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El miedo al fracaso puede
manifestarse no solamente como temor a la mujer desde el punto de
vista corporal, sino como una manera de eludir compromisos afectivos.
Algún tipo de disfunción a la hora del coito es una
manera de cortar una relación y de esa manera evitar
responsabilidades. Hay varones que también temen a las mujeres
con mucha iniciativa, que son maduras y por ende abiertas a una
propuesta interesante o inteligente por parte del compañero;
éste piensa que no podría satisfacerla y eso lo acobarda.
Si alguien vive obsesionado por el temor a fracasar, a no rendir
frente a una mujer, se convierte en un ser evasivo, que no incita
a su pareja a hacer el amor y, cuando ella lo hace, siempre está
cansado o lo posterga para más adelante.
Un encuentro donde no se logre la erección
o tenga un descontrol orgásmico puede ser totalmente circunstancial
pero en algunos individuos genera el pánico a que sea definitivo
y permanente y eso perpetúa el síntoma. Esto puede
producirse porque los múltiples factores intervinientes pueden
verse afectados durante el encuentro sexual. En los casos de temores
exacerbados las causas están relacionadas con el aspecto
psíquico. Por ejemplo: debut sexual, una nueva compañera,
sentimiento de que con esa mujer tendría que hacer un buen
papel, que la mujer sea vivida como muy avanzadora (hecho
observable en varones machistas anclados en conceptos arcaicos),
hacerlo en un auto o en una habitaci�n en la que se teme que alguien
pueda entrar, exigencias de la pareja, miedo al embarazo o al SIDA.
Todo esto da lugar a lo que llamaríamos una profecía
autocumplidora: tengo miedo de que me pase, luego: seguro
que me va a pasar y, finalmente, yo sabía que me iba
a pasar.
En la experiencia clínica se
ve que son los varones inseguros, altamente competitivos, obsesivos,
exigentes y perfeccionistas, los que toleran menos un fracaso sexual
transitorio, transformándolo en algo más grave y cronificado.
Si no se los tranquiliza van al encuentro de una mujer con la pregunta
permanente: " ¿ esta vez lo lograré o volveré
a fracasar?", y así configura, justamente, un nuevo
fracaso. Como consecuencia del temor a fracasar es común
que los hombres comiencen a esquivar el encuentro amoroso valiéndose
de excusas diversas. A otros los asaltan dudas acerca de su hombría
y se plantean si no les habría emergido un homoerotismo latente.
También están los que comienzan a recelar algún
problema grave de salud. La cuestión es que de un fallo ocasional,
magnificándolo, todo se convierte en un drama.
Existen individuos que le temen al
fracaso sin haberlo experimentado previamente y esto es posible
en los casos de personas fóbicas u obsesivas, y que no poseen
buena información o, por el contrario, están abrumados
por las idealizaciones: una expectativa desmesurada o un arquetipo
sexual de gran exigencia pueden llevar al fracaso, porque es tan
alta la meta que se trazan que nunca la pueden alcanzar.
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