estar asociadas a alteraciones psicopatológicas francas en lo que se da en llamar comorbilidad, o sea la asociación de distintas patologías (p. ej: una depresión se puede asociar con fobias, una fobia se puede asociar con una impotencia, una eyaculación precoz con un cuadro de ansiedad generalizada). Veamos cuáles son los cuadros psiquiátricos que más pueden asociarse con disfunciones sexuales femeninas y masculinas:

Obviamente que, en estos casos, hay que tratar además la enfermedad psiquiátrica con la medicación adecuada y relacionar la aparición del síntoma sexual con estos cuadros: si empezó antes o durante, si después de instaurar algún psicofármaco, si coincide con alguna situación de crisis. Debemos destacar que muchos de los fármacos utilizados para estos cuadros (algunos antidepresivos y antipsicóticos, Litio) pueden dar retardos orgásmicos y eyaculatorios, disminución del deseo, impotencia.

BASES BIOLÓGICAS DE LA ANSIEDAD

La estimulación del sistema nervioso autónomo causa diversos síntomas:

  • Cardiovasculares: taquicardia, hipertensión
  • Gastrointestinales: cólicos, diarrea
  • Respiratorios: taquipnea (respiración acelerada)
  • Generales: cefaleas, sudoración, contracturas musculares, inquietud, insomnio, ansiedad
  • Sexuales: disfunción eréctil, eyaculación rápida

Estos síntomas son producidos por una excesiva actividad adrenérgica.

Un hecho a destacar es que los cuadros de estrés crónicos suelen dar aumentos de la prolactina y cortisol. Es un hecho observable en la clínica sexológica que la suba de la prolactina es una de las causas de la inhibición o disminución del deseo.

La asociación de terapias breves, que centran su foco en las dificultades sexuales, en acción conjunta con medicaciones y suplementos específicos permiten la resolución de las disfunciones sexuales, mejorando la calidad de vida, levantando la autoestima y dando mayor placer a la vida.

* Dr. Adrián Sapetti- Psiquiatra. Sexólogo clínico. Director del Centro Médico Sexológico. Internacional Member of the American Psychiatric Association (APA). Presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH).
Santos Dumont 3454, 3ro "20" (1427) Capital Federal - Argentina
Tel.: 4552-0389/    Telefax 4555-6865
Nota: este artículo continuará en otra entrega.

Ir a Ansiedad y disfunciones sexuales - Parte II

volver