La relación entre comer mal y las enfermedades (Segunda parte)

(LA INVOLUCION ALIMENTARIA. LOS BENEFICIOS DE LOS ALIMENTOS NATURALES Y LA IMPORTANCIA DE LAS FIBRAS)
Por el Dr. Juan Emilio Vidales, médico clínico, especialista en Medicina Interna

Madame X, por Jhon Singer Sargent (1856-1925)VIVIMOS MAS AÑOS PERO ENVEJECEMOS PREMATURAMENTE

Antes de pasar a hablar de las dietas, haremos algunas reflexiones respecto de la oxidación del oxígeno en las células del organismo y su efecto con relación a los procesos de envejecimiento. En los últimos años, los avances en medicina demostraron que la utilización del vital oxígeno por parte de las células del cuerpo humano, implica en sí mismo el riesgo natural del envejecimiento. En efecto, en el metabolismo del oxígeno se generan radicales libres llamados subperóxidos, que son tóxicos para las propias células y que forman parte del proceso de involución senil. La alimentación artificial y la falta de ingesta de fibras y de ciertos compuestos elementales que contienen elementos protectores, favorecen enormemente este proceso, de por sí fisiológico.

Sin entrar en mayores detalles técnicos ó químicos, digamos que los radicales libres atacan a las células y desencadenan procesos patológicos prematuramente.

La alimentación natural previene la mala combustión del oxígeno, por así llamarla y favorece el metabolismo celular armonioso y cuidado.

Existen en la naturaleza sustancias que se denominan antioxidantes, en el propio organismo circulan y están en equilibrio dentro de las células, algunos compuestos que se han identificado con estas características. Son ejemplo de ello las vitaminas C y E, los beta carotenos y ciertos compuestos con grupos fenoles que se llaman flavonoides.
Una alimentación rica en sustancias antioxidantes, en principio, favorecería el normal metabolismo celular y prevendría el efecto tóxico de los radicales libres.
Más adelante daremos una amplia información acerca del contenido de antioxidantes en la naturaleza y la posibilidad de una ingesta cuantiosa y oportuna sin necesidad de tener que recurrir a suplementos artificiales y costosos.
Conviene aclarar aquí que la expectativa de vida al nacer se ha incrementado notablemente a través del último siglo, especialmente en los países desarrollados del mundo, pero ello no está relacionado directamente con una mejor alimentación.

Paradojalmente podríamos decir que se vive más, pero no se vive mejor.

¿POR QUÉ EXISTEN TANTAS Y DIFERENTES DIETAS?

Todos intentamos “hacer dieta” alguna vez. Así, no es difícil escuchar de un amigo con cierta cara de preocupación: “empezaré el régimen el lunes”. Los resultados generalmente son desalentadores, desde la mala elección de la dieta, pasando por las invitaciones a cenar, los almuerzos de trabajo y las eventuales hipoglucemias tras los primeros ayunos no programados, hasta la buena elección pero la imposibilidad de concretarla por razones muy variadas, como la falta de tiempo, el trabajo en horas del almuerzo, etc.
Todo ello hace que cada tanto tiempo nos veamos en la necesidad de probar con otra nueva dieta. A juzgar por lo que se ofrece en el mercado, no tendremos problema en volver a intentar cada lunes de todo el resto de nuestra vida, ya que las dietas son tantas, tan variadas y representan un formidable negocio económico, que en este preciso momento seguramente ya se están inventando muchas más.
Algunos hasta pretenden que en 48 horas nos transformemos en expertos lectores y asimiladores de equivalencias calóricas y fórmulas alimenticias. Hay tres razones para el fracaso y van juntas, primero: las tablas no son exactas porque se componen de las cantidades totales y no separan lo digerible de lo no digerible; la segunda: nadie puede estar pendiente de la alimentación al nivel de un especialista con calculadora porque seguramente nos generará estrés, angustia, resentimiento y rechazo a corto o mediano plazo; por último, nadie puede comer por mucho tiempo lo que no le gusta (léase lo que no está acostumbrado a comer desde que nació), ya que de igual forma que la segunda razón, también le generará rechazo.

