Una consulta frecuente: Eyaculación precoz
"We rose up slowly" - R. Lichtenstein - 1964 La eyaculación precoz es una disfunción sexual, padecida por un 15 a 20% de la población masculina, que consiste básicamente en una dificultad o imposibilidad para ejercer un razonable control sobre el reflejo eyaculatorio, con el resultado de que cuando se excita llega rápidamente al orgasmo sin poder demorarlo ni interrumpirlo. Puede aquejar tanto a jóvenes como a adultos y puede ser algo situacional que aparezca en una determinada edad, ya que cualquier situación de estrés nacida dentro o fuera de la pareja puede alterar el control eyaculatorio, darse con una mujer y con otras no o coexistir desde los inicios sexuales.

Se ha tratado de definir al eyaculador precoz por el número de bombeos que realiza luego de penetrar, o por el tiempo que tarda en eyacular, o bien tomando el parámetro de que llega al orgasmo antes que su mujer en un porcentaje determinado de relaciones. Según mi criterio el rasgo sobresaliente es que no se logra un control voluntario sobre la eyaculación, no importa el tiempo que se tarde en llegar a ella o si se ha consumado o no la penetración. Digo esto porque hay hombres que terminan apenas intentan la penetración en los juegos previos o con sólo sentir que le tocan el pene. La pregunta sería si es posible ejercer un control racional sobre la sensación orgásmica una vez que se haya desencadenado y la respuesta es que, en la llamada fase de inevitabilidad eyaculatoria, esto no será posible. Y me refiero a un manejo de los tiempos, a poder detenerse cuando se está en los umbrales.

La mayoría de la gente piensa que este control puede ejercerse mentalmente, por una orden del cerebro, pero ello no es posible. Podría tramarse una analogía con los reflejos: si yo me clavo una aguja en cualquier parte del cuerpo no podré impedir el dolor; la única manera de evitarlo sería alejar mi cuerpo de la aguja.

El eyaculador precoz no puede -o no sabe- por propia decisión detenerse a tiempo, reducir el ritmo de bombeos, buscar variantes en el juego sexual que desaceleren su excitación. Para ser gráfico, podría decir que el control que el eyaculador precoz no tiene sobre sí le impide enviar la orden de detenerse antes de comenzar a experimentar la vivencia orgásmica. Una vez que se ha ingresado a ella, ya no se pude volver atrás. Hay un criterio machista que nos enseñó que el "varón bien plantado", al igual que un gallo, es aquel que penetra rápidamente a su compañera, en cualquier lugar y también muy rápido termina su faena.

Basados en el mito de la excitación desmesurada estos personajes y, lamentablemente algunos médicos, recurren a diversos remedios caseros, tales como colocarse pomadas anestésicas o profilácticos, pensar en los negocios del día siguiente, realizar cálculos matemáticos, decir el abecedario al revés, mirar televisión o pedirle a su pareja que no le toque los genitales.

Un paciente mío refería dramáticamente que para no irse rápido "pensaba en que lo corrían unos perros por un cementerio", otro recordaba al padre fallecido.

La ecuación errónea es: más antierótica es la imagen, mayor será el tiempo coital. La realidad de los reflejos nos dicen que es al revés: todos estos recursos lo único que consiguen es terminar más rápido aún ya que a mayor desconexión de la corteza cerebral los reflejos se dan, por vía subcortical, de una manera acelerada. Pensar en otra cosa lo único que consigue es disminuir el control cortical sobre el reflejo y, en consecuencia se da más rápido. Por otra parte, como ya apuntara, una vez que se descargó el orgasmo ya no lo para nadie, porque los músculos comprometidos en la eyaculación comienzan a moverse de un modo espasmódico sin que se pueda ejercer ningún tipo de freno sobre ellos.

Otro pésimo recurso es masturbarse antes del acto sexual: apuntan a controlar mejor el segundo orgasmo y lo consiguen a expensas de aumentar el período refractario (o tiempo de espera) entre una eyaculación y la siguiente. Pero no hay que olvidar que esto le ocurre a todos los individuos y es observable en el simple hecho de que más coitos se tienen en un encuentro, más se tarda en terminar en los posteriores al primero.

Pero, aún así, el problema básico del eyaculador precoz subsiste: él no puede controlar voluntariamente cuando hacerlo, aunque dure un poco más.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que este método puede resultar un paliativo para alguien de 20 o treinta y tantos años, pero pasados los 40, ya no será tan fácil obtener una erección si ha existido una masturbación previa al acto sexual, lo cual redundará en un agravamiento del conflicto y en la sensación de fracaso.

Es común escuchar a muchos pacientes si la eyaculación precoz tiene relación con la esterilidad o con la impotencia y la respuesta es no respecto a lo primero pero puede ser una de las causas secundarias de impotencia. Esto puede darse a partir de que la suma de fracasos frente al control eyaculatorio puede llevar a un individuo a evitar la situación y una manifestación puede ser la disfunción erectiva o una disminución del deseo como formas de evitar la escena temida.

También a veces nos preguntan si hay causas orgánicas en su génesis pero en la eyaculador precoz prácticamente son inexistentes, aunque podría darse algunos casos donde haya una alteración neurológica o prostática, pero en un porcentaje mínimo y pueden descartarse con sencillos estudios. En la mayoría es una mezcla de ansiedad mal canalizada, un deficiente aprendizaje o situaciones de conflicto con su pareja. Cuando hablamos de mal aprendizaje nos referimos a que ese individuo no aprendió cómo demorar la eyaculación. En este sentido pueden hacerse muchas analogías con la masturbación. Por ejemplo está aquel que en su adolescencia se masturbaba mirando una revista pornográfica y lo hacía estimulándose sin solución de continuidad hasta eyacular. También está el otro que lo hacía con pequeñas paradas: ojeaba la revista, pero deteniendo la estimulación al pasar la página o bien cuando sentía la llegada del orgasmo. Muchos eyaculadores precoces responden al primer modelo, no saben adentrarse en las sensaciones previas al orgasmo y allí detener la intensidad del bombeo. El segundo modelo responde al individuo que fue incorporando conductas de autocontrol, aunque fuera de modo inconsciente, las que hoy lleva a la práctica en su vida sexual.

