De cómo fracasar en terapias sexuales* (Parte I)

*Texto adaptado y corregido del artículo del Psic. Roberto Rosenzvaig y del Dr. Adrián Sapetti, publicado en la Revista de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH), año 3, nº 1, septiembre 1989, Bs. As.

De acuerdo al Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, “fracasar” designa el hecho de frustrarse o tener resultado adverso. Anteriormente también significaba "destrozar o hacer trizas". Ambas connotaciones nos son útiles para introducirnos en el resbaladizo terreno del fracaso terapéutico, donde -como dijo el poeta- mueren los orgullos, se van a pique las vanidades y naufragan nuestras ilusiones de omnipotencia y omnisciencia.

Este trabajo que presentamos a la consideración de ustedes sigue la pionera línea trazada por Jay Haley, que fue continuada en nuestro medio por Celia Elzufan y Hugo Hirsch (terapeutas estratégicos todos), a los cuales intentaremos aportar nuestra modesta cuota de experiencia en fracasos terapéuticos y sobre los cuales invitamos a reflexionar.

Sin embargo antes de referirnos a nuestros fracasos más elaborados, permítasenos acercar algunas indicaciones para producir un fracaso precoz.

"Los Diez Mandamientos"

Cómprese los dos libros de Helen Kaplan (si es que ya no los tiene), alguno de Masters y Johnson, revistas de la especialidad, trabajos inéditos locales, o mejor internacionales recién traducidos: inicie entusiastamente su acción terapéutica.

No se preocupe por realizar ningún tipo de formación específica, ya que sus profundos conocimientos teóricos y técnicos le permitirán resolver, sin dificultades, todas las disfunciones sexuales que, como nadie ignora, se deben fundamentalmente a la falta de información, al deficiente aprendizaje y a las causas situacionales, por consecuencia, con dar a los pacientes lo que no tienen o no saben ya se está a un paso de la cura.

Trate de que en el ambiente médico y psicológico l@ reconozcan rápidamente como sexólog@, y acepte -recesión mediante- to­do paciente disfuncional que le envíen, independientemente de su complejidad.

Tampoco se moleste en leer en exceso ni en estudiar sesudos tra­tados de terapias diversas ni hacer demasiados cursos, justamente us­ted que ya ha salido en alguna revis­ta y lo llamaron del colegio de su hi­jo para dar una charla, que inaugu­ra su brillante carrera de educador sexual.

Acumule un arsenal de frases terapéuticas de efecto inmediato y reconocido, como ser:

* ¡Usted se exige demasiado!
* ¡Qué poco tiempo se da para la sexualidad y el placer!
* La erección y la penetración no son importantes... el placer es lo esencial.
* El amor es el mejor afrodisíaco.
* Dar para recibir.
* La masturbación proporciona orgasmos más placenteros que el coito y es absolutamente normal que todo el mundo la practique.
¡Hay que gozar libremente de la sexualidad!
* ¡Cuántas horas le dedica al tra­bajo y qué pocas al erotismo!
* No se deben poner limitacio­nes, en el sexo todo vale.

Trate de emitir estas frases de probado valor curativo, con solem­nidad y pontificando, matizado con cierto cariz culpabilizante.

Como principio básico niegue sistemáticamente todo avance de la farmacología y enarbole la bandera en contra de la medicalización de la Sexología. No se informe sobre los avances de los nuevos fármacos ni de la cirugía, Ud. bien sabe que con la Terapia todo lo puede.

Nota: este artículo se completará en una próxima entrega.

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