LUDOPATÍAS  (parte II) *

 

Resultado de imagen para jugadores de cartas de cézanne Jugadores de cartas, Paul Cézanne

“¿Y por qué el juego habrá de ser peor que cualquier otro medio de procurarse dinero, por ejemplo, el comercio? Una cosa es cierta: que de cada cien gana uno. Pero eso ¿a mí qué me importa?”.
                                                              “El jugador”, F. Dostoievsky

”Ud. dice que hay muy pocas probabilidades de que gane el LOTO, pero si Dios me ayuda yo puedo ganar más plata que la que usted podría ganar  en  su vida, aunque sea un profesional exitoso”.

         Un paciente -jugador crónico- y que no había leído a Dostoievsky

ADICCIONES COMPORTAMENTALES: DISPOSITIVOS  AMBULATORIOS

Las transformaciones que la economía argentina experimentó en los años 90 sentaron las bases para las oportunidades y desafíos que se esperan para el siglo XXI. Pocos países en el mundo realizaron un cambio estructural de la magnitud del que experimentó en tan poco tiempo. La crisis de los años 80 determinó el fin de una era en la Argentina, caracterizada por alta intervención del Estado en la economía, grandes desequilibrios macroeconómicos y un continuo deterioro económico y social.

El decenio de los años noventa muestra a la economía argentina inmersa en un proceso de profundos cambios estructurales, que suponen transformaciones no menos radicales en los patrones de comportamiento de los distintos agentes económicos. Tales mutaciones provienen, en última instancia, de modificaciones sustantivas en la propia orientación de las políticas públicas que, como tales, han contribuido a la reconfiguración de algunos de los ejes ordenadores de la economía. La remoción de una amplia gama de normas regulatorias, la liberalización comercial y financiera externa, los abarcativos acelerados procesos de privatización de empresas públicas, su funcionalidad con el Plan de Convertibilidad, conllevaron comportamientos muy disímiles de los distintos sectores de actividad y de los diversos tipos de empresas, así como la profundización del proceso de concentración y centralización del capital.

A pesar de los aspectos positivos de las reformas de los años 90, el comienzo del nuevo milenio encuentra a la Argentina en una profunda crisis económica y una renovada polémica con respecto a las políticas económicas que deberían adoptar hacia el futuro.

En base a un artículo de Hugo Nochteff, podemos dar cuenta de  como las políticas aplicadas en la Argentina en la década de los noventa condujeron a una burbuja liderada por el endeudamiento y las privatizaciones, y no al desarrollo; y recortamos una de sus consecuencias, en el campo de la salud mental: el incremento de las ludopatías

El modelo impuesto por la Argentina en la década de los noventa estuvo caracterizado por reformas estructurales y políticas económicas que modificaron el comportamiento de la élite económica, impulsando la "burbuja" hacia el estancamiento, con rasgos marcados por el endeudamiento, las privatizaciones, la desregulación y la liberalización comercial. La otra cara de la moneda, es el impacto social, dado por la pérdida de poder en la interacción con la élite económica por parte de las instituciones y demás actores sociales, condición necesaria para el desarrollo (Nochteff, 1994).

Recortando lo que nos convoca tomamos como eje la política de juego impuesta en esos años, y su Institución: La Lotería Nacional; este análisis no es una lectura acerca de las funciones del Estado, sino mas bien, una lectura de los distintos modelos de políticas públicas, que frente a su fracaso, dejan estragos mortificadores en los actores sociales.
El primer juego que se regula en nuestro país es el juego de la Lotería; fue oficializado por el Congreso de la Nación en 1893 mediante la sanción de la ley 2989, que estableció la extracción periódica de una Lotería de Beneficencia.

 A fines de 1944 el Gobierno Nacional estableció que el organismo se hiciera cargo de la administración y explotación de los casinos, salas y centros de esparcimiento de Mar del Plata, Necochea y Miramar. Luego también se haría cargo de los demás casinos del país.
Por su parte, con antecedentes en 1950 -en el año 1957- con la colaboración de la Casa de la Moneda fabricó las fichas de juego de cada casino. Con el paso del tiempo los casinos fueron volviendo a cada provincia, pero el 8 de octubre de 1999 el organismo nacional abrió las puertas de su propio establecimiento, el casino flotante “Estrella de la Fortuna” en la zona de Puerto Madero.

