Ansiedad y disfunciones sexuales* (Parte II)

MIEDO A FRACASAR

"El anciano de los días" - William Blake - 1794Errar (fallar) es humano. Aunque para muchos el dicho popular no tiene cabida en el aspecto sexual, basta con que tengan una sola pérdida de la erección para que sientan que han fracasado como varones. Son parte de la cultura machista que hace que se dramatice al máximo un contratiempo masculino y que el temor al fracaso pese como una espada de Damocles.

El miedo a que el fracaso ocurra también podría verse como la anticipación del mismo. El varón teme no obtener una buena erección y es esa misma ansiedad (quizá basada en que alguna vez le ocurrió) la que dificulta aún más el éxito del intento, su estado de nerviosismo puede desembocar en una impotencia o en una eyaculación rápida.

La anticipación de un posible fracaso se­xual es quizá uno de los motivos más frecuentes de impoten­cia. Es el caso del varón, que luego de un episo­dio ocasional de trastorno eréctil, hecho que es entendible y normal, magnifica este fracaso temiendo que sea definitivo y permanente. La erección se puede per­der durante el acto, debido a que los múltiples factores que intervienen pueden ser afectados en algún momento del encuentro sexual. Al  atormentarse preguntándose si eso le volverá a ocurrir sólo consigue una anticipación de su an­siedad frente al acto. Así comienza un círculo vi­cioso caracterizado por temor a fracasar —poste­rior disfunción, que genera mayor ansiedad y miedo al fra­caso, y así sucesivamente—. En la experiencia clínica se ve que aquellos hombres inseguros, exigentes, perfeccionistas y altamente competitivos son los que toleran menos un fracaso sexual transitorio, transformán­dolo en algo más grave y reiterado.

Ignacio, 46: cada vez que voy a un encuentro pienso: ¿esta vez lo lograré, o volveré a fracasar? No puedo admitir que me ocurra esto a mí, no puedo aceptarlo, ¡justo a mí!

Un encuentro donde no logre la erección o tenga un descontrol eyaculatorio puede ser totalmente circunstancial pero en algunos individuos se genera el pánico a que sea definitivo y permanente y eso perpetúa el síntoma. Dando lugar a lo que llamaríamos una profecía que se cumple por sí misma: tengo miedo de que me pase... seguro que me va a pasar y, finalmente, yo sabía que me iba a pasar.

Como consecuencia del temor a fracasar es común que los varones comiencen a esquivar el encuentro amoroso valiéndose de excusas diversas. A otros los asaltan dudas acerca de su hombría y se plantean si no les habrá emergido un homoerotismo latente. También están los que comienzan a recelar algún problema grave de salud. La cuestión es que de un fallo ocasional, magnificándolo, todo se convierte en un drama.

Alberto, 27 años: desde hace un año tengo un problema que me acosa y es que cada vez que se me cruza una chica trato de evitar que pase algo. Le aclaro que me gustan mucho las mujeres. Esto me ocurre desde que salí con la hermana de un amigo y un día que sus padres no estaban en la casa ha­bíamos empezado a apretar. Me excitó mucho pero en el momento de hacer el amor me puse nervioso y no logré la erección suficiente para penetrar. A pesar de que ella tra­tó de tranquilizarme. Eso me dejó muy mal. Tengo miedo de que me vuelva a pasar y no podría tolerar un nuevo fracaso, por eso quiero evitar todo contacto físico, aunque no puedo pasar­me la vida huyendo de las mujeres. Ayúdeme con alguna pastilla o inyecciones. Tengo miedo de estar padeciendo una enfermedad orgánica o mental y de que pueda caer en la homosexualidad.

Este joven no percibía que el episodio don­de no logró la erección se debía más a lo situacional (la casa de sus padres, la her­mana de un amigo), más que a un “serio trastor­no” orgánico o psíquico. En él se mezclaban el te­mor y la anticipación al fracaso adelantándose a la frustración que presumía le iba a ocurrir y por otro lado una tendencia obsesiva a centrar toda la atención en la erección, por ende sólo lograba inhibirla. Esta anticipación del fracaso fue generando un círculo vicioso de temor a no lograr la erec­ción o la penetración con la evitación consiguien­te. Esto interiormente fue aumentando el miedo a la impotencia y así al infinito. No había obviamente ninguna relación entre el episodio vivido con la chica y una inclinación homosexual. 

Existen individuos que le temen al fracaso sin haberlo experimentado previamente y esto es posible en los casos de personas fóbicas u obsesivas, y que no poseen buena información o están abrumados por las idealizaciones: una expectativa desmesurada o un arquetipo sexual de gran exigencia, pueden llevar al fracaso, porque es tan alta la meta que se trazan que nunca la pueden alcanzar. Es como si alguien que quiere escribir piensa que no podrá hacerlo como García Márquez o Neruda o, si sueña con pintar, no llegará a ser como Picasso o Leonardo. Un ideal del yo de esa naturaleza sólo logrará impotentizarlo.

En el caso de los varones vírgenes vemos que ellos no saben cómo hacerlo: los complica si su compañera tampoco lo sabe o, en el caso opuesto, si sabe demasiado en comparación a ellos. En ocasiones la primera experiencia puede ser muy cruel y calar muy hondo en ese varón infortunado. Si en el debut tiene una erección deficitaria o una eyaculación precoz, incluso sin penetrar, es totalmente comprensible por la gran presión que significa el momento.

