¿COMPULSIÓN, IMPULSIÓN O ADICCIÓN SEXUAL? (parte II)

*Lic. Maria Bernarda Romero
Psicóloga. Diplomada en salud sexual. Sexóloga clínica
marber58@yahoo.com.ar

 

LO SEXUAL VISTO COMO UN TRASTORNO ADICTIVO

¿Cómo podríamos establecer entonces la diferencia entre desorden del control de los impulsos y desorden adictivo? En primera instancia debemos resaltar que el con­cepto de “adicción sexual no parafílica”, listado en el DSM III R (1987) como un ejemplo de Desorden Sexual no especificado de otra forma, fue excluido del DSM IV, dado que: “…no había datos científicos que apoyaran el concepto de comporta­miento sexual que pueda ser considerado adictivo”. (Schmidt, 1992 p.254). Sin embargo, en el actual DSM IV no fue especificada ninguna definición para “adictivo” o “adicción”, lo que dejó sin aclarar qué clase de datos científicos podrían haber constituido un apoyo para el concepto de Adicción Sexual. Y como ya se dijo en párrafos anteriores, la discusión de si un síndrome de este tipo debe ser clasificado como una adicción, es difícil sin una definición clara del concepto de Adicción en el DSM IV.
No obstante, muchos autores e investigadores del tema aquí tratado, apoyándose en el concepto etimológico de Adicto, del latín addictus: “Dedicado, muy inclinado, apegado, devoto”, sumado a los criterios de diagnóstico observados clínicamente, se acercaron más al concepto de trastorno adictivo.
Alineándose con este criterio, Goodman (1997), entre otros, propuso una simple definición de adicción, que facilita los diagnósticos preliminares de un desorden adictivo. Para él, la adicción es definida como una condición en la cual un comportamiento -que puede funcionar para producir placer y aliviar sentimientos dolorosos-, es empleado en un patrón que está caracterizado por dos rasgos claves:
 1) Recurrente falla en el control del comportamiento.
 2) Continuidad del comportamiento a pesar de las consecuencias significativamente destructivas.
 “Recurrente falla para el control” quiere decir que las personas adictas no pierden invariablemente el control cuando se comprometen en el comportamiento, sino que sus predicciones acerca de que ellos pueden permanecer en control han sido repetidamente probadas como no confiables.

Considerando que los tres tipos de desórdenes involucran dificultades para resistir urgencias en comportamientos disfuncionales -que arrastran consecuencias que son dañinas o no placenteras para la persona-, es posible concluir, a modo de síntesis y anticipando la respuesta de la pregunta en cuestión que: la función primaria del comportamiento impulsivo es producir

Schmidt, C. W. (1992), Changes in terminology for sexual disorders in DSM-IV. Psychiatry  Medical. Department of Psychiatry  de Francis Scott Key Medical Center, Baltimore, Maryland; 10(2):247-255.

Adicto/A. (del latín Addictus), Diccionario de la lengua española. Vigésima segunda edición

Ibid. 1. pág. 1

placer o gratificación. En términos teóricos, este comportamiento es motivado primariamente  por un refuerzo positivo. Mientras tanto, la función primaria del comportamiento compulsivo es aliviar la ansiedad u otros sentimientos dolorosos: en términos teóricos, es motivado primariamente por un refuerzo negativo. Finalmente, la función primaria del comportamiento adictivo produce placer y alivio de sentimientos dolorosos: motivado por refuerzos positivos y negativos. El comportamiento adictivo comparte así características centrales con el comportamiento impulsivo y el comportamiento compulsivo. (Goodman, A., 1998)
Goodman (1998) agrega que estas tres clases de trastornos pueden subsumirse en una clase supraordenada a la que podría denominarse descriptivamente como “espectro de trastornos de conductas impulsivas”. En las tres subclases de este espectro, hay una necesidad imperiosa de algún tipo de refuerzo en el corto plazo (ya sea positivo, negativo o ambos) que se imponen a cualquier consideración de consecuencias a largo plazo, ya sea positivas o negativas.
Hollander, E. (1993) propuso que el espectro de desórdenes del TOC podrían ser conceptualizadas como distribuidos a lo largo de una dimensión de evasión del daño, desde un polo compulsivo de aversión al riesgo a un polo impulsivo de búsqueda de riesgo.
Comprender el manejo del espectro de los desórdenes de comportamientos aquí presentado, sugiere que estos desórdenes están distribuidos a lo largo no de una dimensión de evasión del riesgo, sino a lo largo de dos dimensiones de refuerzo, una dimensión de refuerzo positivo  (producción de placer) y una dimensión de refuerzo negativo (reducción del sentimiento de dolor). De acuerdo con esta teoría, el comportamiento impulsivo, el compulsivo y el adictivo, no representan categorías separadas o distintas de comportamientos, sino distinciones a través de un espectro que esta definido por dos series continuas de motivación: “un continuum de recompensa” donde la conducta produce placer, que varía desde lo impulsivo a adictivo, que cuyo objetivo es aliviar afectos dolorosos , y “un continuum de alivio” donde la conducta produce alivio de las emociones dolorosos que varía desde lo compulsivo a adictivo, cuyo objetivo es producir placer.
Estas dos series continuas pueden ser visualizadas como un esquema de dos ejes, en el cual el eje “X” representa la recompensa como continuo de un refuerzo positivo, y el eje “Y” representa el alivio como continuo del refuerzo negativo –ver figura 1-

