Una experiencia con la damiana

"The examination of the Herald", A. Beardsley, 1896Nota del Dr. Sapetti: a partir del artículo del licenciado Litvinoff, publicado sobre la Damiana –hierba afrodisíaca-, en esta misma sección, este profesional nos hace llegar ahora un interesante testimonio de un paciente que, con exquisito sentido del erotismo –que quizás haya aportado tanto o más que la Turnera Afrodisiaca- y la creatividad, nos transmite claramente la experiencia de haberla utilizado.

“Fuimos con mi novia y compramos un frasco de Damiana TM  (Tintura Madre) que me indicó el profesional y, entre bromas y risas, nos dirigimos a mi casa. Era un día caluroso por lo cual picamos un poco de hielo y servimos la sustancia como si fuera una medida de Fernet sobre el hielo y le agregamos un poquito de azúcar para esconder el sabor un tanto amargo.... Lo bebimos lentamente... escuchando música en una atmósfera relajada y prendimos algunas velas para hacer el ambiente más agradable, más romántico.

Pronto la conversación se hizo más fácil y sentimos una hermosa sensación de bienestar y alegría que no obnubilaba para nada el resto de nuestros sentidos; la risa brotaba sin esfuerzo mientras nos desnudábamos y comenzábamos a acariciarnos con frenesí....
Las sensaciones eran claramente más nítidas, parecía como que el umbral de percepción sensorial de nuestros cuerpos se había relajado permitiendo que las sensaciones y   percepciones fuesen más completas y profundas, pero quiero destacar que nuestra mente percibía claramente el cambio, funcionaba normalmente sin ningún tipo de espejismos ni alucinación como los psicodélicos del tipo de cannabis o lisérgico...sólo las sensaciones eran un poco más vívidas, más eficaces, más perentorias...
Hicimos el amor con un sentimiento de alegría y felicidad que no me acuerdo haber vivido nunca. Ella estaba radiante: recuerdo haberla mirado largo rato mientras nos entregábamos al juego amoroso y seguí mirándola después de la penetración: su rostro resplandecía con una sonrisa de serenidad profunda y parecía gozar de una manera nueva... más intensa y sin embargo no se descontrolaba ni se agitaba, simplemente sonreía con toda su alma y disfrutaba con fruición de ese momento mágico. Había una mayor libertad para explorar zonas que nunca nos atrevimos a recorrer; sentía que ella no oponía resistencia a mis nuevas inquietudes, que se abría y se entregaba mansamente a la novedad... hasta que ella también empezó a participar creativamente de ese mundo nuevo.
Al llegar juntos al clímax vivencié una profundidad y una intensidad de la onda vibratoria que era desconocida para mí: fue algo sublime... deslumbrante.... las contracciones eran más profundas... más duraderas, en un momento creí que no terminaban nunca de estallar en mi cuerpo. Ella después me contó que había vivido algo similar.
Por último quiero agregar que pasé el resto del día con una sensación de alegría y bienestar interior que suavemente se fue instalando hasta que me fui a dormir a la noche, para levantarme al otro día fresco y relajado y con este hermoso recuerdo que espero repetir cuantas veces pueda a lo largo de mi vida.”

P. M., 53 años, Bs. As., Argentina

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