La moda alimentaria constituye una industria multimillonaria y supone la forma más extendida de charlatanismo en numerosos países del mundo, incluyendo EEUU.

Por desgracia, la desinformación nutricional es frecuente y entre las causas más importantes se encuentran, afirmaciones falsas, falta de acreditación de experiencia por parte de los profesionales y educación nutricional inadecuada de los profesionales sanitarios. La Asociación Americana de Colegios Médicos afirmó que el 60% de los médicos que se gradúan no reciben una educación nutricional satisfactoria. La comunidad política no repara en leyes adecuadas para que el consumo de nutrientes sea el necesario para la población y continúa protegiendo a la industria de la “mala alimentación”. Muchas veces se hacen propagandas sobre aspectos beneficiosos de supuestos alimentos sin la debida comprobación científica, lo que constituye un engaño o fraude, que rápidamente es tomado por la población como verdad por efecto mágico de la difusión publicitaria dirigida.
Existen aspectos y grupos muy bien diferenciados sobre los cuales la industria orienta su penetración comercial; por ejemplo el envejecimiento fisiológico y los ancianos. Hacia ellos se dirigen pociones de alimentos y suplementos de vitaminas y minerales con supuestos efectos antioxidantes y bioenergizantes.
En tal sentido se pregona el consumo de 400 UI de vitamina E sintética por día, cuando en realidad se necesitan solamente 8 UI y se halla de sobra en alimentos protectores (400 UI diarias pueden resultar perjudiciales). Lo mismo ocurre con la artrosis y la artritis: se recomiendan cientos de productos con altas dosis peligrosas de vitaminas, minerales y suplementos dietéticos, cuando en realidad lo importante es bajar de peso y adecuar la alimentación hacia el aporte global de nutrientes en forma balanceada y completa.
Otro blanco son los deportistas, se recomiendan cantidades suplementarias de vitaminas, minerales y proteínas. También se suelen prescribir o favorecer la autoprescripción de anabólicos.

Todo es inútil y puede perjudicar a la persona, más aún los anabólicos que de por sí pueden provocar insuficiencia hepática, alteraciones hormonales sexuales, alteraciones psíquicas, elevación de colesterol, atrofia testicular, detención de crecimiento e hipertensión arterial.

Las vitaminas y suplementos minerales pueden usarse en cantidades controladas, pero no son necesarios si se ajusta la alimentación y las raciones diarias al tipo de deporte y entrenamiento.
Los obesos son quizá los más perjudicados por las dietas publicitadas, hacia ellos se destina una batería de fraudes nutricionales y curas milagrosas que difícilmente al hombre común le hayan pasado inadvertidas.
Desde las manipulaciones dietéticas basadas en proteínas y grasas (cetogénesis), dietas hipocalóricas extremas, electroestimuladores localizados, choques eléctricos musculares, hasta píldoras de espirulina (un alga), anfetaminas y peligrosos bloqueantes de la absorción, que aunque de acción transitoria, provocan un síndrome secundario de mala absorción.
Las enfermedades crónicas, el SIDA, el cáncer y muchas otras patologías degenerativas, también son el blanco preferido de los trabajadores de la nutrición; aquí también tenemos desde la famosa macrobiótica con todas sus deficiencias minerales y vitamínicas, hasta la megadosis de vitaminas postuladas como anticancerígenas. Aquí vale hacer una reflexión sobre el llamado laetrile o vitamina B17 o amigdalina, compuesto que se transforma en cianuro y puede intoxicar en vez de combatir el cáncer, como se cree.
Pero basados en la obesidad y el sobrepeso específicamente, las palabras dieta o régimen son vocablos que se utilizan para definir una prescripción alimentaria con un principio y un final, de allí que al comenzar a practicarla se está comenzando también a pensar en lo que se va a poder comer cuando se termine la dieta o régimen. Consciente o inconscientemente esto es así y ello se suma a las razones antes expuestas por lo que las dietas se reinician, se cambian, se modifican y se abandonan. Hay un fenómeno que tiene que ver con nuestra filogenia y que vale la pena relatarlo aquí. Existe un reflejo muy antiguo, que se cree proviene de la época de las cavernas, allá donde era fácil encontrarse con períodos de hambruna y el organismo se debía acostumbrar a guardar, así como guardan los osos cuando hibernan para poder aguantar sin comer. Cuando iniciamos una dieta generalmente perdemos muchos kilos en pocos días y luego se nos hace más difícil. Pero al abandonarla y volver al tiempo a intentarla, nuestro organismo memoriza aquel reflejo, lo interpreta como un período de hambruna y comienza a guardar y depositar grasa haciendo difícil la pérdida de peso. Esto explicaría por qué cuantas más veces reiniciamos una dieta, más difícil se nos hace bajar de peso.
Entonces: “debemos asumir que la dieta actual no es buena y que la única forma de asegurarnos el éxito es a través de un cambio radical, comprendiendo que debe ser así y que ello no admite transgresiones ya que los alimentos no nos deben gratificar sino alimentar”.

