PREVENCIÓN PRIMARIA DEL ABUSO SEXUAL INFANTIL DESTINADO A PADRES Y DOCENTES *

 

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AUTORA: LIC. CECILIA ROMAN


2016
RESUMEN
         El abuso sexual infantil constituye el más aberrante delito perpetrado contra los niños. Sus secuelas, potencialmente tan devastadoras como imprevisibles pueden prolongarse  a lo largo de los años afectando a la víctima en diversas áreas de su vida. Por ende, la prevención del Abuso Sexual Infantil a través de la información y capacitación a padres, docentes y cualquier otro adulto en contacto con los niños resulta esencial. Es necesario que sepan qué conductas ejemplifican este concepto, de qué ámbito proviene frecuentemente el abusador, cuáles son los factores de riesgo y cuáles aquellos que nos ayudan a proteger y evitar el abuso.
         En la segunda parte del trabajo, se ha diseñado una actividad pensada para una hipotética formación destinada a padres y docentes, cuyo objetivo no sólo es informarlos sino también que puedan adquirir herramientas para trabajar con sus hijos o alumnos.

INTRODUCCIÓN
         El Abuso Sexual Infantil no es un fenómeno nuevo. A lo largo de la historia los niños han sido maltratados y abusados de diversas maneras. Sin embargo, no siempre estas conductas fueron reprobadas social o jurídicamente.
         Son muchos los factores de riesgo sobre los que se puede intervenir para evitar la ocurrencia de este delito. Tanto las familias, como los docentes y los propios niños necesitan estar preparados para crear entornos seguros.  
         Es necesario romper con los mecanismos defensivos que llevan a negar la problemática, y el primer paso para ello consiste en estrategias de Prevención Primaria, que siempre implican un proceso educativo.


FUNDAMENTACION
La elección de este tema está influenciada por mi formación previa en el área de la Psicología Jurídica, siendo allí donde di mis primeros pasos como Licenciada en Psicología, trabajando en una Comisaría de la Ciudad de San Luis.
Con no poca frecuencia tomamos conocimiento de alguna situación donde un niño o adolescente ha sido abusado sexualmente, en la  mayoría de los casos por parte de alguien de su entorno más cercano y de mayor confianza. 
Los medios de comunicación y la tecnología han contribuido al tratamiento abierto de este tema, no sólo a través de las crónicas policiales, sino también a través de campañas de concientización, tratamientos del tema por especialistas, etc. Sin embargo, la permanencia de este delito en nuestras sociedades nos convoca a persistir en la vía de la educación, la información y la prevención, mostrándonos que los esfuerzos realizados aun no han sido suficientes, ya sea porque no han alcanzado a la totalidad de la población, o porque no han logrado romper el mecanismo defensivo de la negación que se dispara frente a noticias tan aberrantes, haciendo pensar que “estas cosas pasan en otros lados o a otra gente”. En general, no sólo cuesta pensar en que nuestros niños pueden ser abusados; sino que, fundamentalmente, el abusador puede estar en nuestro entorno más íntimo. 
La realidad nos muestra que es necesario continuar insistiendo en los factores de riesgo, de modo de reducir las probabilidades de que un niño sea abusado. Cuando tomamos conocimiento de algún incidente de abuso sexual infantil, desde afuera podemos ver cómo la mayoría de las veces no se actuó lo suficiente en reducir tales factores de riesgo. Este es entonces el objetivo de este trabajo, capacitar a docentes y padres para que puedan proteger cabalmente a sus niños, sin exponerlos a situaciones que puedan vulnerar su integridad psicosexual.

DESARROLLO DEL TEMA
Desarrollo Histórico
El abuso sexual infantil no puede entenderse si no se lo estudia en el marco del contexto histórico y social donde se produce, ya que la cosmovisión del mundo en general y de cada conducta social está determinada por las ideologías y teorías que predominan en determinados momentos. La violencia hacia la infancia en todas sus formas no escapa a estas cosmovisiones. A lo largo de la historia los niños han sido olvidados, desacreditados, no tenidos en cuenta. El hecho de tomar conciencia de la necesidad de cuidarlos, protegerlos y tratarlos bien no se extiende mucho en el tiempo. Este hecho es, en algún punto, relativamente moderno.

En 1974 Lloyd de Mause publicó los resultados de su investigación acerca de la historia de la infancia, demostrando que la misma presenta desde muy temprano diversos horrores, tales como muertes, castigos físicos y abusos sexuales a los cuales eran sometidos los niños.
En la antigua Grecia eran habituales el abandono, la mortificación del cuerpo, el asesinato de niños, los sacrificios rituales y las castraciones femeninas y masculinas.

Algunas de las prácticas a las que los niños eran sometidos desde la Edad Media reafirman el hecho de que en ese entonces el maltrato infantil era una práctica bien vista, que lejos estaba de ser considerada un modo de crianza erróneo o reprochable.

El abuso sexual infantil también existió a lo largo de los siglos, propiciado de distintas formas, aunque De Mause sostiene que era más frecuente en otros tiempos que en la actualidad. En Grecia y Roma, los jóvenes eran utilizados como objetos sexuales por hombres mayores; incluso podían ser alquilados para llevar adelante prácticas sexuales. Era común la castración de los niños para llevarlos a burdeles. Ese autor menciona que estas prácticas también eran comunes entre los judíos, quienes consideraban que la cópula con niños menores de nueve años no era un acto sexual, y solo castigaban con pena de lapidación la sodomía con niños mayores de esa edad.

En la Antigua Roma, la práctica sexual preferida con los niños era el sexo anal, y circulaba la idea de que el sexo con niños castrados era particularmente excitante; estos niños eran castrados desde la cuna, y esa costumbre se prolongó hasta que el emperador Domiciano prohibió la castración de los niños para ser llevados a los prostíbulos.

