El preservativo

“Doctor, yo soy candidato al Viagra, porque cuando las mujeres me piden que use profiláctico no puedo sostener la erección, en cambio con una pareja con quien no lo uso ando fenómeno; en cambio le juro que si tengo que ponérmelo los nervios me destruyen y no puedo...”

Esta clara y rotunda afirmación, con gran carga de dramatismo por parte del paciente, es algo que se repite con bastante frecuencia entre los varones de más de 50 años, aunque también me ha tocado observarlo en pacientes más jóvenes, incluso muy jóvenes. Pero conlleva una pesada carga para los cincuentones que ven en la tarea de ponerse un profiláctico una verdadera lucha en la cual –como decía otro paciente- “para colmo vamos perdiendo”.

Por otro lado no podemos dejar de destacar que las mujeres de hoy, son ellas las que llevan el profiláctico en la cartera, o lo guardan en la mesita de luz, con el conocimiento y la conciencia del cuidado y del hecho que muchos varones se niegan a su uso.

El fantasma de la impotencia por la utilización del profiláctico es algo muy frecuente en la consulta -descartando los casos orgánicos de disfunción eréctil- donde vemos que ese varón no tiene dificultades pero si aparece el fantasma del látex, comienza a segregar adrenalina y termina evitando el encuentro. Distintos son los casos que tienen un  verdadero pánico al SIDA y dicen cosas como: ¿y si se me rompe, si se sale, si me contagio igual, no será mejor ponerme dos? Distintos son los casos de los eyaculadores precoces que tienen miedo a llegar al orgasmo cuando se lo están colocando o se quieren poner dos para disminuir la sensibilidad. Siempre debemos pensar en alguna situación fóbica cuando hay un rechazo tan grande al profiláctico y de hecho he tenido que encarar muchas terapias breves para que estos varones –a los cuales he tenido que medicar con antifóbicos o con sildenafil- pudieran gozar del acto sexual en seguridad y confianza.

Hay un tema insoslayable: el profiláctico o preservativo nació, como su nombre lo indica, para prevenir enfermedades de transmisión sexual y los embarazos. En mis épocas mozas estaba más conectado con no embarazar a las mujeres que con la sífilis o la blenorragia, que se curaban con la penicilina. Comprar preservativos era sinónimo de que íbamos a tener relaciones sexuales, era una promesa de felicidad: cuantos más comprábamos más coitos íbamos a tener, con lo cual ese objeto que se interponía estaba relacionado con lo erótico, con el placer; pero un alumno mío, médico también, una vez me contestó lo siguiente a esa afirmación: “sí, tenés razón, pero hoy el condón se usa en 1ra instancia -aunque no sea la única utilidad-, hablemos claro, para no morirse, o sea para no contagiarse con HIV, y por ende tiene una connotación negativa, si no me lo pongo corro peligro: si ella me hace poner el condón es porque sospecha que yo puedo estar contagiado o ella puede estarlo y cualquiera de las dos cosas son suficientes para hacerme perder las ganas”. De allí que muchas veces hablemos de que su colocación pueda ser vivida como un juego, incluso que lo haga la mujer (en aquellos que se ponen nerviosos muchas veces es lo mejor).

Muchos varones maduros tienen una estrategia peligrosa frente a las mujeres que les dicen que “hay que usar profiláctico” y las cuestionan con gran desparpajo: “¿acaso no confiás en mí?”. Una colega psicoterapeuta, la licenciada Hendel, proponía una respuesta: “¿Cómo que no confío en vos?, al contrario, confío en que vos hayas tenido tanta experiencia sexual como para llegar a hacerme disfrutar, que esa gran experiencia adquirida te ha hecho poner en riesgo muchas veces”.

Lo cierto es que a pesar que todos sabemos de la importancia del preservativo hay una resistencia en muchos varones a usarlo, y muchas mujeres –a pesar de que son las que corren más riesgos- se someten a estos designios machistas de los que dicen que no pueden usarlo argumentando diversas razones (la falta de confianza, la pérdida de la sensibilidad y de la erección, etc.).

Sería interesante enumerar algunos de los mitos, objeciones y aprensiones que circulan entre los varones respecto del condón: que aprieta, que lastima, que quita totalmente el placer, que los virus lo atraviesan, que impide eyacular, que quita la sensibilidad, que hace perder la erección, que si se sale se puede perder en el interior de la mujer, que en las vírgenes la primera vez lastima, que es muy difícil ponérselo, que interrumpe el juego amoroso, que quita espontaneidad.

Por eso nosotros hablamos de erotizar al profiláctico, de incorporarlo como parte del juego, que tanto él como ella pueden colocarlo; esto último muchas veces da buen resultado: que la mujer sea la que lo coloca mientras continúa con la estimulación genital, tomándolo como un ingrediente del juego erótico. Sin olvidar que se los puede encontrar perfumados, con sabores, con aditamentos varios.

De todas maneras sería interesante enumerar algunas precauciones:

  • cuidado con ajustarlo mucho, siempre dejar un espacio en la punta (la gran mayoría viene con un pequeño depósito)

  • en el caso de los jóvenes que nunca lo usaron en el coito se les puede pedir que lo abran y aprendan a desenrollarlo y a colocárselo cuando están solos

  • ver la fecha de vencimiento

  • al retirar el pene tomar el aro con los dedos para que no se salga y derrame el semen en la vagina

  • no usar lubricantes del tipo vaselina, lanolina o cremas humectantes que los contengan ya que abre los poros haciéndolos permeables, hay cremas que no dan este problema: tipo acuosas o siliconadas; si no se dispone de estas cremas lubricantes se puede usar el viejo recurso de la saliva: un muy buen lubricante fisiológico.

En el caso de los varones que están -como bien decía otro paciente- “peleados con el profiláctico” sintiendo sobre sí el fantasma de la impotencia con la consecuente evitación de los encuentros (esto lo marco porque hay muchos varones mayores que por el miedo a fracasar, para no pasar el papelón, van evitando a las mujeres o en todo caso hacen juegos de seducción y luego huyen ante el encuentro o la posibilidad del mismo) muchas veces ha sido de utilidad, como decía antes, una breve Terapia Sexual concomitantemente a un apoyo farmacológico: en este sentido el Viagra nos ha sido de ayuda en la apoyatura de estos varones perseguidos por tener que usarlo y poder gozar del acto sexual en un marco de seguridad, protección y confianza.

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