Por otra parte, en 1953, se determinó que la explotación de los hipódromos y las agencias hípicas estuviesen a cargo del Estado a través de Lotería Nacional. Esta medida se mantuvo hasta 1963 para, luego en 1974, volver a la situación anterior. Finalmente, en 1992, bajo la supervisión de la Lotería ya como Lotería Nacional Sociedad del Estado se concretó la concesión a manos privadas del famoso Hipódromo Argentino más conocido como Hipódromo de Palermo (“Palermo, me tenés seco y enfermo”, cantaba Carlos Gardel, mientras despilfarraba su fortuna en las patas de su caballo Lunático).

Desde junio de 1990, el organismo se convirtió en Lotería Nacional Sociedad del Estado y funcionó como una empresa con un organigrama dinámico y práctico. Este cambio tuvo su fruto en la aparición de nuevos productos que debían sumarse a los juegos tradicionales a los efectos de modernizar el marketing-las maquinitas tragamonedas por ejemplo- y la implementación de nuevas tecnologías.

A partir de octubre de 1993, se inaugura la primera sala de Bingo denominada Bingo Lavalle al que luego continuarían Bingo Belgrano, Bingo Congreso, Bingo Caballito y Bingo Flores. Finalmente cabe recordar que la aparición de nuevos productos, la captación de sus apuestas y la seguridad y rapidez en su procesamiento y pago de premios no hubiese sido posible sin la transformación operativa que se dio mediante la sistematización de sus juegos en 1994.

Estos cambios se han ido realizando, en el marco de una argentina imbuida en una crisis social intensa: estas salas de juego se convierten en la “posibilidad de salvarse”; no podemos negar que todo el proceso económico, social y político lleva impresa la Burbuja del endeudamiento: como analistas reconocemos el estatuto de la “deuda” y sus consecuencias en el sujeto.

Como dijimos, el comienzo del milenio encuentra a nuestro país en una profunda crisis social. Esta crisis se manifiesta en los actores sociales si nos limitamos a leer las estadísticas de suicidio, infartos, muertes súbitas, fenómenos de violencia, ventas de antidepresivos, hipnóticos, aumento del consumo de alcohol y otras sustancias, éxodo a otros lugares, deserción escolar, etc. Si la sensación térmica es una ecuación entre temperatura, vientos, humedad y presión atmosférica: ¿por qué no emplear combinadamente los índices anteriormente mencionados para situar los estragos en nuestra sociedad?; son algunos de los puntos a tener en cuenta al pensar en el fenómeno del incremento de las ludopatías.

El 21 de febrero del corriente año, un titular conmovía los diarios nacionales: “DRAMA: Dejan a su beba en el auto para ir al casino y muere asfixiada”.

Como analistas, tenemos la responsabilidad de preguntarnos: ¿qué pasa con los sujetos, que frente a situaciones vitales, por ejemplo, los satura una compulsión de alguna índole tal como la ludopatía?; creo que son consecuencias de un Estado ausente, cicatrices de políticas nefastas y siniestras, consecuencia de una subjetividad que se constituye en el marco de la caída del Nombre del  Padre, legislaciones que omiten al ciudadano y constituyen un nuevo agente social como el consumidor; Collette Soler nos habla de la era “contractual”; lo que implica acuerdos, nuevos contratos de regulación de goces.

No es intención  hacer un recorte político de los 90; si no más bien, sostener la pregunta para que la apuesta sea a sostener una pregunta y no a alienar al sujeto.
Sabemos que el juego de azar se conoce desde el año 2000 AC, precediendo al propio dinero; desde el punto de vista social constituye una de las manifestaciones más antiguas de la humanidad: el juego por placer, ocio u objetivos monetarios tiene miles de años de antigüedad y ha estado presente en casi todas las culturas. Babilonios, etruscos, egipcios, chinos, indios precolombinos, griegos y romanos tenían distintos juegos de azar.

No se tratará de alinearlos a una clasificación, sino más bien de empezar a preguntarse qué estatuto o qué función tendrá para ese sujeto. Se apostará a sostener una pregunta a aquello que insiste en las particularidades de ese sujeto, teniendo en cuenta la época y sus malestares; ya que la ludopatía, así como también otras adicciones comportamentales como Internet, el fonochat, etc, son los malestares de esta época.

* Licenciada Liliana Vazquez, psicóloga y socióloga
www.aabra.com.ar

 

 



 

 

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