Al pasar el umbral de los 40 muchos hombres lo sienten como un condicionante psicológico negativo que, sumado a los cambios físicos, suele ser disparador de conflictos. Por atravesar esta década se sienten verdaderos fracasados y comienzan una etapa de balance donde el resultado lo perciben netamente desfavorable, aunque hayan tenido éxito en sus vidas: les pesan las cosas que no consiguieron, las oportunidades que creen haber perdido, la fortuna que no lograron ni lograrán. Comienzan a conectarse con la idea de su propia muerte -la castración por excelencia- siendo conscientes, por primera vez, de su finitud, lo que se agrava si han muerto sus progenitores; un paciente, luego de morir su padre, me decía: "hasta la muerte de mi papá jamás había pensado que yo también me iba a morir, sí... sabía que yo era mortal, pero desde lo teórico; ahora lo siento encarnadamente, tengo la certeza de que eso me va a ocurrir, y me da miedo". Todo esto lleva al varón a una crisis -de la mediana edad de la vida- donde la libido puede verse afectada sintiéndose amenazado por el temor de fracasar sexualmente.

Después de los 50 el porcentaje de fracasos, considerados estos como la imposibilidad o dificultad de lograr un coito satisfactorio, es sensiblemente mayor. Lo que ocurre es que en esa etapa la erección tarda más en conseguirse, son muchas las veces donde no se consigue o necesita más estímulo directo para alcanzarla. Una vez que eyaculó requiere de períodos de tiempo más prolongados para volver a erectar. El individuo que acepta estas limitaciones buscará disfrutar más de los juegos preliminares, así como de otras variantes sexuales. Mientras que habrá otros que comenzarán a hacerse planteos existenciales: "¿qué me pasará que ya no funciono como antes?”, "¿será que esto es definitivo: el comienzo de mi declinación", son preguntas habituales. Pero una adecuada orientación permitirá aceptar el paso del tiempo y comprender que crisis existenciales y emocionales, exigencias elevadas del desempeño masculino, depresiones y pérdidas, tanto como la diabetes, la secuela de muchos años de tabaquismo, los problemas arteriales, la hipertensión, ciertos medicamentos, desequilibrios hormonales, por citar sólo algunos ejemplos, explican la aparición de determinadas dificultades eréctiles.

El miedo al fracaso puede manifestarse no solamente como temor a la mujer desde el punto de vista corporal, sino como una manera de eludir compromisos afectivos. Algún tipo de disfunción a la hora del coito es una manera de cortar una relación y de esa manera evitar responsabilidades. Hay varones que también temen a las mujeres con mucha iniciativa, que son maduras y abiertas a una propuesta interesante o inteligente por parte del compañero; éste piensa que no podrá satisfacerla y eso lo acobarda. Si alguien vive obsesionado por la ansiedad por el rendimiento y el temor a fracasar, a no rendir frente a una mujer, se convierte en un ser evasivo, que no incita a su pareja a hacer el amor y, cuando ella lo hace, siempre está cansado o lo posterga para más adelante.

El miedo no siempre es confesado por quienes lo sienten, aunque a veces poder explicitarlo permite exorcizar los fantasmas. Todo varón puede tener, aunque sea excepcionalmente, problemas en la erección, en la eyaculación o en el deseo. Nosotros hablamos de una verdadera disfunción eréctil cuando las fallas superan un 25 % del total de los intentos. De todas maneras entendemos que los cuadros de impotencia constituyen una de las situaciones más dolorosas que afectan a los hombres. Para la gran mayoría la erección es sinónimo de capacidad para practicar o disfrutar el acto sexual tanto como una manifestación de hombría. Por eso la pérdida transitoria o repetida de la rigidez es considerada como señal de declinación y un estigma para la virilidad.

ALGUNAS SUGERENCIAS

Por ello, cuando alguien se obstina en el momento donde siente que está tenso y supone que va a fracasar, es mejor:

  • No insistir: cuando hay una vivencia de miedo, tensión o ansiedad (con sensación de nerviosismo, manos sudorosas, frialdad) el organismo segrega adrenalina. Justamente esta sustancia es la que produce la pérdida de la erección por la contracción vascular que genera; entonces mientras persista ese estado convendría no impacientarse. Si están prestando atención a la aparición de la erección es probable que se pierda la excitación también.
  • Recordar aquel axioma, que repiten algunos pacientes, cuando dicen: "más la busco, menos la logro y cuando menos la espero, aparece". Lo que nos recuerda aquella frase de Picasso (otros también se la atribuyen a Jacques Lacan) cuando decía: "yo no busco, encuentro".
  • Es preferible realizar alguna técnica de relajación, darse un baño, hacerse masajes, leer un poema o ver una película erótica.
  • En esos momentos siempre es mejor interrumpir: no hay que aliarse con el síntoma.
  • Puede ser un eficaz recurso distraerse con una fantasía o recorrer con la mirada el cuerpo de la compañera antes que observar obsesivamente "al maldito que me juega la mala pasada".
Julián, 32: esa vez me animé, la chica me gustaba y valía la pena ponerme a prueba. ¡Fue un fracaso rotundo! No podía tolerar la situación y menos que se volviera a repetir. No la llamé más. Ella no debe entender nada porque tuvo una postura comprensiva y, además, en el resto de la salida la habíamos pasado muy bien. Inclusive me llamó, pero me hago negar. Dr., no podría tolerar un nuevo fracaso y ¡tengo la certeza de que me va a volver a pasar!

El miedo al fracaso engendra el fracaso, enfrentar los miedos de una manera racional y sensata nos indica el camino de la resolución contra el oscurantismo, los mitos machistas y las exigencias desmesuradas de los varones. De hecho, hoy conseguimos solución o cura de los problemas sexuales que, décadas atrás, eran insolubles y eso nos abre una senda de optimismo para la sexualidad del porvenir.

* Dr. Adrián Sapetti- Psiquiatra. Sexólogo clínico. Director del Centro Médico Sexológico. International Member of the American Psychiatric Association (APA). Presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH).

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Nota: este artículo continuará en otra entrega.

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