Con el cristianismo comenzó a aparecer un concepto diferente del niño, considerado como un ser puro e inocente, alejado del conocimiento y la comprensión de lo que eran los placeres carnales. En el Renacimiento y el siglo XVII, si bien se empezó a reprobar moralmente el contacto sexual de adultos con niños, aún se consideraba que detener tales avances sexuales era obligación del niño.

En el siglo XVIII aparece el castigo a los niños por la masturbación; incluso hasta el siglo XIX estas conductas se castigaban con intervenciones quirúrgicas, con el fin de evitarlas. Según De Mause, esta práctica desapareció recién en 1925.

Ya en los siglos XVII y XVIII comenzaron a surgir ciertas consideraciones sobre algunas formas de violencia hacia los niños, en especial física y sexual, aunque la reducción más importante de estas prácticas se observa recién en el siglo XX, cuando comenzó a ser definido puntualmente como tal, a partir del pionero trabajo de Henry Kempe, con su estudio y descripción del síndrome del niño apaleado o maltratado, de 1962.

A principios de los noventa, Erna Olafson, David Corwin y Roland Summit publicaron un artículo que estudiaba lo que ellos llamaron ciclos de descubrimiento o aparición y de supresión o desaparición del tema del abuso sexual infantil en la sociedad occidental, haciendo hincapié especialmente en los siglos XIX y XX. Estos ciclos marcaron no solo la concientización social y académica sobre la problemática, sino el tipo de respuesta que se le daba. Estos autores demuestran que el recorte cronológico que se puede hacer para historizar el problema termina resultando en cierto modo arbitrario, ya que también hay evidencias claras del tratamiento que tanto la sociedad como la academia europeas le daban a la temática antes de tales siglos. Por ejemplo, refieren que en el siglo XVIII, en la ciudad de Londres, era una creencia popular que tener sexo con menores de edad curaba las enfermedades venéreas. Llamativamente, dos siglos más tarde, este fue el argumento de muchos pedófilos acusados de abuso sexual a niños menores de edad en las conocidas situaciones de turismo sexual en el sureste asiático.

En la Inglaterra victoriana, el abuso sexual y la violación empezaron a ser unidos de manera exclusiva a condiciones de pobreza. Se resguardaba así la estricta moral de las clases más acomodadas, protegiendo los abusos que en ellas ocurrían y a quienes los cometían. Esta situación hizo que el foco de las investigaciones se centrara exclusivamente en las clases pobres y en los inmigrantes.

Sin embargo, ya hacia fines del siglo XIX, un grupo de feministas y reformistas, tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, comenzaron a promover la idea de que el abuso sexual y el incesto ocurrían en todas las clases sociales, sin distinción. El empuje de estos grupos hizo que en 1908 se criminalizara por primera vez el incesto en Gran Bretaña. Sin embargo, los ataques sexuales a niñas todavía recibían menores castigos que los que se cometían contra varones.

Una mención especial merece el trabajo de Tardieu, Bernard y Lacassagne, forenses franceses que documentaron miles de casos de abuso sexual a mediados del siglo XIX. En un artículo publicado en 1856 en una revista científica de salud pública de la época, estos autores plantearon:

a.  que el abuso sexual de los niños era muy frecuente;
b. que los niños abusados sexualmente muchas veces no mostraban signos físicos;
c.  que sus reportes eran confiables;
d. que los perpetradores de tales actos solían ser padres y hermanos mayores,;
e. que una educación superior (en el ofensor) no inhibía la posibilidad de abusar sexualmente de un niño.


Hay quienes sostienen que Sigmund Freud se alimentó de ambos tipos de información para el desarrollo de sus teorías, que tuvieron un efecto fundamental en la visibilización y posterior invisibilización del abuso sexual como problema asociado a la salud mental de quienes lo sufrían.

En sus primeros escritos de finales del siglo XIX, Freud planteaba que las pacientes histéricas que atendía enfermaban como consecuencia de haber sido víctimas de ataques sexuales por parte de adultos que cuidaban de ellas, no sólo las niñeras si no también los propios padres y otros familiares. (Hay que tener en cuenta que los pacientes que Freud atendía pertenecían a la clase alta de aquella sociedad victoriana). En su obra La etiología de la histeria, de 1896, Freud escribe: “Me parece indudable que nuestros hijos se hallan más expuestos a ataques sexuales de lo que la escasa previsión de los padres hace suponer”. Pero años más tarde, al escribir sus Lecciones introductorias al psicoanálisis, sus aseveraciones serán claramente diferentes: “…cuando una niña acusa en el análisis como seductor a su propio padre, cosa nada rara, no cabe duda alguna sobre el carácter imaginario de su acusación, ni tampoco sobre los motivos que la determinan…”. Mucho se ha discutido acerca de por qué Freud hizo un viraje tan rotundo en su explicación de las enfermedades mentales y por qué dejó de atribuir su etiología a hechos reales, para comenzar a hablar de fantasías. Algunos historiadores opinan que vislumbró que, si continuaba por la vía del abuso sexual, tal vez pronto debiera cerrar su práctica privada, pues las clases acomodadas dejarían de ventilar sus problemas más acuciantes en el consultorio de alguien que las atacaba y que exponía a la luz sus peores secretos.


De sus discípulos, solo uno, el húngaro Sandor Ferenczi, siguió sosteniendo hasta el fin de sus días la idea de que el abuso sexual existía, que era una realidad frecuente y que estaba en el origen de muchos de los desórdenes mentales de los pacientes adultos. Mantenerse en esta postura le valió la descalificación pública de su propio maestro ante otros colegas.
En 1953 apareció el famoso informe Kinsey sobre sexualidad humana. En él, una cuarta parte de las mujeres que respondieron a la encuesta refirieron haber sido víctimas de abuso sexual en su infancia por parte de un hombre al menos cinco años mayor, y un 80 % de estas mujeres reportaron haberse sentido atemorizadas por la experiencia. A pesar de ello, Kinsey desestimó el valor de tales sentimientos, planteando que era difícil de entender por qué un niño podría verse afectado por ser tocado en sus partes genitales o por estar expuesto a contactos sexuales más específicos, y que muy probablemente lo que generara la perturbación en los niños fuera la reacción externa (padres, policía) y no el abuso mismo. Los datos que más reacción social suscitaron en el momento de su publicación no eran los que hablaban de situaciones de abuso sexual, que fueron prácticamente ignorados, sino aquellos que hacían referencia a contactos sexuales prematrimoniales y extramatrimoniales, lo que muestra cuál era exactamente la preocupación de la sociedad norteamericana del momento en relación con la sexualidad adulta.

