La sexualidad a flor de piel (Parte II)

Los tabúes

Además de la zona genital hay en nuestra piel otras de alto nivel sensitivo y erótico: región anal, glúteos, pezones, cuello, detrás de las orejas, manos y dedos, ingle y cara interna de muslos, piernas, diría que todo el mapa del cuerpo humano. Nuestra piel está conectada con nuestro cerebro, incluso ya desde la embriología, y juntos son sin lugar a dudas, nuestro mayor órgano erótico y también el contacto con los demás, con las sensaciones placenteras, como así también con las dolorosas y afectivas.

Aunque parezca obvio, muchas veces hay otro gran olvidado que es el beso: hay varones que descuidan esto como estimulación erógena con su pareja y muchas mujeres se quejan de que ellos "no las besan en los labios".

Hay puntos en el cuerpo, descriptos por los orientales, que no coinciden siempre con las zonas anatómicas de los occidentales y que, digitopuntura o caricias mediante, excitarían a varones y mujeres. Por ejemplo veía, en mi viaje por China, los que hacían masajes en los pies, con todo un mapa en ellos donde se describían distintos puntos erógenos. Algo parecido hace la reflexología estimulando o activando puntos en los pies para aliviar tensiones, estrés y malestares.

Hay un punto, ubicado entre la bolsa donde están los testículos y el orificio anal, que al apretarlo se percibe una zona ósea y se estimularía el punto G de los varones por una acción refleja de la próstata. Muchos varones refieren altos niveles de excitación cuando les realizan una suave presión en este lugar.

El máximo tabú, en los varones, es la famosa zona glútea, y suelen ser reacios a adoptar un rol “pasivo” (yo creo que no es tan pasivo) de dejarse acariciar, tocar, palpar o ser besados salvo en zonas "permitidas": genitales, boca, cara.

El cerebro y la piel: ese gran órgano sexual

Explicaba antes que la piel y mucosas comunican con el cerebro: hay una vía somática y otra erógena, al punto que si se corta esta última (operaciones, cirugía, bloqueo emocional incluso) se percibe el contacto pero no hay representación cortical erógena. Esto ocurre en los casos, p. ej., de impotencias, anorgasmias, fobias al contacto, personalidades anhedónicas (con ausencia de placer), donde se siente el tacto pero no hay goce. Los pacientes lo describen bien cuando dicen: "es como si tuviera el cuerpo partido en dos, como si hubiera una desconexión con mi mente".

Claro que el cerebro procesa, produce, genera y recibe toda la información: sin él no hay placer, no hay erotismo posible, no hay amor ni pasión. Al punto que uno puede erotizar distintas zonas del cuerpo y las más diversas prácticas, que varían en los seres humanos. El cerebro da la singularidad sexual, el sello distintivo, le da color y emoción. Observemos que podemos ser tocados de la misma manera por diferentes personas pero no sentir la misma sensación. Se acerca esta persona, me da un beso, me toca la mano y me derrito, "no sé más quien soy"; viene otra, hace lo mismo y no siento absolutamente nada. Es el aparato psíquico que da la respuesta emocional diferente, singular, personal, inefable. Amén de ello sabemos que en el cerebro está representado todo el esquema corporal y existen zonas del placer allí alojadas. Hay personas que tienen dificultad para recibir, dar y disfrutar de las cosas placenteras y a eso, en psicología, se lo llama "anhedonia" (como contrario a lo hedónico = culto por el placer y el goce) y se deben a cuadros psicológicos claros y definidos.

Algo que nos muestra esto con claridad es el mecanismo de acción del sildenafil, el vardenafilo o el tadalafilo: para que actúen tienen que desencadenarse las primeras fases de la respuesta sexual: deseo, estímulos (visuales, táctiles, sonoros, fantasías, recuerdos) y una vez que se segregaron sustancias en la etapa de excitación comienzan a actuar en los cuerpos cavernosos del pene, de manera eficaz y segura, favoreciendo la erección e impidiendo que ésta se pierda.

El órgano sexual y sensual piel-cerebro es el que tiene la primera orden, la primera y última palabra. ¡Vivan las caricias, los mimos, los abrazos y los besos! Reivindiquemos entonces, con loas y alabanzas, a ese extendido órgano sexual que es nuestra preciada –aunque a veces olvidada- y querida piel.

En la próxima entrega de este artículo daremos un ejercicio de masajes eróticos para disfrutar en pareja.

 

DR. ADRIÁN SAPETTI, psiquiatra y sexólogo. Autor de los libros: "Los senderos masculinos del placer" (Editorial Galerna) y de “Sexualidad en la pareja” (Editorial Galerna).

Director del Centro Médico Sexológico y del sitio www.sexovida.com

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