Los swingers (Parte V)

"Escena erótica con siete figuras" - Dalí - 1966Infidelidad, genética y realismo *

(Swinger: el que oscila, que cambia o se balancea de un lugar a otro, derivado de to swing: balancearse, oscilar)

Un estudio reciente sobre el comportamiento femenino -entre otros temas- realizado en Inglaterra por un conocido instituto científico, reveló que, en un porcentaje de mujeres, la infidelidad tendría causas genéticas, es decir, habría una predisposición natural para relacionarse con más de un hombre sexualmente. Este informe, sin duda revelador, no hace más que sumar argumentos a nuestro punto de vista sobre la tendencia natural a la diversidad sexual en los seres humanos.

Muchas veces, reflexionando sobre nuestra práctica, pensé en cómo esas mujeres que hoy son swingers y demuestran una capacidad para el sexo tan amplia pudieron, durante tanto tiempo, ser sexualmente monógamas. Sé también que la mayoría de ellas nunca volverá a ser como antes del swinger, su noción del sexo se amplió tanto que no podrán estabilizar una relación donde se imponga la exclusividad sexual, es decir, el sexo sólo con su pareja. Y si así fuera, el riesgo de infidelidad sería superior a la media social.

Este estudio mencionado habla de algo que nos obliga a ser realistas: la infidelidad, en muchos casos, no tiene que ver con desamor o desprecio a la pareja, sino que está enrolada con el deseo sexual, con la búsqueda de la variedad, algo que llevamos dentro y que forma parte de nuestra esencia humana.

La hembra de nuestra especie necesita, para garantizar la fecundación, copular una importante cantidad de veces, por lo que la búsqueda de un compañero sexual, el celo permanente, una sexualidad sin interrupciones cíclicas (típico en los animales) son características para aumentar la posibilidad de procreación. Tenemos entonces una suma de información científica que conspira con el concepto de monogamia sexual, piedra angular de la institución “matrimonio”.

El swinger muestra claramente cómo funciona una mujer liberada de la carga de la exclusividad sexual, cómo aumenta su potencial y se advierten cambios en su personalidad. Con la sola idea de que un porcentaje de mujeres son -por rasgos genéticos- proclives a alternar con más de un hombre en el mismo registro de tiempo, alcanza para dar por tierra con el concepto de fidelidad como algo natural.

¿Sería entonces la fidelidad una especie de prisión para nuestra verdadera sexualidad?

Los swingers buscamos una alternativa a la infidelidad, comprendimos que saber lo que desea nuestra pareja y vivirlo en conjunto es mejor que ocultarlo, mentir o realizar sin su saber o conocer. Muchos de nosotros ya no comprendemos el estado anterior en el que vivíamos, nos parece raro no poder disfrutar de otros cuerpos y sensaciones por el hecho de estar en pareja o casados, tan raro como ve parte de la sociedad al swinger. La razón, la verdad, está en la ciencia, no en la moral, sino en la realidad de lo que somos y no en la costumbre de actuar como nos enseñaron.

* Daniel Bracamonte
editor@entrenos.com.ar

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