Las décadas del setenta y el ochenta vieron renacer y ubicar en la agenda pública el problema del abuso sexual, la violencia doméstica y el maltrato infantil en general. Los grupos de feministas y los movimientos de defensa de mujeres víctimas de violencia en la pareja y de violaciones fueron instrumentales para visibilizar no solo el problema, sino además sus consecuencias nefastas para quienes lo sufrían. De hecho, fueron las activistas contra la violación de mujeres las que dieron el primer paso: primero se hizo foco en la violación callejera, a manos de un extraño; luego se pasó a entender que dentro de las relaciones de intimidad también se daban situaciones de violación. De allí se saltó al reconocimiento de las situaciones de violencia de todo tipo en el contexto de las relaciones de pareja, y esa fue la ventana que permitió poner en evidencia que los hijos e hijas también sufrían malos tratos y vejaciones físicas y sexuales, muchas veces a manos de sus propios padres.

Definición de Abuso Sexual Infantil y tipologías
Luego de haber recorrido históricamente la problemática de los malos tratos hacia la infancia, y específicamente lo concerniente al abuso sexual, resulta necesario definir qué entendemos por Abuso Sexual Infantil (ASI). Éste constituye una de las más graves agresiones perpetradas contra la infancia, formando parte de los actos más lesivos, destructivos y crueles, por los daños que ocasiona y por las probables repercusiones negativas en la vida adulta de las víctimas.
Existe una infinidad de definiciones del Abuso Sexual Infantil,  por lo que revisaré algunas que me resultan interesantes por su completud y porque a la vez delimitan con mayor claridad que otras el objeto en cuestión:
Schechter y Roberge, en 1976, lo definen como la implicación de niños y adolescentes, inmaduros y dependientes, en actividades sexuales que no comprenden y para las cuales son incapaces de dar un consentimiento informado, o que violan los tabúes sociales y los papeles familiares.
Los autores hacen referencia a una situación en la que el niño se encuentra a merced de la voluntad del perpetrador, ya que:

  • Es utilizado para la gratificación sexual del adulto
  • No puede comprender, por razones de edad, dependencia o ausencia de información sobre la sexualidad, el significado de los actos que realiza
  • No puede impedir que los mismos continúen produciéndose.

Esta definición incluye el contacto sexual que se consigue por la fuerza o por amenaza de uso de fuerza —independientemente de la edad de los participantes— y todos los contactos sexuales entre un adulto y un niño o niña —independientemente de si el niño o niña ha sido engañado o si entiende la naturaleza sexual de la actividad—. El contacto sexual entre un niño más grande y uno más pequeño también puede ser abusivo si existe una disparidad significativa de edad, desarrollo o tamaño corporal, haciendo que el niño menor sea incapaz de dar un consentimiento informado.

De manera similar, en nuestro país, Irene Intebi y Norma Osnajanski definen el Abuso sexual Infantil como: involucrar al niño en actividades sexuales que no llega a comprender totalmente, a las cuales no está en condiciones de dar consentimiento informado, o para las cuales está evolutivamente inmaduro y tampoco puede dar consentimiento, o en actividades sexuales que transgreden las leyes o las restricciones sociales. Continúan diciendo que el ASI se manifiesta en actividades entre un niño y un adulto, o entre un niño y otro que, por su edad o por su desarrollo, se encuentra en posición de responsabilidad, confianza o poder. Estas actividades, cuyo fin es gratificar o satisfacer las necesidades de la otra persona- abarcan pero no se limitan a la inducción a que un niño se involucre en cualquier tipo de actividad sexual ilegal, la explotación de niños a través de la prostitución o de otras formas de prácticas sexuales ilegales y la explotación de niños en la producción de materiales y exhibiciones pornográficas. 

Ochotorena y Arruabarrena (1996) plantean que hay tres tipos de asimetría presentes en todo acto sexualmente abusivo:

– Una asimetría de poder. Esta puede derivar de la diferencia de edad, roles y/o fuerza física entre el ofensor y la víctima, así como de la mayor capacidad de manipulación psicológica que el primero tenga sobre la segunda. Esta asimetría de poder coloca siempre a la víctima en un alto estado de vulnerabilidad y dependencia. Cuando se trata de una relación cercana, como la de un padre y una hija, la dependencia ya no se establece solamente sobre la base de los diversos roles y jerarquías que cada uno ocupa en el sistema familiar, sino además sobre los pilares afectivos y emocionales en los que se construye toda relación parento-filial. Esto es de vital importancia comprenderlo, ya que si solamente vemos el ejercicio abusivo del poder sin tener en cuenta los componentes emocionales y afectivos de la relación, podemos caer en el grosero error de considerar que una relación afectuosa en la que la niña desea estar con su papá inhabilita la posibilidad del abuso. Sin embargo, lamentablemente, esa relación afectuosa, esa conexión y dependencia emocional han sido también parte de los elementos utilizados por el abusador para acceder ilimitadamente a la víctima, entrampándola aún más.

– Una asimetría de conocimientos. Es de suponer que el ofensor sexual cuenta con mayores conocimientos que su víctima sobre la sexualidad y las implicancias de un involucramiento sexual. Esta asimetría es mayor cuanto menor es el niño o niña víctima, ya que se supone que a medida que crece tiene mayor acceso a información y/o mayor comprensión de lo que es la sexualidad. Sin embargo, debemos ser muy cautos a la hora de establecer estos supuestos como verdades irrefutables, ya que corremos el riesgo de asumir a priori, por ejemplo, que una niña de 13 años —por la edad que tiene— ya tiene suficiente conocimiento sobre la sexualidad como para entender exactamente en qué se la está involucrando. Otra cuestión a considerar tiene que ver con la minimización que se hace de las conductas sexualmente abusivas cuando la víctima ya ha tenido experiencias sexuales con pares. En estos casos, la gran mayoría de las veces, se considera que el hecho de tener o haber tenido experiencias sexuales con un par es razón suficiente para desestimar el abuso sexual como tal, sin tener en cuenta el contexto relacional en el cual este último se ha desarrollado.