Los comportamientos que están representados en el eje “X” donde “Y”, el componente de refuerzo negativo, es igual a cero, están motivados sólo por el refuerzo positivo o la producción de placer; por lo que son considerados comportamientos puramente impulsivos (puntos I1, I2 y I3, Figura 1). Los comportamientos representados en el eje “Y”, donde “X”, el componente de refuerzo positivo es igual a cero, están motivados sólo por el refuerzo negativo o la reducción del dolor, por lo que son clasificados como comportamientos puramente compulsivos (puntos C1, C2 Y C3,  Figura 1). Los comportamientos representados entre los dos ejes, donde “X” e “Y” son más grandes que cero, son motivado sólo por refuerzos positivos y negativos, por lo que son clasificados como comportamientos adictivos (puntos A1, A2 Y A3,  Figura 1).

figura1

Goodman (1998) sintetiza diciendo  que un corolario de este entendimiento es que:
El comportamiento adictivo incrementado puede transformarse en compulsivo. Un comportamiento que inicialmente era mantenido por placer, así también como para aliviar la disconformidad, puede gradualmente perder su función de recompensa, mientras que el disconformismo que emerge en ausencia del comportamiento, gradualmente se incrementa. Consecuentemente, en el curso de una enfermedad adictiva, un comportamiento puede se mantenido menos por el premio y más por el alivio de la disconformidad: puede moverse desde lo adictivo con el fin de una recompensa (eje X) hacia un final compulsivo (por ej. cuando un comportamiento que inicialmente ocupa la posición A2 se mueve hacia la posición C1). De manera similar, un comportamiento compulsivo que previamente había sido destinado a la función de premiar, puede moverse hacia la adicción, si comienza a ser experimentado como una recompensa o premio. Esto puede ocurrir, por ejemplo, como resultado de una disminución en los procesos represivos que habían impedido al individuo recibir placer o como resultado de una asociación contingente entre el comportamiento y las consecuencias gratificantes que regularmente lo siguen (tal como lo que puede ocurrir en la “adicción al trabajo”). (p.21)

Anthony, D. y Hollander, E. (1993) reconocieron que aquello que denominaron “compulsiones sexuales”, brindaban placer inmediato, alivio en los sentimientos dolorosos y finalmente consecuencias dañinas; notando que dichas “compulsiones sexuales” comparten rasgos del TOC y adicción a las sustancias. La discusión precedente indicó que un síndrome de comportamiento que provee inmediato placer, alivio o tregua en sentimientos dolorosos y consecuencias dañinas, comparte significativamente más rasgos con las adicciones a las sustancias que con el TOC. Tal síndrome es por este motivo más apropiadamente clasificado como un desorden adictivo que como un desorden obsesivo.
Para Goodman (1998), entonces la discusión anterior nos llevaría a concluir que la “adicción sexual” es la designación más apropiada para el síndrome de comportamiento sexual que estamos considerando. Sin dejar de considerar que agrupar este síndrome con las adicciones a las sustancias es ampliamente también apoyado, por sus similitudes fenomenológicas, por otros autores como Oxford, J. (1978) quién observó  que las descripciones subjetivas de pacientes con síndrome de comportamiento sexual compulsivo son cualitativamente similares a las de los pacientes adictos a las drogas. Goodman, A. (1995a) expandió las observaciones de Orford y notó un número de otras características compartidas por la adicción sexual y la adicción a sustancias. Estas características incluyen:
(1) curso característico: el desorden típicamente comienza en la adolescencia o en la adultez temprana y sigue un curso crónico con reminiscencias y exacerbaciones,
(2) características de comportamiento: continuación a pesar de las consecuencias dañinas,
(3) experiencias subjetivas de la persona: preocupación, excitación durante la preparación de la actividad, ansiedad, alteración del humor por efecto del comportamiento, sentido de pérdida de control,
(4) desarrollo progresivo: ansiedad, pérdida de control,
(5) experiencia de tolerancia: dado que el comportamiento se repite, su potencia para producir efectos de refuerzo positivo tienden a disminuir,
(6) experiencia del fenómeno de abstinencia: disconformidad psicológica y/o física cuando el comportamiento se discontinúa,
(7) tendencia a la recaída, esto es, retornar a los patrones destructores del comportamiento después de haber logrado un periodo de abstinencia o control,
(8) relación entre la condición y otros aspectos afectados en la vida de las personas: por ejemplo, actuar en forma negligente en otros aspectos de la vida dándole prioridad al este comportamiento inadecuado,
(9) temas recurrentes sobre la forma en que estos individuos se relacionan con otros y con ellos mismos, incluyendo autoestima, ser el propio centro, negación, racionalización y conflictos sobre la dependencia y el control
(10) Significativamente, el reconocimiento de lo más sobresaliente de la adicción: la vehemencia, anhelos, ansiedad, pérdida de control, tolerancia y abstinencia, caracterizan a la adicción sexual como así también a la adicción a las sustancias.

