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Ludopatías Parte II

LUDOPATÍAS *
Parte II

“¿Y por qué el juego habrá de ser peor que cualquier otro medio de procurarse dinero, por ejemplo, el comercio? Una cosa es cierta: que de cada cien gana uno. Pero eso ¿a mí qué me importa?”.



“EL JUGADOR”, FEDOR DOSTOIEVSKY

Desórdenes mentales asociados al jugador patológico

La distorsión en el pensamiento de estos individuos por lo general está presente. Características como supersticiones, sensaciones de poder y control, o una infatuada confianza en su persona. Individuos sumamente competitivos, energéticos, inquietos son frecuentemente características dominantes del jugador patológico. Cuando no apuestan por lo general son adictos al trabajo quienes esperan realizar tareas realmente difíciles. Por lo general son propensos a desarrollar condiciones médicas asociadas con el estrés como: hipertensión, migraña o úlceras. Según estudios a hombres que han desarrollado el trastorno de la ludopatía indican que en su juventud temprana y en su niñez sufrieron de hiperactividad y déficit de atención. Los jugadores patológicos pueden manifestar otras enfermedades de origen psicosomático. Se asocian con problema de alcoholismo y de tabaquismo. Presentan un elevado riesgo de cometer suicidio. Otras enfermedades asociadas al trastorno son: desórdenes de ánimo, déficit de atención, abuso o dependencia de sustancias, desorden de impulso-control, personalidad antisocial y narcisismo.  

Criterios diagnósticos del juego patológico

 1. Preocupación por el juego.
 2. Necesidad de apostar incrementando la cantidad de dinero para conseguir el grado de excitación deseado.
3. Ha tenido repetidos esfuerzos tronchados por controlar, interrumpir o detener el juego.
4. Inquietud o irritabilidad cuando intenta interrumpir o detener el juego.
5. El  juego y las apuestas son utilizadas como un medio para escapar de los problemas o para aliviar la disforia (sus estados de ánimo).
 6.  Después de perder dinero apostando, sigue regresando para intentar recuperarlo y ganar.
 7. Engañan a los miembros de la familia, al terapeuta y otras personas para ocultar el grado de implicación con el juego.
8. Cometen actos ilegales como falsificación, fraude,  robo o abuso de confianza para financiar el juego.
 9. Han arriesgado o perdido relaciones interpersonales significativas, trabajo y oportunidades educativas o profesiones debido al juego.
 10. Se confía en que los demás promocionen dinero que alivien la desesperada situación financiera causada por el juego.
 El juego patológico es un  trastorno de control de impulsos. La ludopatía es una adicción llamada "no química". La adicción se define como una enfermedad en la que se necesita de algo concreto para determinar o sentirse confortable, y cuando no se puede conseguir produce malestar. Las adicciones pueden ser de 2 tipos: sustancias químicas o de comportamiento específico (como apostar o jugar).

Síntomas de Ludopatía

-Fracaso en resistir el impulso de jugar
-Sensación creciente de tensión antes de jugar
-Experiencia de placer al momento de jugar o apostar
-Frecuente y creciente preocupación por el juego y por obtener dinero para el juego
-El juego constituye una actividad frecuente
-Necesidad de incrementar el volumen de las apuestas para conseguir la satisfacción deseada. Intranquilidad o irritabilidad al no poder jugar.
 
Factores de riesgo

  1. Estudios epidemiológicos revelan que la legalización del juego es un factor de riesgo de gran importancia. La oferta social que supone la legalización, supone al menos la duplicación de la ludopatía entre adolescentes y un incremento en el número de jugadores problemáticos.
  2. La participación en juegos de azar en edades tempranas, fundamentalmente en la infancia y la adolescencia o al inicio de la edad adulta.
  3. La situación laboral precaria, el alcoholismo paterno, tener padres jugadores y la existencia de ganancias en la fase inicial del trastorno como potencial factor desencadenante, o al menos coadyuvante.