  • Una asimetría de gratificación. En la gran mayoría de los casos el objetivo del ofensor sexual es la propia y exclusiva gratificación sexual; aun cuando intente generar excitación en la víctima, esto siempre se relaciona con el propio deseo y necesidad, nunca con los deseos y necesidades de la víctima.

La existencia de asimetrías en la relación es diametralmente opuesta a la noción misma de consentimiento.

Un problema asociado a la definición del abuso sexual infantil radica en algunos preconceptos que circulan en la sociedad, incluso a veces en algunos agentes de intervención. Estos preconceptos suelen deformar la definición misma de lo que constituye una conducta sexual abusiva, y su resultado es una minimización de la gravedad de la situación. A continuación se detallan  algunos de estos preconceptos:

– Homologar el abuso sexual a la violación.
– Desestimar el abuso sexual porque no hubo penetración.
– Minimizar el abuso sexual por el tipo de conducta (fue solo un manoseo).
–Minimizar el abuso sexual por la frecuencia de la conducta (solo fueron algunas veces).

Una forma de erradicar estos preconceptos consiste en entender qué conductas constituyen abuso sexual infantil en el contexto de las definiciones compartidas al inicio de esta sección:

– La utilización del niño y/o su cuerpo desnudo para la obtención de material pornográfico aunque no haya contacto directo del adulto con su víctima.
– Tocar al niño en sus genitales, zona anal y/o pechos, por encima de la ropa o por debajo de ella.
– Hacer que el niño toque al adulto en sus genitales, zona anal y/o pechos (en el caso de mujeres ofensoras), por encima de la ropa o por debajo de ella.
– Contacto oral-genital del adulto al niño.
– Contacto oral-genital del niño al adulto.
– Contacto genital del adulto sin penetración (frotamientos contra el cuerpo del niño o alguna parte de este, con el objetivo de lograr excitación sexual y eventualmente un orgasmo).
– Penetración vaginal y/o anal con dedo/s y/u objetos.
– Coito.
En relación a las diversas conductas que constituyen abuso sexual, Esteban Gómez ha elaborado la siguiente tipología

 

CONDUCTA FÍSICA

 

 

 

 

 

 

 

 

Con contacto

Violación.
Penetración (vaginal,
anal, bucal).
Tocamiento.
Actos sexuales con
animales.

Sin contacto

Propuestas verbales.
Obligar a ver actos
sexuales.
Exhibicionismo.
Falsas alegaciones

EXPLOTACIÓN SEXUAL

 

 

Implicar a menores en pornografía.
Promover la prostitución infantil.
Turismo sexual.

CULTURALES

 

 

Mutilación genital femenina.
Casamiento con niños/as.

OMISION

 

 

Consentimiento pasivo.
No atender a las necesidades de protección

Esta clasificación está determinada por el tipo de abuso ejercido, pero también se puede establecer una categoría basada en la relación agresor-víctima, del siguiente modo:

TIPOS DE ABUSO SEXUAL SEGÚN LA RELACIÓN AGRESOR- VÍCTIMA

EXTRAFAMILIAR

Conocido

El menor es agredido por una persona que pertenece a su círculo social y es conocido por la familia. La relación se da por cercanía física, social o por ejercicio del rol de poder que posee el agresor: profesor, monitor, amigo de la familia, etc.
El abuso se ejerce generalmente mediante la seducción, persuasión o coacción no violenta.

Desconocido

La víctima no tiene un vínculo de conocimiento o cercanía previo con el abusador. Éste es desconocido por la familia del menor. Comúnmente es una experiencia única, puede ser violenta y es sufrida mayoritariamente por adolescentes.

INTRAFAMILIAR

Padre
Madre
Abuelo
Tío
Hermano

En este caso, el abusador manipula el vínculo que mantiene con el menor a través de la  utilización del poder que le da su rol. Es una agresión que se produce de forma reiterada en el tiempo. A mayor reiteración, más probabilidades hay de que el agresor sea del círculo más íntimo del niño. Y cuanto más pequeño es el niño, más frecuente es que si se produce un abuso sexual, éste sea  intrafamiliar.

Algunos datos a tener en cuenta son:

  • Se presentan en todos los niveles sociales, económicos y culturales.
  •  Es en el entorno familiar donde se producen la mayoría de los abusos.
  • El 50% de los abusadores sexuales han llevado a cabo sus primeras conductas cuando tenían menos de 16 años
  • Los agresores suelen estar casados y habitualmente son familiares (padres, hermanos mayores, tíos, etc.) o allegados (profesores, tutores, vecinos, etc.) de la víctima, lo que les permite un fácil acceso al niño, con quien suelen tener una relación de confianza anterior al incidente sexual. En estos casos, las situaciones de abuso son más duraderas en el tiempo, no suele darse la penetración ni conductas de violencia física ni amenazas de ejercerla.
  • Sólo en una pequeña parte (del 15% al 35% del total) el agresor es un completo desconocido para la víctima. En este tipo de casos, el abuso se da en ocasiones aisladas y puede estar ligado a conductas violentas o amenazas de ellas.
  • No llega a darse habitualmente la violencia física ya que los factores que más frecuentemente suelen ponerla en marcha -la resistencia física y la capacidad de identificación del agresor por parte de la víctima- no suelen estar presentes a causa de la edad del menor.
  •  Casi la mitad de las personas que sufren abusos les ocurre más de una vez. En muchos casos varias veces.
  •  No existen indicios que la prevalencia del abuso sexual esté aumentando, si bien puede que la incidencia sea mayor derivada del incremento de factores de riesgo: divorcios, padres adoptivos, padrastros, trabajo de la madre fuera del hogar, "canguros", etc.
  • Los datos epidemiológicos indican que no existen características familiares y demográficas que puedan ser excluidas para la identificación del abuso sexual, si bien existen factores de riesgo como: edad preadolescentes y adolescentes de pocos años, tener padrastro, no vivir con los padres biológicos, madre con problemas psicológicos, crianza inadecuada, presenciar conflictos familiares, circunstancias que deben considerarse en el diagnóstico
  • Una característica propia de la conducta sexual abusiva es ser progresiva. Según las descripciones hechas por víctimas adolescentes o por sobrevivientes adultas de abusos sexuales en su infancia, hay una serie de conductas previas incluso al primer tocamiento, que preparan el terreno para un acceso más intrusivo al cuerpo de la víctima.

