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Leda
y el Cisne, Rubens
Dardo, 25, Colombia
Me gustaría saber si corro algún riesgo si le practico
sexo oral a mi perro y si dejo que me penetre y se venga en mí.
Rodolfo, Argentina
Soy heterosexual, siempre he mantenido relaciones con mujeres y
rechazo las relaciones con hombres. Hace menos de un año
mi hija me regaló una perra que si bien en principio no la
aceptaba porque me ensuciaba el departamento, me fui acostumbrando
a ella de a poco a tal punto que hoy duerme en mi cama, y aquí
es donde aparece el problema, hace muy poquito, sólo unas
semanas, “X” (nombre de la perra) mientras yo dormía
empezó a besar mis partes nobles y me gustó y ahora
ya lo hace seguido y cada vez me gusta más, creo que la quiero
penetrar pero: ¿ESTÁ BIEN?, se lo pregunto porque
lo escuché a usted hablar por radio y me pareció una
persona sensible a la que se le puede preguntar cualquier cosa,
disculpe si lo molesto. Gracias.
Marta, 36, México
¿Cómo puedo saber si mi novio esta teniendo sexo con
su perra?, suena muy loco pero hay conductas y comentarios que me
están haciendo dudar, se duerme con ella (normalmente esto
no tendría nada de malo, pero...), no le importa que le manche
las sábanas cuando está en su periodo y a mi eso me
da mucho asco, aparte de que siempre dice que los perros son mejores
que los humanos y comentarios así, el colmo fue cuando me
dijo que tenía un video de mujeres teniendo sexo con un perro
aunque después lo negó, ¿qué hago, hay
alguna conducta repetitiva o un rasgo en estas personas?, ¿cómo
se lo cuestiono sin que lo tome a mal?
Alejandra, 25, Chile
Tengo una gatita y me la suelo poner entre las piernas y me lame
la vagina con su lengua. La verdad es que encuentro más placer
que cuando me lo hace mi pololo (Nota del editor: novio, en Chile).
Mi pregunta es si me puede contagiar algo, en otro sentido no lo
veo como problema pues tanto yo como la gata la pasamos muy bien….
Carlos, 29, Paraguay
Quiero saber qué enfermedades puedo llegar a tener y qué
medidas debo tomar como precaución, para ser penetrado analmente
por un perro. Se me ha despertado un gran deseo de tener una experiencia
sexual con animales en este caso con un perro. Pero tengo miedo
de que se me pueda transmitir alguna enfermedad. ¿Cuales
pueden ser los riesgos y consecuencias y qué puede pasar
si el animal eyacula dentro de mi ano? Espero su respuesta.
Nota del Dr. Sapetti: los datos
de filiación de los testimonios han sido cambiados.
Citaremos ahora un texto del Dr. Andrés
Flores Colombino, extraído y adaptado de su excelente trabajo
sobre Parafilias
que podrán leer completo en nuestro sitio:
ZOOFILIA *
Parafilia específica según el DSM
III y no específica según el DSM IV, caracterizada
por la fantasía prevalente o la conducta de mantener relaciones
sexuales con animales. Son el método repetidamente preferido
o exclusivo de conseguir excitación sexual. Del griego “zôon”
(animal) y “philéa” (amor), sus sinónimos
son bestialismo, animalismo, zooerastia.
Le
garçon au chat, Renoir
El individuo puede también tener una práctica primaria,
cuando nunca tuvo relaciones sexuales con humanos, y secundaria
cuando empezó a tener prácticas zoófilicas
luego de una experiencia humana inicial; exclusiva con animales:
no tiene excitación con un ser humano, o no exclusiva, cuando
además de animales, puede mantener relaciones con humanos.
Es la única parafilia sobre la cual Kinsey obtuvo datos estadísticos:
el 1 % de los mayores de 20 años la había practicado
en EEUU, el 6 % entre los 14 y los 16 años, y el 8 % del
total de varones; los que vivían en una granja, el 40 % del
total de varones y si consideramos solo a los solteros, el 65 %.
Se destaca que mientras vivían en el medio rural no reconocían
su zoofilia y sí lo hacían al trasladarse al medio
urbano.
Los animales más frecuentemente usados son los domésticos
o de granja: perros, chanchos –la vagina de la chancha es
la más parecida a la de la mujer-, ovejas, burras, yeguas,
gallinas. La situación no es semejante en campaña
que en la ciudad.
En la campaña es común –aunque no universal-
que los jóvenes varones se inicien sexualmente con una burra,
una ternera, una oveja o una chancha, lo cual surge de las historias
sexuales.
El uso experimental u ocasional de esta práctica zoófila,
por falta de disponibilidad de parejas humanas apropiadas, no constituye
una parafilia, pues apenas acceden a la posibilidad de prácticas
normales, es sustituido por ellas sin secuelas.
Fernando Bianco propone denominarlas “experiencias zoófilas”.
En cambio, cuando la fantasía y la práctica se vuelven
necesarias y exclusivas y se acompañan de disfunciones sexuales
con parejas humanas, se instala una zoofilia.
En Colombia, es característico el copular con una burra por
parte de los jóvenes campesinos. Y en todos los países,
cuando hay gallinas muertas en una granja, primero se trata de establecer
si no hay jóvenes que las han penetrado sexualmente, lo que
les provoca la explosión vaginal y la muerte.
Tantalus,
Franz von Bayros
En la ciudad, el animal doméstico más
utilizado para practicas zoófilas es el perro, y también
por parte de mujeres. Suele ser entrenado para practicar el lambitus
o estimulación lingual de los genitales femeninos.