Las personas que no se convencen de ello, intentan nuevas dietas y pierden tiempo y dinero, generándose además numerosas frustraciones, tras lo cuál, probablemente vuelven a ingerir más grasas e hidratos de carbono refinados que antes de empezar la primera dieta.

También ocurre lo mismo con cualquiera de las dietas que se publican en los diarios, que se ven por televisión o que se ofertan por cualquier medio de difusión; esas que le recomiendan los amigos de los amigos de los conocidos de siempre. Claro, Ud. debe darse cuenta que en estos casos las dietas se recomiendan al inicio o recién terminadas; procure observar a ver si escucha a alguien recomendar una dieta después de dos o tres meses de haberla terminado: se asombrará al darse cuenta que ésta recomendación difícilmente aparecerá.

LA FORMA CORRECTA DE ALIMENTARSE

La única forma de alimentarse correctamente es adquiriendo el hábito que debió haberse desarrollado desde la infancia y para ello Ud. debe entender que ninguna dieta puede lograr vencer en el corto o mediano plazo a todas aquellas poderosas razones que hemos explicado y que nos llevan a fracasar. De la misma manera que hoy una persona disfruta comiéndose una milanesa a caballo o un flan con abundante dulce de leche, mañana debería gozar comiendo un tazón de fibra con yoghurt descremado frutado o una sopa de avena con fibra de salvado de trigo y verduras variadas, o ensaladas de decenas de legumbres y vegetales con diferentes combinaciones, pescados de mar con aderezos nutritivos, pasas de uva, nueces, quesos blandos, galletas de trigo o de arroz integral, aceitunas, manzanas asadas y muchas otras delicias que se irán descubriendo en el nuevo mundo de la alimentación natural. Esto no significa que una persona no puede volver a comer los manjares que tan rigurosamente las civilizaciones se encargaron de difundir; cuando el hábito sano se haya establecido en nuestras vidas y nuestro organismo comience a responder fisiológicamente a las adaptaciones de la vida cotidiana, podremos volver a comer muchos variados y deliciosos platos elaborados, pero seguramente ya no será lo mismo y hasta probablemente más placentero aún.
Pero, si no se racionaliza el cambio, no puede conseguirse; si no se ayuda no se lo obtendrá. La libertad que da moverse con 5 kilos menos es muy apreciable y las ventajas de poder comenzar a realizar una actividad física que nos gratifica son aún más importantes y a su vez multiplicadora del beneficio de la buena alimentación en sí.

Cuando pase algún tiempo se dará cuenta que los “manjares” que ayer creía ver en ciertos platos tentadores llenos de grasas, hidratos refinados y proteínas desequilibradas, hoy los apreciará en platos fuertes armónicos, adecuados, balanceados y de calidad superior.

Las metas a lograr incluyen traspasar barreras y marcas que antes no se hubieran imaginado, como por ejemplo recorrer 10 kilómetros en bicicleta, caminar o correr 4 kilómetros, no sentirse pesado después de las principales comidas, dormir sin sobresaltos, tener buen sexo, no tener dolores de cabeza, fortalecer su tono muscular, respirar aire fresco y sentir la expansión de su tórax como un símbolo de pureza, y elevar básicamente el concepto de las pequeñas y elementales cosas que hacen todos los días a la felicidad; como por ejemplo, la risa, la mirada tierna y la buena disposición.

volver