 

CONSIDERACIONES SOBRE LA SEXUALIDAD INFANTIL

               Hoy por hoy sabemos que la sexualidad humana está presente durante toda la vida. Sin embargo, no siempre se asumió esto como un hecho de la normalidad. Fue Sigmund Freud quien revolucionó el campo científico y de las ideas al postular que, a diferencia de la imagen de pureza absoluta o de asexualidad que se poseía acerca de los niños hasta la época victoriana, los mismos presentaban de forma normal conductas sexuales visibles, como por ejemplo la masturbación durante la etapa fálica del desarrollo libidinal. A través de su teoría del Complejo de Edipo, describe un mundo de sentimientos, pensamientos y fantasías amorosas y hostiles en una estructura triangular compuesta por el niño y sus progenitores, donde el niño desea ocupar el lugar adulto junto a su progenitor del sexo opuesto. Dichas ideas causaron un significativo rechazo en gran parte de la comunidad científica e intentos de desacreditación hacia el trabajo del psiquiatra vienés.
               Actualmente existe una apertura distinta respecto a la idea de la sexualidad infantil, sin embargo no absoluta, de modo que las conductas autosatisfactorias suelen ser sancionadas por padres o cuidadores en no pocos casos.
               La masturbación infantil existe, aunque con características distintas a la del adulto. Y este es un dato que todo adulto a cargo de niños (padres, cuidadores, docentes, etc.) debería conocer. La diferencia entra la masturbación infantil y la adulta radica en que en el primer caso se trata, como dice Freud, de “placer de órgano”, es decir un placer meramente sensorial que surge del hecho de acariciar zonas corporales que al tacto resultan placenteras por la suavidad y por las sensaciones físicas que genera. Este placer en el caso de los niños no está asociado a fantasías eróticas como ocurre en los adultos, dado que el niño no tiene cabal conciencia acerca del mecanismo de las relaciones sexuales ni puede llegar al orgasmo.
               Por otro lado, en la infancia se producen juegos sexuales dentro del marco de la normalidad. Estos juegos están ligados a la exploración del cuerpo y de las sensaciones asociadas a su tocamiento, así como también debido a la curiosidad que genera la sospecha y el posterior conocimiento de las diferencias sexuales anatómicas entre ambos sexos. Para ello, los niños suelen acudir a juegos de roles como el juego del papá y la mamá, juego del doctor, etc., que implican un contacto físico entre los niños y una excusa para la exploración;  y a otros juegos que implican  los besos en la boca, los abrazos y hasta el bajarse la ropa interior para mostrarse los genitales. Estos juegos son más frecuentes hasta los seis años de edad. Es importante la orientación y los límites de parte de los adultos, tanto para informarles acerca de sus inquietudes, como para enseñarles a respetar al otro y a autorregularse.
               A diferencia del abuso sexual, los juegos sexuales se caracterizan por ser entre pares, de mutuo acuerdo y sin condicionamiento alguno.
               Se entiende por factores de riesgo aquellas variables que incrementan la posibilidad que determinado evento suceda. A continuación se citan algunos de los factores de riesgo consignados en la literatura sobre el tema:

  • Presencia de un padrastro (en algunos países la prevalencia de ASI por parte de padrastros es mayor que la prevalencia por parte de padres biológicos).
  • Falta de cercanía en la relación materno-filial (cuando la madre es el progenitor no ofensor).
  • Madres sexualmente reprimidas o punitivas.
  • Padres poco afectivos físicamente.
  • Insatisfacción en el matrimonio.
  • Violencia en la pareja.
  • Falta de educación formal en la madre.
  • Bajos ingresos en el grupo familiar (en algunas fuentes se plantea directamente a la pobreza como factor de riesgo; no obstante, es necesario aclarar que esto no inhabilita el hecho de que el abuso sexual también ocurre en familias de clases económicamente más acomodadas).
  • Abuso de alcohol o drogas por parte del ofensor.
  • Impulsividad y tendencias antisociales por parte del ofensor.
  • Antecedentes —en los adultos— de maltrato físico, abuso sexual o negligencia afectiva en la infancia, o haber sido testigo de la violencia de un progenitor contra el otro. A su vez, si un niño ha padecido situaciones de malos tratos y/o abuso sexual, estos antecedentes se convierten en un factor de riesgo para la revictimización; por ejemplo, si el niño es institucionalizado o si escapa a la calle, por citar algunos ejemplos, las posibilidades que en dichos ámbitos sea nuevamente víctima de alguna forma de violencia se incrementan.
  • Discapacidad psíquica en el progenitor no ofensor.
  • Dificultades en el control impulsivo del adulto ofensor.
  • Relaciones familiares con un marcado funcionamiento patriarcal.
  • Fácil acceso a las víctimas (no solamente incluye a familiares, sino también a maestros, profesores, cuidadores, etc.).