 El uso del azar en el juego es considerado una diversión cuando hay un control y un gozo en el acto en sí mientras que deja de serlo cuando implica sufrimiento y descontrol, por lo que la persona pierde su libertad de decisión.
 
El Crecimiento de la Apuesta       
Generalmente los varones comienzan a apostar a edades mucho más tempranas que la mujer. La mayoría se emocionan con el juego desde su primera apuesta. El sistema de apuestas será regular o episódico dependiendo de la persona pero termina siendo crónico. Comienza a existir con el paso del tiempo un progreso en la frecuencia de las apuestas, cuantas veces lo hace, la cantidad de dinero que apuesta, el tiempo que le dedica.
Exciten distintos tipos de jugadores: el jugador social, el jugador problema, el jugador excesivo y el jugador profesional. Las apuestas sociales que ocurren con amigos y colegas, solo dura periodos cortos de tiempo y perder es aceptable. Las apuestas profesionales son con riesgos limitados y la disciplina es central. Cuando el sujeto gana se refuerza su idea acerca de la posibilidad de seguir ganando. Cuando pierde, sobre todo las primeras apuestas, el jugador ha aprendido que a veces se pierde y tiende a pensar que se encuentra en una mala situación pero que la racha va a cambiar. En ocasiones establecen a personas a su alrededor como fuentes de mala suerte, a situaciones previas como contagio de malas vibraciones que le hacen perder concentrándose en un nivel de superstición. Por lo general los jugadores patológicos establecen evaluaciones sesgadas de los resultados. Tienden a recordar las ganancias de forma selectiva y a sobrevalorarlas mientras que infravaloran las pérdidas, las olvidan o les dan algún tipo de explicación. Cuando la persona pierde el juicio y apuesta excesivamente ocurre en ella un episodio maniaco. Su hablar se caracteriza por bromas, acusaciones o datos irrelevantes. El individuo puede actuar de manera teatral y dramática.
Aunque no se han llevado a cabo investigaciones sistemáticas para conocer los factores de riesgo en el desarrollo del juego patológico, un dato aportado de forma consistente en los estudios epidemiológicos revela que la legalización del juego es un factor de riesgo de gran importancia, hecho que ya había sido señalado hace casi dos décadas, y que ha venido comprobándose en los distintos países donde se ha ido legalizando. Si bien el juego clandestino existe en mayor o menor grado en todos los países y es fuente de jugadores patológicos, la oferta social que supone la legalización, considerada por muchos autores como una forma de incrementar las arcas del estado sin aumentar los impuestos, supone al menos la duplicación en la prevalencia de la ludopatía entre adolescentes y un incremento en el número de jugadores problemáticos. Otro factor de riesgo es la participación en juegos de azar en edades tempranas, fundamentalmente en la infancia y la adolescencia o al inicio de la edad adulta. Otros que se han señalado son la situación laboral precaria, el alcoholismo paterno, tener padres jugadores y la existencia de ganancias en la fase inicial del trastorno como potencial factor desencadenante, o al menos coadyuvante, en la aparición del trastorno en casi la mitad de los jugadores.
En la actualidad puede decirse sin ningún genero de dudas, que el juego patológico es un grave problema social que afecta a miles de personas en nuestro país –aunque no exclusivamente- y que provoca en los afectados importantes problemas personales, familiares, laborales y económicos.
En definitiva, el juego es un fenómeno esencialmente constitutivo del modo peculiar del ser humano que, contiene todos los valores de la vida humana, puesto que es una actividad libre que permite a la persona recrear, exaltar o transfigurar estética o poéticamente la realidad, así como la pasión por la vida y la belleza. Psicológicamente, el juego de azar es un reto a la suerte, mediante el cual una persona proyecta sus esperanzas de cambiar mágicamente el futuro a su favor, o al menos de experimentar el placer del triunfo contra el riesgo del fracaso a pesar del sufrimiento que conlleva la incertidumbre, traduciendo así una inconformidad con la realidad, un deseo de huida de la mediocridad o monotonía cotidiana.

* Licenciada Liliana Vazquez, psicóloga y socióloga.

www.aabra.com.ar


 

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