Raramente, se han descrito coitos entre perros y mujeres. Cada tanto,
la historia de una mujer mordida o lastimada por su can acompañante,
o la de un varón cuyo pene fue lastimado o mordido por un
perro o perra en un acto zoófilo, ocupa el lugar de las noticias
de publicaciones sensacionalistas, si trasciende.
La situación se facilita cuando se permite que el animal
duerma en la misma cama que el amo. La zoofilia es más frecuente
cuanto mayor es la convivencia del animal con el ser humano.
El tema es antiguo y de larga tradición.
La mitología griega es muy rica en actos zoófilos,
de mujeres con toros, cisnes (únicas aves que poseían
un pene eréctil y en el mito yacían con Leda) y otros
animales. Sabemos que es imposible la fecundación de una
mujer por un animal (Nota del editor: también es imposible
que un animal sea fecundado por un hombre), pero los griegos fueron
quienes inventaron las quimeras, productos de la unión de
animales y mujeres, como los centauros y las sirenas. Los dioses
adoptaban la forma animal para poseer a las mujeres que deseaban.
No sólo no se consideraba una perversión, sino que
se ensalzaba como forma excepcional de culto, en una hierogamia
sagrada que está en todas las religiones antiguas, como en
la India, Irán, Egipto, Turquía, Oceanía, América
andina, México. El apareamiento de la mujer del rey con un
caballo está descrito en los Vedas y está reproducido
en templos. En los Andes era un hombre con una llama o una cigüeña
y en la India, con un puma. Egipto fue quien ensalzó más
el bestialismo, y las actividades sexuales eran con cabras, corderos,
patos, antílopes, perros, cerdos, el toro Apis, el carnero
de Ammon, el macho cabrío de Mendes, la vaca Hator. En el
Levítico, el Éxodo y Ezequiel, se advertía
a los judíos para que no yacieran con animales y se los amenazaba
con la muerte. Los castigos cristianos para la zoofilia en la Edad
Media eran de años de prisión, mayor pena correspondía
según la mayor dignidad eclesiástica. Hubo procesos
por zoofilia castigados con la hoguera, que terminaron con la Revolución
Francesa.
Volviendo a la realidad actual, los zoófilos
son personas que tienen una particular dificultad de relacionamiento
social, y desde luego, sexual, con otros seres humanos. El carácter
de seres inferiores, domesticables, fieles y sumisos, subordinados
al ser humano, sobre todo, hace que los animales sean el consuelo
vicario, pobre y subhumano de los zoófilos. Un caso presentado
por Rodrigues relata que el acto sexual vaginal y anal de una mujer
con perros, era altamente placentero, y la paciente incluso recomienda
entrenar al cachorro desde pequeño para la mayoría
de las razas, excepto los dálmatas, ovejeros alemanes y policías,
que aprenden más tarde. Pero quienes tienen prácticas
zoófilas suelen criarlos desde pequeños para que el
entrenamiento sea adecuado y sin sorpresas, como mordeduras y arañazos.
Dice Descamps que “es perfectamente comprensible
que el animal tenga un lugar de privilegio en la sexualidad fantasmática
porque desnudo, mostrando sus órganos genitales, siempre
en celo, salvaje, brutal, infatigable, violento, feroz en ocasiones,
bestial y sin remordimientos, representa el sexo en estado puro.
El animal es la imagen del Ello”.
* Dr. Andrés Flores Colombino
Con este valioso aporte de nuestro amigo y colega completamos este
ensayo de una de las prácticas sexuales más arcaicas,
con vigencia en la actualidad.
Aunque no sea habitual que nos vengan a consultar en persona sin
embargo sí se animan a hacerlo a través de nuestro
consultorio de este sitio de Internet. Por ejemplo tenemos este
último testimonio recibido en la sección Consultorio:
Nelson, 42, Argentina
Hace mucho tiempo tengo fantasías sexuales zoofílicas.
Fantaseo con ser penetrado por perros y caballos y hacerles sexo
oral. Desearía saber si es esto normal o tengo algún
tipo de patología. Me gustaría probar con perros grandes,
pero tengo temor a quedar abotonado con el famoso bulbo. ¿Debería
consultar a un psicólogo o son fantasías normales?
En ciertos casos lo llegan a vivir como un problema
o conflicto y en otros sólo les preocupa contraer alguna
infección o enfermedad o algún tipo de daño
(como este caso del “quedar abotonado”).
Esto que para muchos lectores les parecerá algo increíble
sin embargo es una consulta frecuente en nuestra página www.sexovida.com,
por ello les recordamos la famosa frase que el genio de Avon le
hace decir a Hamlet: “Hay más cosas en el Cielo y en
la Tierra, Horacio, de lo que ha soñado tu filosofía”,
o la del Quijote, cuando don Miguel de Cervantes le hace decir:
“Cosas vederes, Sancho, que non creyeres”.
* Dr. Adrián Sapetti
BIBLIOGRAFÍA
1-Sapetti, A., Rosenzvaig, R.: Sexualidad en la pareja, Editorial
Galerna, Bs. As., 1987.
2-Bianco Colmenares, F.: Manual diagnóstico de las enfermedades
en sexología, CIPPV, 3ª, Caracas, 1991.
3-Rodrigues, O. M., Furlaneto, S.H.T.: Exhibicionismo en mulheres
brasileiras, Anales VIII CLASSES, Montevideo, 1997.
4-Descamps, M. A.: Zoofilia y necrofilia, En: Volcher, R. (comp.):
“Enciclopedia de la Sexualidad”, p. 579-586, Fundamentos,
Madrid, 1975.
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