Vale aclarar que muchos abusos son cometidos por personas que no presentan ninguna de las características conductuales aquí detalladas, funcionan de manera impecable en el entorno social en el que se mueven y pueden pertenecer a las escalas socioeconómicas más altas de la comunidad en que viven. Esto, nuevamente, debe recordarnos que una lista de factores de riesgo debe ser tomada a título meramente ilustrativo e informativo, pero no determina por sí misma la posibilidad de que el ASI haya ocurrido o no.

               Desde el punto de vista social y comunitario también se ha trabajado para identificar algunos factores de riesgo para el ASI:

  • Alta tolerancia a la violencia sexual en la comunidad en que se habita.
  • Políticas y leyes débiles relacionadas con la igualdad de género.
  • Altos niveles de tolerancia al delito en general.
  • Normas y comportamientos sociales que apoyan la violencia sexual, la superioridad masculina y su derecho al ejercicio irrestricto de su sexualidad, y la sumisión sexual femenina.
  • Aplicación de penas mínimas a los agresores sexuales.
  • Fracaso en los programas de sensibilización social relacionados con el tema.
  • Involucramiento de las fuerzas de orden y control en actividades delictivas, pasividad excesiva ante estas, que favorece la circulación de niños, niñas y adolescentes por circuitos locales de explotación sexual con fines comerciales.

              
               También es posible identificar algunos factores de riesgo para el abuso sexual infantil asociados a los niños y niñas víctimas:

  • A menor edad, es más fácil que el niño pueda ser involucrado por el adulto en conductas sexuales que no comprende, muchas veces a través de juegos. Por otro lado, su dependencia respecto de los adultos es mayor, no solo en el plano emocional sino también físico, situación que aumenta su vulnerabilidad. Algunas investigaciones han determinado que hay dos franjas etarias de mayor riesgo para el abuso sexual: entre los seis y los siete años y entre los diez y los doce; esta última posiblemente porque comienza a advertirse el incipiente desarrollo de características sexuales. No obstante, debe tenerse presente que se registran casos de bebés de un año o incluso más pequeños que han sido víctimas de abuso sexual; es decir, también se cometen abuso sexuales contra niños y niñas de menos de seis años, así como contra púberes y adolescentes mayores de 12 años.
  • Que el niño no posea un referente de confianza a quién contarle, o que por desconocimiento de la anormalidad del suceso o por carencia de habilidades sociales (timidez, dificultades propias de la edad para verbalizar) no pueda contar la situación, o pedir ayuda, gritar, etc. frente al abusador.
  • Que el niño presente alguna discapacidad física o mental, lo que lo coloca en una situación de mayor vulnerabilidad a ser abusado sexualmente, ya sea por sus limitaciones físicas para moverse, escapar o defenderse, ya sea por una aún menor comprensión de las conductas en las cuales está siendo involucrado. Por añadidura, los niños con discapacidades que son víctimas de ASI tienen mayores dificultades para comunicar lo que les está sucediendo, y cuando logran hacerlo tienen mayores probabilidades de que sus relatos no sean considerados creíbles o válidos.
  • Que el niño o niña ya haya sido víctima de abuso sexual (por ejemplo, una niña es abusada sexualmente por su padre, y es alojada en una institución en la cual también es víctima de abuso sexual por un cuidador).
  • Ser niña. Las estadísticas a escala mundial dan cuenta de que la prevalencia de ASI sobre niñas es mayor que sobre varones (algunas estadísticas hablan de dos a tres niñas por cada varón, y otras de cinco niñas por cada varón). Pese a esto en ningún momento debe olvidarse que los varones también son víctimas de ASI.

FACTORES PROTECTORES

               Son aquellos que contribuyen a disminuir o controlar los factores de riesgo reduciéndose la posibilidad del abuso sexual. En el diseño de una propuesta de intervención se deberá tener en cuenta la interrelación de estos dos grupos de factores.

  • Factores protectores a fortalecer en los niños frente al abuso sexual

 

  • Conocimientos sobre:

•  Derechos y responsabilidades
• Limites adecuados en la relación con pares y con adultos, en particular cuando suponen presión, engaño o violencia.
• Reconocer partes del cuerpo
• Identificar partes íntimas (genitales)
• Reconocer los distintos tipos de caricias por las partes del cuerpo en que se dan (partes visibles y partes privadas) y sentimientos que provocan (vergüenza, alegría, etc)
• Normas de seguridad familiar (dirección y teléfono de casa)
• Identificación de personas de confianza dentro y fuera de la familia
• Diferenciar responsabilidad sobre hechos (reconocimiento de daño evidente) y culpas atribuidas (trasladar idea y responsabilidad de daño)
• Diferenciar entre información que se debe guardar y secretos que no deben ocultarse
• Concepto del abuso sexual e identificación acorde a la edad

 

  • Habilidades que debe tener:

• Sentido de humor
• Promover aptitudes (deportivas, musicales, artísticas, etc.). Favorecen la percepción de autocontrol sobre su vida y circunstancias.
• Habilidades de resolución de problemas y estrategias de salida frente a posibles situaciones de abuso.
• Capacidad de superación. Fijarse metas altas pero realistas, trabajando para lograrlas.
• Cuidado del cuerpo y habilidad de expresión corporal (juego, danza, teatro, etc.)
• Actitudes y sentimientos que deben tener:
- Sentimiento de aceptación incondicional de una o más personas significativas
- Adecuada autovaloración
- Conciencia de sus derechos y determinación para defenderlos
- Valores y creencias que den sentido a su vida.

  • La familia en el desarrollo de factores protectores
  • En relación a la sexualidad los padres deben considerar:

               • Informarse sobre la sexualidad y sus manifestaciones en la infancia.
               • Brindar a sus hijos información adecuada sobre su cuerpo, sexualidad y riesgos
               • Aprovechar diversas oportunidades para aclarar dudas y curiosidad respecto al funcionamiento sexual (señora embarazada, nacimiento de un niño o mascota, noticias o escenas de TV o periódicos)
               • Reaccionar con comprensión ante las actitudes y manifestaciones sexuales de los niños, sin censura, ni violencia, tratando de entender qué están indicando con su conducta.

