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Un individuo en la
mediana edad de la vida no debe pasar por alto los juegos preliminares
y las variantes no coitales, entendiendo que en el acto sexual podría
perder y recuperar la erección varias veces. Sólo
su fijación al modelo adolescente le haría suponer
que mantendría su potencia sexual invariable desde
la excitación inicial hasta el orgasmo. No hay motivo para
abandonar los juegos o las variantes imaginativas; por el contrario,
es una buena oportunidad para enriquecer el bagaje erótico.
No habría que ver el declinar de la potencia como algo apocalíptico,
como el no va más. En esta etapa, la vida sexual no
es peor sino distinta. Y si en cantidad puede verse
menguada, crece en calidad, porque aumentan los permisos, la innovación,
la creatividad, la búsqueda de variables, el darse tiempo
y esto redunda en un mayor placer. Muchos varones reconocen con
sinceridad que recién vivieron una sexualidad satisfactoria
en su madurez y que las mujeres los ayudaron a encontrar nuevos
senderos. Para aquellos que no toleran las vicisitudes de la vida
ni los cambios en la respuesta erectiva, les quedan pocos caminos:
si no aceptan las psicoterapias sexológicas breves
puede ser usado el Viagra (sildenafil) que tiene un poderoso efecto
tanto en impotencias psicológicas como orgánicas.
Si no respondieran podrían optar por las prótesis,
las bombas de vacío o las inyecciones de drogas vasoactivas
que, de todos modos, tambén pueden ser un camino válido
antes que la frustración constante de ellos mismos y de sus
parejas. En realidad el Viagra termina siendo, máxime si
se usa en el marco de las terapias sexuales breves, el remedio más
eficaz.
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