Quisiera destacar que relacionar la masturbación juvenil con la eyaculación precoz es totalmente errado, como tampoco es la causa ni el origen de la homo o bisexualidad ni lleva al varón a alguna forma de homosexualidad como afirman algunos: esta tendencia sexual reconoce motivos mucho más intrincados y variados, o sea que son otros de los tantos mitos que existen sobre la sexualidad y que han prendido con mucha fuerza en el común de la gente. Es interesante detenernos en las reacciones que pueden tener las parejas de quienes no controlan el orgasmo y como en muchos aspectos relacionados con la sexualidad del eyaculador precoz dependerá de cada una de estas parejas. Estará la mujer que comprende el problema del compañero, no complicará la situación haciéndolo sentir obligado a cumplir y, en el mejor de los casos, se ofrecerá a acompañarlo a consultar con un especialista. Pero también existen las mujeres que ponen a sus parejas entre la espada y la pared diciéndoles que no pueden terminar si no es a través de la penetración, lo cual para un varón con las limitaciones de un eyaculador precoz o con dificultades erectivas es terrible.

Hay otros cuadros donde la combinación de una eyaculación ultraprecoz (eyacula antes de penetrar) con un vaginismo configura una perfecta asociación para una matrimonio (o pareja) no consumado.

Observamos mujeres que fueron señaladas por los mismos varones como las culpables de todo por ser lentas, cuando ellos eran muy "rápidos", y creyeron a pie juntillas estos dictámenes machistas y patriarcales. Pero hoy ocurre que estas mujeres han aprendido, escuchado, hecho cursos, fueron a la universidad o tuvieron otras experiencias sexuales y se rebelan contra estas falsas acusaciones. No me canso de decir que las disfunciones sexuales en una pareja siempre hay que abordarlas como algo de a dos y nunca como "aquí está el culpable y en este otro rincón la pobre víctima inocente".

Hay varones que se colocan cremas anestésicas o penetran a sus parejas cubriéndose el pene con dos profilácticos con intención de reducir la sensibilidad pero adormecer o pretender aislar la zona con látex no resuelve el problema. Más aún, estas cremas o pomadas atentan contra el placer porque anestesian, incluyendo la vagina de la mujer. Que un varón pruebe estos recursos parte del hecho de relacionar al problema con la hipersensibilidad: el eyaculador precoz no siente más que otros, por el contrario le cuesta percibir sus sensaciones preorgásmicas. Prefiero decir que son individuos particularmente ansiosos o impacientes y muchas veces están más conectados con el deber que con el placer. Son personas muy ocupadas", poco dadas al ocio, con su vida agendada y, por ende siempre apuradas. Ahora recuerdo al autor argentino, trágicamente desaparecido, Haroldo Conti, que hacía decir a un personaje que "un padre tendría que enseñarle a un hijo a vagabundear, a perder el tiempo", cosa que el eyaculador precoz no suele aceptar. Y esto también lo llevan a la cama al punto que, a veces, en el curso del tratamiento hay que serenarlos. En ciertos casos es suficiente explicarles que si no pueden controlar su ansiedad e impaciencia (algo así como "cúreme rápido, doctor") en el consultorio tampoco podrán hacerlo en el lecho. En otros casos, especialmente en ciertas personalidades fóbicas con intensa sensación de angustia o temor, es necesario recetarles medicación antifóbica o ansiolítica, generalmente por lo que dure el tratamiento.

Algo que particularmente debería desaconsejarse al eyaculador precoz es la utilización del coitus interruptus, de por sí un pésimo método de control anticonconceptivo, ya que se basa en percibir las sensaciones previas al orgasmo y retirar el pene para eyacular fuera de la vagina. Como los individuos que lo padecen no tienen un control claro y voluntario de estas señales, la aplicación del coitus interruptus tiene resultados desastrosos: hay peligro de embarazo no deseado y además le aumenta la ansiedad por tener que estar pendiente de la situación en lugar de gozarla. La eyaculación precoz librada a su curso natural suele terminar en una impotencia secundaria o en una evitación de los encuentros, aunque muchos piensan", como una manera de negar el problema: "con el tiempo se me va a pasar", pero lo único que ocurre es que la solución no arribe y se agraven los conflictos con las parejas. La mujer, por su parte, puede elegir entre palmear el hombro de su compañero deprimido y decirle: no te hagas problemas, no es nada, ya se va solucionar, mientras él piensa para sí: "cómo que no es nada: esto es un desastre". En estos casos se apunta a una cura mágica que nunca llegará. Por eso, aunque a primera vista parecería poco comprensiva, la mejor actitud que puede adoptar una compañera es ponerse firme y convencer a su pareja de consultar a un Sexólogo, dado que la eyaculación precoz es una disfunción fácil de tratar con las Terapias Sexuales a veces asociadas con medicaciones que retrasan el orgasmo: por supuesto que dependerá de cada caso pero, en general, entre 10 y 12 sesiones son suficientes para encontrarle solución a algo que se vive y sufre tan dramáticamente.

Dr. Adrián Sapetti, psiquiatra y sexólogo clínico. Autor del libro “El sexo y el varón de hoy”.

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