 

  • En la familia:

• Promover diálogo y comunicación
•Incentivar actividades compartidas e intercambio de ideas y experiencias cotidianas
• Buscar estrategias de disciplina y normas que no se basen en castigos
• Expresar afecto con gestos y actitudes
•Enseñar que respeto no es sumisión, que pueden decir no a los adultos cuando las propuestas que les hagan no son claras, los disgusten o incluyan guardar secretos
• Desechar idea que lo que sucede en casa es asunto privado y no es asunto de nadie más.
•Asegurarles que siempre estarán dispuestos a ayudarlos en cualquier problema y demostrarlo con actitudes reales
• Promover trato igualitario entre los sexos. No hacer diferencias respecto a:
- Tareas que se encomiendan
- Oportunidades que se brindan
- Consejos
- Características que se asignan
- Juegos o actividades que decimos les corresponden
- Tratar que la relación de pareja sea el modelo de una relación igualitaria, respetuosa, solidaria y cariñosa
• Revisar las actividades que pueden realizar solos y aquellas que requieren orientación y ayuda
• Promover relaciones armoniosas en la pareja
• Estar atentos a la conducta de sus hijos y buscar ayuda cuando sea necesario

  • En la Escuela:

 

Desde los primeros años se debe educar a los niños/as a cuidarse para que no se hagan daño y no les hagan daño. Los docentes y padres deben considerar:
• Un niño/a informado tiene menos posibilidades de ser abusado.
• Un niño/a con seguridad personal, cariño, amor o lazos afectivos estables con un ambiente familiar de confianza podrá salir adelante ante situaciones de peligro.
• Los niños/as deben recibir información clara sencilla sobre su cuerpo, su desarrollo sexual de acuerdo a la edad o curiosidad, esto le permitirá tener una actitud positiva de cuidado y de autoprotección sobre su cuerpo y sus actos.
• Es importante dar mensajes claros y precisos: que su cuerpo es suyo, que debe quererlo y cuidarlo y que nadie, sea conocido o desconocido, puede imponerle acciones que no desea hacer.
• Enseñarle que las caricias y los abrazos son muy agradables, siempre y cuando no les incomoden y si es así deben rechazarlos.
• Es importante enseñar a los niños a expresar sus emociones y sentimientos. Esto será posible si confiamos en ellos, los escuchamos y ayudamos a reflexionar sobre sus sentimientos y dudas.
• Los niños/as deben saber que no deben recibir regalos de personas conocidas o desconocidas que les exijan luego mantenerlos en secreto.
• Los maestros deben conocer y analizar las situaciones en las que los niños pueden desenvolverse por sí mismos sin riesgos y tomar medidas en aquellas donde aún necesiten cuidado.
Finalmente la mejor forma de prevenir el abuso sexual es propiciar una buena comunicación entre padres e hijos, maestros y alumnos que permita en forma conjunta tomar las decisiones más adecuadas.

 

CONSECUENCIAS E INDICADORES DE ABUSO SEXUAL INFANTIL

               El ASI constituye uno de los traumas psíquicos más intensos, y sus consecuencias son sumamente devastadoras para la estructuración de la personalidad. Gloria Intebi afirma que es posible comparar sus efectos con los de un balazo en el aparato psíquico: produce heridas de tal magnitud en el tejido emocional que hacen muy difícil predecir cómo reaccionará el psiquismo y cuáles serán las secuelas.
               Intebi y Osnajanski clasifican los indicadores del ASI de acuerdo a la edad en que se manifiestan, del siguiente modo:

  • En la infancia temprana:
    • Conductas hipersexualizadas y/o autoeróticas, que insinúan un conocimiento no habitual del niño acerca de los comportamientos sexuales adultos y revela erotización precoz. Por ejemplo: tener conocimiento acerca de actos sexuales específicos o lenguaje sexual explícito que un niño a su edad no tendría, participar en contacto sexual semejante a los adultos y actos sexuales con otros niños, jugar con muñecos y simular actos sexuales, gemidos.
    • Retraimiento social
    • Alteraciones en el nivel de actividad junto con conductas agresivas o regresivas
    • Temores inexplicables ante personas o situaciones determinadas
    • Alteraciones en el ritmo del sueño

 

  • En preescolares:
    • El relato del abuso
    • Síndrome de estrés post-traumático
    • Sexualización precoz: juegos sexuales tempranos acompañados de un grado de curiosidad sexual inusual para la edad
    • Masturbación compulsiva: en algunas ocasiones, el niño puede llegar a utilizar objetos, muñecos, ropa o partes de su cuerpo o el de otras personas inclusive introducción de elementos en los orificios vaginales o anales.
    • Hiperactividad
    • Enuresis y encopresis
    • Trastornos del sueño: pesadillas, terrores nocturnos
    • Fobias y/o temores  intensos
    • Conductas compulsivas de distinto tipo
    • Fenómenos disociativos
  • En niños en edad escolar y pre-adolescentes:
    • Cualquiera de los trastornos observables en etapas anteriores
    • Dificultades de aprendizaje o alteraciones en el rendimiento, de instalación brusca e inexplicable
    • Coerción sexual hacia niños más pequeños o retraídos
    • Fugas del hogar
    • Llamativo retraimiento o, por el contrario, hostilidad y agresividad exacerbada en el hogar, y/o con sus amigos y compañeros de estudio
    • Sobreadaptación, pseudomadurez
    • Conflictos con las figuras de autoridad, junto con una marcada desconfianza hacia los adultos significativos
    • Pequeños robos
    • Mentiras frecuentes
    • Sentimientos de desesperanza y tristeza
    • Tendencia a permanecer en la escuela fuera del horario habitual

 

  • En adolescentes:
    • Conductas riesgosas y violentas
    • Retraimiento, sobreadaptación
    • Coerción sexual hacia otros niños
    • Promiscuidad sexual, prostitución
    • Fugas del hogar
    • Consumo de drogas
    • Delincuencia
    • Automutilaciones, cortes y otras conductas autoagresivas
    • Intentos de suicidio
    • Excesiva inhibición sexual
    • Trastorno disociativos
    • Trastornos de la conducta alimentaria (anorexia, bulimia)
  • En adultos
    • Trastornos psiquiátrico graves
    • Disfunciones sexuales
    • Trastornos de la alimentación

