Eyaculación precoz
(parte I)

“...y el fuego genital transformado en delicia
corre por los delgados caminos de la sangre
hasta precipitarse como un clavel nocturno,
hasta ser y no ser sino un rayo en la sombra”.

Pablo Neruda.

LA EYACULACIÓN PRECOZ

Jackeline, 32: ¿es cierto que la eyaculación precoz esconde una hostilidad hacia las mujeres?

Andrés, 32 eyaculo muy rápido, apenas penetro. Además, cuando beso a una mujer a veces eyaculo sin darme cuenta. ¿La masturbación pudo haberme afectado?

Ernesto, 34: estoy casado desde hace tres años y mi pareja está por disolverse, creo que mi mujer no alcanza al orgasmo y soy eyaculador precoz. ¿Tengo solución?

Carlos, 31: en la primera relación yo creo que tengo un buen juego amoroso, pero al penetrar me voy a los pocos segundos; quiero intentar una segunda relación, pero no consigo la rigidez.

Gabriel, 30: mi esposa me dice que ella no llega al orgasmo porque yo estoy tan seguro porque ella nunca lo tuvo antes ni sabe lo que es.

La eyaculación precoz (EP) es una disfunción sexual, padecida por un 15 a 30% de la población masculina, que consiste básicamente en una dificultad o imposibilidad para ejercer un razonable control sobre el reflejo eyaculatorio. Puede aquejar tanto a los jóvenes como a los adultos, darse con una mujer y con otras no, ser algo situacional que aparezca en una determinada edad -ya que conflictos dentro o fuera de la pareja pueden alterar el control eyaculatorio- o coexistir desde los inicios sexuales.

Se ha tratado de definir al eyaculador precoz por el número de bombeos que realiza luego de penetrar, o por el tiempo que tarda en eyacular, o bien tomando el parámetro de que llega al orgasmo antes que su mujer en un porcentaje determinado de relaciones. Según mi criterio el rasgo sobresaliente es que no se logra un control voluntario sobre la eyaculación, no importa el tiempo que se tarde en llegar a ella o si se ha consumado o no la penetración: cuando se excita llega rápidamente al orgasmo sin poder demorarlo ni interrumpirlo, y no es porque se excita mucho sino porque se acelera demasiado.

Digo esto porque hay hombres que terminan en los juegos previos, apenas intentan penetrar o con sólo sentir que le tocan el pene. La pregunta sería si es posible ejercer un control racional sobre la sensación orgásmica una vez que se haya desencadenado y la respuesta es que, en la llamada fase de inevitabilidad eyaculatoria, esto no será posible. Y me refiero a un manejo de los tiempos, a poder detenerse cuando se está en los umbrales. La mayoría de la gente piensa que este control puede ejercerse mentalmente, por una orden del cerebro, pero ello no es viable.

Podría tramarse una analogía con los reflejos: si yo me clavo una aguja en cualquier parte del cuerpo no podré impedir el dolor; la única manera de evitarlo sería alejar mi cuerpo de la aguja. El eyaculador precoz no puede -o no sabe- detenerse a tiempo por propia decisión, ni reducir el ritmo de bombeos o buscar variantes en el juego sexual que desaceleren su excitación.

Para ser gráfico, podría decir que el control que no tiene sobre sí le impide enviar la orden de detenerse antes de comenzar a experimentar la vivencia orgásmica. Una vez que se ha ingresado a ella, ya no se puede volver atrás.

 

El rasgo sobresaliente es que no se logra un control voluntario sobre la eyaculación, no importa el tiempo que se tarde en llegar a ella o si se ha consumado o no la penetración. No es que se exciten mucho sino que se aceleran demasiado.


Hay un criterio machista que nos enseñó que el “varón bien plantado”, es aquel que, en cualquier circunstancia, penetra rápidamente a su compañera y también muy rápido termina su faena. Basados en el mito de la excitación desmesurada, estas personas, lamentablemente avaladas por algunos médicos, recurren a diversos remedios caseros, tales como:

• Colocarse pomadas anestésicas o preservativos.

• Pensar en los negocios del día siguiente.

• Realizar cálculos matemáticos.

• Decir el abecedario al revés.

• Recordar un partido de fútbol.

• Mirar televisión mientras hace el amor.

• Pedirle a su pareja que no le toque los genitales.

Un paciente mío refería dramáticamente que, para no irse rápido, “pensaba en que lo corrían unos perros por un cementerio”; otro recordaba al padre fallecido. La ecuación errónea es: más antierótica es la imagen, mayor será el tiempo coital. La realidad nos dice que es al revés: todos estos recursos lo único que consiguen es hacerlo terminar más rápido, ya que a mayor desconexión de la corteza cerebral los reflejos se dan, por vía subcortical, de una manera acelerada.

Pensar en otra cosa lo único que logra es disminuir el control cortical sobre el reflejo y, en consecuencia, se da más rápido. Como ya apuntara, una vez que se descargó el orgasmo, nada ni nadie lo puede detener, porque los músculos comprometidos en la eyaculación comienzan a moverse de un modo espasmódico sin que se pueda ejercer ningún tipo de freno sobre ellos.