Definiendo entonces este trastorno como: “La adicción sexual”, siendo esta una forma de comportamiento sexual cuyo patrón característico es la falla en el control del comportamiento sexual, a pesar de las consecuencias significativamente destructoras para la persona que la padece y para los demás...” (Goodman, A. 1997 p. 17)

A modo de síntesis de lo hasta aquí expuesto, y resaltando los aspectos que caracterizan a cada trastorno, se confecciona un cuadro resumen (ver cuadro I)

Ibid. 9, pág.8

Goodman, A. (1990, 1995a, p. 44, 1997 p.17)

CUADRO 1

cuadro1

PIONEROS EN LA INVESTIGACIÓN EMPIRICA

Si bien lo desarrollado hasta aquí se ha basado prioritariamente en las investigaciones realizadas por Goodman, A. (1997) para su tesis doctoral, debemos destacar también a los pioneros en la investigación empírica cuyo concepto de adicción sexual fue elaborado mucho antes de lo hipotetizado y profundizado por Goodman, como es el caso de Patrick Carnes (1983), Coleman, E. (1986), Anthony, D.T. & Hollander, E. (1993), quienes observaron en la clínica que la actividad sexual actúa como un modo de enaltecer o alterar el estado de ánimo.
Schneider & Irons (1997) también realizaron su aporte, determinando que esta patología muestra una fuerte asociación con otros procesos de adicciones tales como el juego y la comida, entre otros.
En el desarrollo de esta asociación, Carnes y Schneider (2000) observaron en los siguientes patrones una similitud de la adicción sexual con el alcoholismo y la adicción a la droga, como así también con el juego compulsivo.

  1. Una pérdida de control, exhibida en un persistente deseo o en esfuerzos no exitosos para controlarse o detener el comportamiento,
  2. Una continuación del comportamiento a pesar de  consecuencias adversas tales como arrestos, matrimonios rotos, problemas financieros,  etc.,
  3. Y una obsesión o preocupación  por seguir manteniendo su comportamiento adictivo aún a sabiendas del daño que representa para sí mismo y para otros.

Y concluyeron que cuando la problemática del comportamiento sexual llena estos tres criterios, puede llegar a considerarse la probable existencia de un proceso de adicción sexual.
En un estudio realizado durante los años 1991, 1996 y 1998 observaron que las adicciones sexuales y las adicciones a sustancias tienden a coexistir.  La siguiente tabla resume lo observado por Carnes y Schneider y está basada en adictos sexuales en proceso de recuperación, habiéndose  realizado en forma anónima.
Carnes investigó a 289 adictos en 1991. Estos se encontraban dentro del programa de recuperación de los 12 pasos al igual que los 75 investigados por Schneider en 1996 y los 82 adictos dentro de terapias directas, analizados también por Schneider en 1998. De todas ellas surge  la siguiente:


(Carnes, 1991; SCA, 1995 ; Parker & Guest, 1999; S.A.A 1997, 2000)

TABLA 1

tabla

Las tres investigaciones realizadas produjeron similares descubrimientos: una gran mayoría de adictos al sexo dio cuenta de, al menos, una o más adicciones coexistentes.  A similares conclusiones arribaron otros investigadores como Coleman (1987), Wastson (1989) y  Irons & Schneider (1994).

Nota: este artículo, por su extensión, ha sido dividido en tres partes y será completado en una próxima entrega.

 

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