 

EL ABUSO SEXUAL EN LA LEGISLACION ARGENTINA
               El Título II del Código Penal Argentino, titulado “Delitos Contra la Integridad Sexual” contempla el abuso sexual en su artículo 119 y establece: “Será reprimido con reclusión o prisión de seis meses a cuatro años el que abusare sexualmente de persona de uno u otro sexo cuando, ésta fuera menor de trece años o cuando mediare violencia, amenaza, abuso coactivo o intimidatorio de una relación de dependencia, de autoridad, o de poder, o aprovechándose de que la víctima por cualquier causa no haya podido consentir libremente la acción”.
               La pena será de cuatro a diez años de reclusión o prisión cuando el abuso por su duración o circunstancias de su realización, hubiere configurado un sometimiento sexual gravemente ultrajante para la víctima.
               La pena será de seis a quince años de reclusión o prisión cuando mediando las circunstancias del primer párrafo hubiere acceso carnal por cualquier vía.
En los supuestos de los dos párrafos anteriores, la pena será de ocho a veinte años de reclusión o prisión si:
a) Resultare un grave daño en la salud física o mental de la víctima;
b) El hecho fuere cometido por ascendiente, descendiente, afín en línea recta, hermano, tutor, curador, ministro de algún culto reconocido o no, encargado de la educación o de la guarda;
c) El autor tuviere conocimiento de ser portador de una infección de transmisión sexual grave, y hubiere existido peligro de contagio;
d) El hecho fuere cometido por dos o más personas, o con armas;
e) El hecho fuere cometido por personal perteneciente a las fuerzas policiales o de seguridad, en ocasión de sus funciones;
f) El hecho fuere cometido contra un menor de dieciocho años, aprovechando la situación de convivencia preexistente con el mismo.
En el supuesto del primer párrafo, la pena será de tres a diez años de reclusión o prisión si concurren las circunstancias de los incisos a), b), d), e) y f).
               Es necesario explicitar lo siguiente: Nuestra legislación nacional, así como los tratados internacionales, establecen la OBLIGACION DE DENUNCIAR que posee CUALQUIER CIUDADANO que tome conocimiento o que "tenga sospechas" de situaciones de maltrato o abusos de cualquier tipo hacia niños/as o adolescentes. No hacerlo, teniendo conocimiento de ello, constituye un delito.

Cabe aclarar, como destaqué anteriormente, que la SOSPECHA de estas situaciones también deben denunciarse. ¿Qué implicancias tiene esto? Que la justicia, a través de los organismos correspondientes, serán los encargados de investigar si tales malos tratos o abusos realmente están ocurriendo.
               Muchas veces la gente tiene temor a denunciar dado que no tiene las pruebas o la cabal certeza. Por lo tanto, hay que informar que la denuncia no significa que necesariamente las personas denunciadas serán condenadas, sino que se inicia un proceso de investigación. Esto es así dado que tanto la legislación nacional como los tratados internacionales poseen en materia de niños el Principio Básico de "Interés Superior del Niño". Esto significa priorizar en todo momento la integridad psicofísica de los niños y adolescentes por sobre cualquier otro interés.

El desconocimiento de la Ley (por ejemplo, en el caso de quienes están obligados a denunciar) no exime a las personas de sus responsabilidades ante la misma.

 

CONCLUSIONES

         El Abuso Sexual Infantil es un delito que suscita espanto y negación, tendiendo a pensar que esas problemáticas suceden sólo a los demás, con lo cual suele evitarse el tema y no se educa suficientemente para evitar su ocurrencia.
         La prevención primaria es una necesidad urgente en una sociedad que posee una doble cara frente a la niñez: en lo conceptual se insiste en que los niños y adolescentes son sujetos de derecho, pero en lo cotidiano no se les brindan frecuentemente las herramientas para su educación y autocuidado, ni se los cuida desde el lugar de adultos.
         Sólo desde un posicionamiento consciente frente a esta problemática podremos colaborar a erradicar este flagelo.
        

BIBLIOGRAFIA

  • Baita, S; Moreno, P.: Abuso Sexual Infantil. Cuestiones relevantes para su tratamiento en la justicia. UNICEF. 2015.
  • Buompadre, J.: Abusos sexuales. Asociación de Pensamiento Penal. Código Penal Comentado. Disponible en:

http://www.pensamientopenal.com.ar/system/files/arts._119_a_120_abusos_sexuales.pdf

  • Código Penal Argentino
  • Díaz Huertas, J. A., Casado Flores, J., García García, E., Ruiz Díaz, M. A. y Esteban Gómez, J. (Dir.) Atención al abuso sexual infantil.  Madrid: Instituto Madrileño del Menor y la Familia. Consejería de Servicios Sociales. 2000
  • Intebi, G; Osnajanski, N.: Maltrato de niños, niñas y adolescentes. Detección e intervención. Editorial IPSCAN- Familias del Nuevo Siglo. 2003
  • Marega, O.: Abuso sexual infanto juvenil: Prevención, detección y denuncia. Curso de Sexualidad Clínica.  
  • Quinteros, A.; Iria, A.: Técnicas para la detección y evaluación de abusos sexuales en menores. Asociación Aspacia. Madrid, 2011.
  • Schechter, M.D.; Roberge, L.: Sexual exploitation. 1976. En Helfer, R.E. & Kempe, C.H. eds. Child abuse and neglect the family and the community Cambridge: Ballinger
  • Deza Villanueva, S. Factores protectores en la prevención del abuso sexual infantil. Liberabit, 11(11). Año 2005


    *Licenciada Cecilia Román
            Psicóloga M. P. 2054
         San Rafael, Mendoza, Argentina
    ceciliavroman@hotmail.com