Otro pésimo recurso es masturbarse antes del acto sexual: apunta a controlar mejor el segundo orgasmo y lo consigue a expensas de aumentar el período refractario (o tiempo de espera) entre una eyaculación y la siguiente. No debemos olvidar que esto le ocurre a todos los individuos y es observable en el simple hecho de que más coitos se tienen en un encuentro, más se tarda en terminar en los posteriores al primero.

Aun así, el problema básico del eyaculador precoz subsiste: él no puede controlar voluntariamente cuándo hacerlo, aunque dure un poco más. Por otra parte, hay que tener en cuenta que este método puede resultar un paliativo para alguien de 20 o 30 años, pero pasados los 40, ya no será tan fácil obtener una erección si ha existido una masturbación previa al acto sexual, lo cual redundará en un agravamiento del conflicto y en la sensación de fracaso.

Es común que me pregunten si la eyaculación precoz tiene relación con la esterilidad o con la disfunción eréctil. La respuesta es no respecto a lo primero pero sí puede ser una de las causas secundarias de impotencia. La suma de fracasos puede llevar a un individuo a eludir el acto sexual y una manifestación puede ser la disfunción eréctil o una disminución del deseo como formas de evitar la escena temida.

También a veces preguntan si hay causas orgánicas en su génesis: prácticamente son inexistentes. Podría observarse en algunos casos donde hubiese una alteración neurológica o prostática, pero esto ocurre en un mínimo porcentaje. En la mayoría es una mezcla de ansiedad mal canalizada, un deficiente aprendizaje o situaciones de conflicto con su pareja. Cuando hablamos de mal aprendizaje nos referimos a que ese individuo no aprendió cómo demorar la eyaculación. En este sentido pueden hacerse muchas analogías con la masturbación.

Por ejemplo, vemos aquel que en su adolescencia se masturbaba mirando una revista pornográfica y lo hacía estimulándose sin solución de continuidad hasta eyacular. También vemos el otro que lo hacía con pequeñas paradas: ojeaba la revista, pero deteniendo la estimulación al pasar la página o bien cuando sentía la llegada del orgasmo. Muchos eyaculadores precoces responden al primer modelo, no saben adentrarse en las sensaciones previas al orgasmo y allí detener la intensidad del bombeo.

El segundo modelo responde al individuo que fue incorporando conductas de autocontrol, aunque fuera de modo inconsciente, las que hoy lleva a la práctica en su vida sexual.

 

La suma de fracasos frente al control eyaculatorio puede llevar a un individuo a evitar la situación y una manifestación puede ser la disfunción eréctil o una disminución del deseo como formas de evitar
la escena temida.

Asimismo quisiera destacar que relacionar la masturbación juvenil con la eyaculación precoz es totalmente errado, como tampoco es la causa ni el origen de la homo o bisexualidad ni lleva al varón a alguna forma de homosexualidad: esta tendencia sexual reconoce motivos mucho más intrincados y variados; o sea que es otro de los tantos mitos que existen sobre la sexualidad y que han prendido con mucha fuerza en el común de la gente.

Es interesante detenernos en las reacciones que pueden tener las parejas de quienes no controlan el orgasmo y, como en muchos aspectos relacionados con la sexualidad del eyaculador precoz, dependerá de cada una de ellas. Hay un tipo de mujer que comprende el problema del compañero, no complicará la situación haciéndolo sentir obligado a cumplir y, en el mejor de los casos, se ofrecerá a acompañarlo a consultar con un especialista. Pero también existen las mujeres que ponen a sus parejas entre la espada y la pared diciéndoles que no pueden terminar si no es a través de la penetración, lo cual es demoledor para un varón con las limitaciones de un eyaculador precoz o con dificultades erectivas.

Hay otros cuadros donde la combinación de una eyaculación ultraprecoz y un vaginismo (disfunción femenina que se caracteriza por un cierre involuntario de la vagina, cuando se intenta penetrar) configura una perfecta asociación para un matrimonio (o pareja) no consumado. Observamos mujeres que fueron señaladas por los mismos varones como las culpables de todo por ser lentas y creyeron a pie juntillas estos dictámenes machistas y patriarcales cuando, en realidad, ellos eran muy “rápidos”.

Pero hoy ocurre que estas mujeres han aprendido, escuchado, hecho cursos, fueron a la universidad o tuvieron otras experiencias sexuales y se rebelan contra estas falsas acusaciones. No me canso de decir que las disfunciones sexuales en una pareja siempre hay que abordarlas como algo de a dos y nunca como: aquí está el culpable y enfrente la pobre víctima inocente.

Hay otros cuadros donde la combinación de una eyaculación ultraprecoz y un vaginismo configura una perfecta asociación para un matrimonio (o pareja) no consumado.

Dr. Adrián Sapetti

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